lunes, 13 de octubre de 2014

Donovan y el fútbol sustentable

Donovan y el desarrollo futbolístico sustentable



En los últimos quince años se ha hablado infinidad sobre cómo las distancias en el fútbol se han acortado. Con el proceso de globalización que sufren las naciones en todos los ámbitos, la competitividad en términos de economía, cultura e incluso en política se han hecho notar, y el deporte no es una excepción, por lo que tanto a nivel clubes como a nivel selecciones, los equipos que juegan hoy en día a la pelota no pueden darse el lujo de salir al campo de juego pensando de antemano que la victoria está asegurada por el peso de la camiseta.



Esta semana se ha retirado de la selección nacional de los Estados Unidos Landon Donovan, jugador de Los Angeles Galaxy quien más que un referente deportivo para el combinado de su país, se convirtió a lo largo de su carrera en un cohesionador social que amalgamó a una nación futbolísticamente dispersa en torno a un deporte que hace quince años era considerado por los yanquis más como una curiosidad de los aburridos europeos antes que un espectáculo deportivo digno de observarse.



Estados Unidos, una nación con un nivel de patriot(er)ismo cuasi-enajenado, jamás vio en el fútbol varonil a un deporte lo suficientemente atractivo al cual prestar atención por sus aburridos empates y marcadores de 0-0, y las manifestaciones en sus estadios cuando jugaba su propia selección podrían resumirse en visitas domingueras de estudiantes borrachos que tenían más ganas de ir a gritar que de presenciar un espectáculo deportivo, ni siquiera por ver una victoria a su equipo, sino simplemente por el puro hecho de tener un pretexto para seguir la fiesta con cerveza y hotdog en mano. 



A raíz de la copa del mundo de 1994, Estados Unidos vio el potencial que tenía el fútbol para atraer masas en su propio territorio, por lo que se creó un proyecto a largo plazo que proponía la generación de una liga competitiva junto con un proceso de desarrollo de talentos futbolísticos basado en el apoyo a programas deportivos de fuerzas básicas de los cuales formarían parte tanto escuelas públicas como instituciones privadas y que tendrían seguimiento en las preparatorias y universidades para que la captación de talento pudiera cristalizarse en los propios equipos de fútbol de la liga, y más allá, en la selección de las barras y las estrellas, para que sus jugadores pudieran proyectarse y volverse figuras a nivel internacional.



Landon Donovan no fue solo parte de este proceso, sino que muy temprano se convirtió en la exitosa cara de dicho proyecto. Con 15 años de edad, Donovan fue reclutado en 1997 como parte de un programa de desarrollo de jugadores de fútbol para los juegos olímpicos en los Estados Unidos, convirtiéndose en un participante regular en los partidos de su selección desde los 18 años cuando debutó con el equipo mayor en el año 2000, fecha a partir de la cual Donovan empezó a revolucionar en el terreno de juego la idea del fútbol que se tenía en los Estados Unidos, ayudando a transformar un fútbol de fortaleza basado en centros a jugadores con potencia física tal cual en los inicios del fútbol inglés, a un tipo de juego rápido y dinámico, que más que fortaleza requería destreza, talento e inteligencia para distribuir la pelota a lo largo de la cancha, recorriendo el terreno en grupos y a altas velocidades para fulminar a los oponentes en contragolpes certeros y contundentes.



Donovan, junto con la sapiencia de Bruce Arena y Bob Bradley en la dirección técnica, llevaron a los Estados Unidos a convertirse en campeón de la Copa Oro, el torneo más importante a nivel selecciones en el área de Concacaf, en cuatro ocasiones (2002, 2005, 2007 y 2013), accediendo a los cuartos de final en la Copa Mundial de 2002 y terminando como Subcampeones de la Copa Confederaciones 2009, eliminando a la entonces imbatible selección española en semifinales.




En un país donde hablar de fútbol (soccer) invariablemente obligaba a voltear las miradas a una tal Mia Hamm que llevaba al equipo estadounidense a la victoria en cuanto torneo internacional se presentaba, Donovan comenzó a atraer la atención hacia el fútbol varonil de la mano de una buena calidad de juego, pero sobre todo de un buen espectáculo hacia la tribuna rodeado de éxitos deportivos indiscutibles. Sin embargo, el legado que dejó Donovan fuera del terreno de juego trascendió más allá de Estados Unidos.



Es cierto, el introducir el fútbol a una audiencia estadounidense acostumbrada a sus deportes autóctonos como el fútbol americano, el béisbol, el básquetbol y el hockey podría causar una saturación. Sin embargo, es de señalar la segmentación poblacional que cada deporte tiene, es decir, no podemos perder de vista las audiencias específicas a las que cada deporte va dirigido, las cuales están completamente estudiadas y definidas, de las cuales vale la pena hablar un poco para entender lo que ha generado Donovan y la MLS. 

