jueves, 11 de diciembre de 2014

Deconstruyendo el "Please Malala"

"Por favor Malala, no te olvides de México"

Durante la ceremonia de entrega del Premio Nobel de la Paz a Malala Yousafzai y Kailash Satyarthi, trascendió la manifestación espontánea del estudiante mexicano Adán Cortés, quien se acercó a la galardonada portando una bandera mexicana con manchas de sangre para pedirle que no se olvidara de México. Este acto se ha catalogado como una más de las manifestaciones que a nivel global se han realizado para pedir justicia por los 43 estudiantes desaparecidos en Ayotzinapa, Guerrero a finales del mes de septiembre de 2014. Sin embargo, la reflexión simbólica sobre este hecho debe ser más profunda. 

No, Adán no pedía ayuda por los normalistas desaparecidos, tal y como los medios en México lo han querido enmarcar tanto en prensa como en medios electrónicos. En México, el tema de Ayotzinapa desencadenó una serie de protestas en pro de la justicia social que han dejado a los 43 desaparecidos como un símbolo de la lucha, más no como un fin. Sin embargo, los medios intentan centrar cualquier manifestación en el reclamo de Ayotzinapa para generar la idea de que las problemáticas del país no van más allá de los 43 desaparecidos y un alcalde corrupto, cuando la realidad es que el tema ha sido superado, aunque no en la forma ni en el contexto que Peña Nieto pretendía expresar. 

Parafraseando la idea, Ayotzinapa ha sido rebasada, ya que el pueblo ha entendido que las injusticias y el resquebrajamiento político y social son más extensos y más profundos que Ayotzinapa y por ello sigue la protesta. Hace 200 años, Hidalgo sólo quería mejores condiciones económicas para los criollos y la lucha terminó en una independencia nacional. En el arroyo más pequeño puede comenzar el cauce de un inmenso río. A final de cuentas, los seres humanos somos entes simbólicos para quienes las formas pueden influir más que un trasfondo racional. Las manifestaciones no serían tan extensas y significativas si no existiera una casa blanca, un procurador cansado, un ejército de bots, militares infiltrados como anarquistas, una televisora soberbia y una familia presidencial con excesos, prepotencia, cinismo e ignorancia. 

Retomando el caso particular de Adán, se minimiza su actuación, clasificándolo como un adolescente desubicado e inculto que sólo quería ganar fama para poder quedarse como refugiado en tierras nórdicas. Incluso se utiliza su afiliación a la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM para denigrar subrepticiamente tanto su imagen como su causa, para presentarlo como un "rojillo jodido, seguramente pejezombie" al que no le importa dejar en ridículo a su país en la escena internacional. Sin embargo, las formas cuentan para entender el mensaje, y cuentan mucho. 

Lo que Adán y todo México pide al mundo mediante diversas manifestaciones tanto en línea como en las calles es que se voltee a ver hacia las atrocidades que se cometen cotidianamente en México, hacia las injusticias sociales desde instancias gubernamentales que tienen a más de la mitad de la población en la extrema pobreza, hacia la discriminación y hacia la franja de desigualdad que existe en el país, y como punta de lanza, que se ponga atención especial a la violencia por parte tanto de los criminales como del Estado, la cual ha dejado decenas de miles de muertos en el país durante los recientes 8 años. 

La finalidad de una manifestación es que se tomen acciones para mejorar una situación, y ya que en México nos topamos con muros de zozobra ante los reclamos más justos, es imperativo recurrir a instancias postmodernas acordes con la dinámica de un mundo globalizado. Se hacen manifestaciones fuera del país porque en México esta libertad ya no existe, ni virtual (gracias a los cambios en la ley de telecomunicaciones que permite al gobierno espiar en las comunicaciones digitales) ni en las calles (en menos de una semana, con la mayor eficacia por parte de los legisladores se aprobaron reformas a la ley que penalizan las protestas sociales). 

Por ello se pide a los oganismos internacionales que presten atención a la masacre y a las vejaciones que sufre el pueblo mexicano en términos de derechos humanos y que actúen tanto con presión internacional con sanciones hacia el gobierno de Enrique Peña Nieto como con recursos logísticos como no lo hicieron en Rwanda, como no lo hicieron en Somalia, en Burma, como no lo hacen en Siria y que en contraposición, sólo alzan la voz cuando existe un interés económico y geoestratégico tácito, como en el caso de Ucrania. 

El abrumador silencio del gobierno norteamericano ante la crisis social de nuestro país sólo se entiende gracias a los acuerdos transnacionales alcanzados entre influyentes empresas norteamericanas y el gobierno mexicano para licitaciones en materia de hidrocarburos, por nombrar un ejemplo. Una palabra de Obama y Peña Nieto podría quitarles el regalo prometido, lo que desencadenaría serios problemas en la relación bilateral. Para la lógica del mercado neoliberal, una paz forzada parece mejor que una enemistad abierta, aún a costa del sufrimiento del pueblo. 

Sin embargo, el mundo no se centra en los Estados Unidos. ¿Cuántas muertes más se necesitan para que la ONU, Human Rights Watch, UNICEF y otras asociaciones entiendan la gravedad de la crisis humanitaria que se vive en el país? Los 43 de #Ayotzinapa, el #YaMeCanse y el #RenunciaEPN son un símbolo del hartazgo de los mexicanos, un hasta aquí al mal gobierno, a la corrupción, a la prepotencia, al autoritarismo, a la soberbia, a la injusticia social. 

Por eso lo que hizo Adán tiene mérito, porque es un grito desesperado ante una situación desesperada. Hace 200 años, la encomienda de ese grito desesperado ante un mal gobierno era salir a matar gachupines. Hoy, más civilizados, más globalizados, las formas de protesta son otras, aunque el sentimiento sea similar. 

El ciudadano que llegó al extremo de realizar esta desesperada manifestación pública no fue un palestino, no fue un sirio, no fue un afgano, no fue un egipcio, no fue un ucraniano, no fue un turco... "Por favor #Malala, no te olvides de México"... Porque hoy eres embajadora mundial de la paz y de los derechos humanos. Algo que en México, hace mucha falta.

lunes, 13 de octubre de 2014

Donovan y el fútbol sustentable

Donovan y el desarrollo futbolístico sustentable



En los últimos quince años se ha hablado infinidad sobre cómo las distancias en el fútbol se han acortado. Con el proceso de globalización que sufren las naciones en todos los ámbitos, la competitividad en términos de economía, cultura e incluso en política se han hecho notar, y el deporte no es una excepción, por lo que tanto a nivel clubes como a nivel selecciones, los equipos que juegan hoy en día a la pelota no pueden darse el lujo de salir al campo de juego pensando de antemano que la victoria está asegurada por el peso de la camiseta.



Esta semana se ha retirado de la selección nacional de los Estados Unidos Landon Donovan, jugador de Los Angeles Galaxy quien más que un referente deportivo para el combinado de su país, se convirtió a lo largo de su carrera en un cohesionador social que amalgamó a una nación futbolísticamente dispersa en torno a un deporte que hace quince años era considerado por los yanquis más como una curiosidad de los aburridos europeos antes que un espectáculo deportivo digno de observarse.



Estados Unidos, una nación con un nivel de patriot(er)ismo cuasi-enajenado, jamás vio en el fútbol varonil a un deporte lo suficientemente atractivo al cual prestar atención por sus aburridos empates y marcadores de 0-0, y las manifestaciones en sus estadios cuando jugaba su propia selección podrían resumirse en visitas domingueras de estudiantes borrachos que tenían más ganas de ir a gritar que de presenciar un espectáculo deportivo, ni siquiera por ver una victoria a su equipo, sino simplemente por el puro hecho de tener un pretexto para seguir la fiesta con cerveza y hotdog en mano. 