Comencemos hablando un poco del fútbol americano, el cual, en los Estados Unidos, es un deporte elitista, destinado para personas con un poder adquisitivo elevado y que permea en los estratos bajos de la sociedad estadounidense en un modelo aspiracional en todos sentidos: desde un punto de vista comercial, el aficionado común aspira a tener los recursos económicos suficientes para poder adquirir un boleto o alguno de los costosos productos oficiales de su equipo de la NFL. Tener un Jersey original o un boleto de la yarda 50 es, por sí mismo, símbolo de estatus. Por otra parte, la NFL influye en un nivel profundamente cultural en muchos aspectos que no serán discutidos con detenimiento aquí, pero basta mencionar la bien conocida realidad de que los jóvenes afro-americanos humildes buscan en el desarrollo físico un escape a sus condiciones de pobreza y a un mejor futuro en pro de alcanzar el sueño del reclutamiento colegial y profesional a través del fútbol americano. Los programas de captación de talento de los equipos colegiales y de la NFL se han convertido en fábricas de ateltas cuyas prácticas son moralmente cuestionables en todos sentidos, pero que cuentan con el aval de las propias personas, quienes ven en este modelo una posibilidad de lograr el éxito personal. 


Con características similares pero con un enfoque aún más específico, el básquetbol en Estados Unidos es un deporte muy dirigido hacia afro-americanos y más específicamente, hacia el segmento de la población de bajos recursos económicos. Más allá de estereotipos, el básquetbol se asocia con música popular, con potencia física y espectacularidad. Es un show antes que un deporte. Asistir a un estadio de básquetbol es el espectáculo en sí. La música del organillero, la “cámara de los besos” en cada pausa, el enceste del millón de dólares, la mascota y las porristas bailando en cada intermedio, en fin. Es una coreografía completa, divertida y entretenida en la que de vez en cuando volteamos a ver el marcador. Parámetros similares sigue el hockey sobre hielo, aunque su audiencia se circunscribe a migrantes del norte (canadienses, rusos y escandinavos) así como personas con psicopatologías (léase latentes o manifiestas) violentas y/o agresivas. Pocos son quienes ven al Hockey por la espectacularidad del deporte en sí. 




Por otra parte, el béisbol, el deporte más arraigado en los Estados Unidos se ha vuelto indiscutiblemente un deporte ecléctico con el paso de los años. Tradicionalmente un entretenimiento para "blancos", la influencia de la masiva migración cubana y de diversos países del caribe transformó al deporte con oncenas que poco a poco fueron incluyendo figuras latinoamericanas que, más allá de su talento, atraen a una creciente audiencia latina que los estrategas de mercado han sabido entender. Japón y Corea del Sur son países donde el béisbol ha evolucionado de una forma brutal, pero a pesar de algunas excepciones, son pocos los jugadores contratados por franquicias de las Ligas Mayores. La lógica es simple. No hay mercado para vender camisetas de jugadores orientales en los Estados Unidos, mientras que, por otra parte, hay latinos con calidad regular que siguen formando parte de los equipos de la MLB por cuestiones mercadológicas. En breve, el béisbol se ha tornado en un deporte de blancos y latinos. Sin embargo, el público latinoamericano ha incrementado de la mano de los flujos migratorios de México y Centroamérica y con ello, el ofrecimiento deportivo ha tenido que evolucionar.




Es aquí donde entra La MLS, un espectáculo que se creó primordialmente para satisfacer la creciente demanda de un público que abarrotaba no sólo los partidos de la selección mexicana de fútbol cada vez que se presentaba en territorio estadounidense, sino que, cada vez más, cualquier selección centroamericana tenía ya un nicho importante de seguidores que se manifestaban en los estadios cada vez que la selección tica, la catracha, la canalera o la guatemalteca (por nombrar algunas) hacía acto de presencia tanto en partidos oficiales como amistosos. En datos duros, la temporada 2014 de la MLS arrancó con 21 jugadores centroamericanos distribuidos en 13 de los 19 equipos de la liga, siendo los únicos equipos que no tienen representantes centroamericanos las dos franquicias canadienses (Toronto y Montreal), así como el DC United, Chivas USA (el cual cortó a dos jugadores salvadoreños al inicio de la temporada), Kansas City y Filadelfia.


 

Más aún, Centroamérica ya no sólo exporta jugadores a los Estados Unidos o a México, sino que el mercado se ha abierto a un grado tal que cada día más futbolistas hondureños y costarricenses emigran al fútbol europeo. Y no es coincidencia. Al final de cuentas, el desarrollo del fútbol de la región mucho le debió al crecimiento de los Estados Unidos como potencia futbolística y a la visión de mercado que tuvieron en el norte para desarrollar y dar oportunidad a jugadores de Centroamérica para que participaran a un alto nivel de competencia, ya sea por calidad deportiva o por estrategia comercial, pero al final se generó una espiral ascendente que ha desencadenado un incremento real en el nivel futbolístico de la Concacaf que se cristalizó con la clasificación de tres de sus cuatro representantes a la segunda ronda de Brasil 2014 dejando fuera a selecciones de la talla de Italia, Inglaterra o Portugal, así como la (no tan) sorpresiva llegada a cuartos de final de la selección tica y su brillante desempeño ante Holanda con un cuadro que, si bien limitado, funcionó y cumplió más allá de las expectativas. 