A raíz de la copa del mundo de 1994, Estados Unidos vio el potencial que tenía el fútbol para atraer masas en su propio territorio, por lo que se creó un proyecto a largo plazo que proponía la generación de una liga competitiva junto con un proceso de desarrollo de talentos futbolísticos basado en el apoyo a programas deportivos de fuerzas básicas de los cuales formarían parte tanto escuelas públicas como instituciones privadas y que tendrían seguimiento en las preparatorias y universidades para que la captación de talento pudiera cristalizarse en los propios equipos de fútbol de la liga, y más allá, en la selección de las barras y las estrellas, para que sus jugadores pudieran proyectarse y volverse figuras a nivel internacional.



Landon Donovan no fue solo parte de este proceso, sino que muy temprano se convirtió en la exitosa cara de dicho proyecto. Con 15 años de edad, Donovan fue reclutado en 1997 como parte de un programa de desarrollo de jugadores de fútbol para los juegos olímpicos en los Estados Unidos, convirtiéndose en un participante regular en los partidos de su selección desde los 18 años cuando debutó con el equipo mayor en el año 2000, fecha a partir de la cual Donovan empezó a revolucionar en el terreno de juego la idea del fútbol que se tenía en los Estados Unidos, ayudando a transformar un fútbol de fortaleza basado en centros a jugadores con potencia física tal cual en los inicios del fútbol inglés, a un tipo de juego rápido y dinámico, que más que fortaleza requería destreza, talento e inteligencia para distribuir la pelota a lo largo de la cancha, recorriendo el terreno en grupos y a altas velocidades para fulminar a los oponentes en contragolpes certeros y contundentes.



Donovan, junto con la sapiencia de Bruce Arena y Bob Bradley en la dirección técnica, llevaron a los Estados Unidos a convertirse en campeón de la Copa Oro, el torneo más importante a nivel selecciones en el área de Concacaf, en cuatro ocasiones (2002, 2005, 2007 y 2013), accediendo a los cuartos de final en la Copa Mundial de 2002 y terminando como Subcampeones de la Copa Confederaciones 2009, eliminando a la entonces imbatible selección española en semifinales.




En un país donde hablar de fútbol (soccer) invariablemente obligaba a voltear las miradas a una tal Mia Hamm que llevaba al equipo estadounidense a la victoria en cuanto torneo internacional se presentaba, Donovan comenzó a atraer la atención hacia el fútbol varonil de la mano de una buena calidad de juego, pero sobre todo de un buen espectáculo hacia la tribuna rodeado de éxitos deportivos indiscutibles. Sin embargo, el legado que dejó Donovan fuera del terreno de juego trascendió más allá de Estados Unidos.



Es cierto, el introducir el fútbol a una audiencia estadounidense acostumbrada a sus deportes autóctonos como el fútbol americano, el béisbol, el básquetbol y el hockey podría causar una saturación. Sin embargo, es de señalar la segmentación poblacional que cada deporte tiene, es decir, no podemos perder de vista las audiencias específicas a las que cada deporte va dirigido, las cuales están completamente estudiadas y definidas, de las cuales vale la pena hablar un poco para entender lo que ha generado Donovan y la MLS. 