Landon Donovan nunca ocultó su enemistad contra la selección mexicana de fútbol. Su ferviente deseo de ganarle a México es comprensible una vez que durante su infancia vio a su nación ser derrotada una y otra vez en el deporte que le apasionaba de manera humillante ante el combinado azteca. No es un odio xenofóbico como muchos lo han querido hacer ver. Donovan siempre buscó derrotar al máximo rival que se le presentaba en el área y arropado con un proyecto serio, entrenadores talentosos y compañeros comprometidos, vio su sueño hacerse realidad. Donovan derrumbó a México de la cima de Concacaf durante toda su carrera, pero no de manera individual. Su ambición de triunfo basada en trabajo logró permear en los demás equipos del área, demostrando que a México se le podía derrotar en fútbol en torneos continentales y mundiales, no con un grito desesperado de “sí se puede” hacia el futuro y cómo última esperanza, sino mirando a sus espaldas, viendo a México humillado sobre el terreno de juego de Jeonju y diciéndole a los demás centroamericanos: ¿Ya ven que sí se puede?



Landon Donovan enseñó a los centroamericanos a perder el miedo ante el gigante. Más que David venciendo a Goliat, la sabia tortuga le ganó la carrera a la pretenciosa liebre, quien desde entonces no ha sabido retomar ni el paso, ni el camino y navega sin rumbo en un mar de confusión en que la plata se ha sobrepuesto a la calidad deportiva, mientras que los rivales del área han trabajado en lograr que ese “sí se puede” tan odioso se convierta en un acto consumado con dedicación y esfuerzo antes que quedarse en un verbo anhelante hacia el vacío. Así pues, Donovan y el programa de desarrollo futbolístico de los Estados Unidos el cual encabezó a nivel cancha durante catorce años ha demostrado que un círculo virtuoso puede crearse en donde los intereses deportivos y económicos sean capaces de convivir y generar no sólo ridículas ganancias empresariales, sino desarrollo social para ciertos sectores poblacionales que, otrora desatendidos, hoy en día gozan de mejoras económicas, culturales y hasta de esparcimiento. 

Migrantes centroamericanos y mexicanos que sienten y viven el fútbol, están contentos con sus equipos locales conformados por rubios de ojos azules, afroamericanos poderosos, latinos habilidosos y una legión de espectaculares europeos que a últimas fechas han venido a amenizar aún más el espectáculo futbolístico que les brinda la MLS. Que México siga ganado la Concachamipons para enviar equipos medianos a hacer el ridículo al mundial de clubes. Lo que se está generando en Estados Unidos y Centroamérica va más allá, con raíces más profundas que a la larga están demostrando más beneficios sociales de los que ofrecen clubes “Grandes” en México como América, Cruz Azul o Pumas. Chivas, se cuece aparte y de ello tratará la próxima entrada de este blog.



Por lo mientras, finalizar diciendo que hoy México pierde a un digno rival, uno que llevó a la selección nacional a jugar al extremo en la más reciente final de la Copa Oro, generando un partido espectacular en donde el Tri obtuvo un triunfo que se recuerda tanto por la calidad de las anotaciones como por lo sufrido que fue el encuentro y la dignidad que presentó el rival. En la era Donovan, vencer a los Estados Unidos a nivel selección y clubes recobró un sentido más profundo que el meterle de cuatro para arriba a Alexi Lalas, Toni Meola y compañía. Hoy ya no se ve a Estados Unidos en fútbol pensando en troncos rockeros y barbudos, sino que hoy en día, al ver la bandera de las barras y las estrellas enfrente, deben plantearse los partidos contra un fútbol dinámico, que trabaja en bloques, con velocidad por las bandas, bien organizado en defensa y listo para el contragolpe. Cuatro goles de diferencia serían una proeza. Ganar por una anotación basta. 



Donovan y el legado futbolístico que deja son la antítesis de la selección de Lalas. Estados Unidos en fútbol ha evolucionado de la mano de una revolución deportiva, económica y cultural que se ha dado como consecuencia de la diversificación social en múltiples sectores del país, a la cual se ha sabido atender con una pronta y eficiente respuesta generada por motivos económicos, pero que ha llegado a permear en niveles más profundos de la sociedad. A pesar de las carencias y el maltrato a los migrantes en la Unión Americana, a nivel espectáculo, la MLS les ha otorgado la posibilidad de conservar parte de su identidad mediante la glocalización de algo tan primario como el fútbol. Aún mucho hay que trabajar en pro de la integración social en los Estados Unidos. Sin embargo, con sus bemoles, la MLS se ha convertido en parte del reconocimiento que da el país a sus minorías. ¿Maquiavélico por buscar cubrir intereses neoliberales? Quizá. La realidad es que la MLS con sus jugadores centroamericanos y mexicanos está ahí. Gol del Cubo Torres ante Panamá. Con certeza, el gol se festejó más en California que en Querétaro. Think about it.