Comencemos hablando un poco del fútbol americano, el cual, en los Estados Unidos, es un deporte elitista, destinado para personas con un poder adquisitivo elevado y que permea en los estratos bajos de la sociedad estadounidense en un modelo aspiracional en todos sentidos: desde un punto de vista comercial, el aficionado común aspira a tener los recursos económicos suficientes para poder adquirir un boleto o alguno de los costosos productos oficiales de su equipo de la NFL. Tener un Jersey original o un boleto de la yarda 50 es, por sí mismo, símbolo de estatus. Por otra parte, la NFL influye en un nivel profundamente cultural en muchos aspectos que no serán discutidos con detenimiento aquí, pero basta mencionar la bien conocida realidad de que los jóvenes afro-americanos humildes buscan en el desarrollo físico un escape a sus condiciones de pobreza y a un mejor futuro en pro de alcanzar el sueño del reclutamiento colegial y profesional a través del fútbol americano. Los programas de captación de talento de los equipos colegiales y de la NFL se han convertido en fábricas de ateltas cuyas prácticas son moralmente cuestionables en todos sentidos, pero que cuentan con el aval de las propias personas, quienes ven en este modelo una posibilidad de lograr el éxito personal. 


Con características similares pero con un enfoque aún más específico, el básquetbol en Estados Unidos es un deporte muy dirigido hacia afro-americanos y más específicamente, hacia el segmento de la población de bajos recursos económicos. Más allá de estereotipos, el básquetbol se asocia con música popular, con potencia física y espectacularidad. Es un show antes que un deporte. Asistir a un estadio de básquetbol es el espectáculo en sí. La música del organillero, la “cámara de los besos” en cada pausa, el enceste del millón de dólares, la mascota y las porristas bailando en cada intermedio, en fin. Es una coreografía completa, divertida y entretenida en la que de vez en cuando volteamos a ver el marcador. Parámetros similares sigue el hockey sobre hielo, aunque su audiencia se circunscribe a migrantes del norte (canadienses, rusos y escandinavos) así como personas con psicopatologías (léase latentes o manifiestas) violentas y/o agresivas. Pocos son quienes ven al Hockey por la espectacularidad del deporte en sí. 




Por otra parte, el béisbol, el deporte más arraigado en los Estados Unidos se ha vuelto indiscutiblemente un deporte ecléctico con el paso de los años. Tradicionalmente un entretenimiento para "blancos", la influencia de la masiva migración cubana y de diversos países del caribe transformó al deporte con oncenas que poco a poco fueron incluyendo figuras latinoamericanas que, más allá de su talento, atraen a una creciente audiencia latina que los estrategas de mercado han sabido entender. Japón y Corea del Sur son países donde el béisbol ha evolucionado de una forma brutal, pero a pesar de algunas excepciones, son pocos los jugadores contratados por franquicias de las Ligas Mayores. La lógica es simple. No hay mercado para vender camisetas de jugadores orientales en los Estados Unidos, mientras que, por otra parte, hay latinos con calidad regular que siguen formando parte de los equipos de la MLB por cuestiones mercadológicas. En breve, el béisbol se ha tornado en un deporte de blancos y latinos. Sin embargo, el público latinoamericano ha incrementado de la mano de los flujos migratorios de México y Centroamérica y con ello, el ofrecimiento deportivo ha tenido que evolucionar.




Es aquí donde entra La MLS, un espectáculo que se creó primordialmente para satisfacer la creciente demanda de un público que abarrotaba no sólo los partidos de la selección mexicana de fútbol cada vez que se presentaba en territorio estadounidense, sino que, cada vez más, cualquier selección centroamericana tenía ya un nicho importante de seguidores que se manifestaban en los estadios cada vez que la selección tica, la catracha, la canalera o la guatemalteca (por nombrar algunas) hacía acto de presencia tanto en partidos oficiales como amistosos. En datos duros, la temporada 2014 de la MLS arrancó con 21 jugadores centroamericanos distribuidos en 13 de los 19 equipos de la liga, siendo los únicos equipos que no tienen representantes centroamericanos las dos franquicias canadienses (Toronto y Montreal), así como el DC United, Chivas USA (el cual cortó a dos jugadores salvadoreños al inicio de la temporada), Kansas City y Filadelfia.


 

Más aún, Centroamérica ya no sólo exporta jugadores a los Estados Unidos o a México, sino que el mercado se ha abierto a un grado tal que cada día más futbolistas hondureños y costarricenses emigran al fútbol europeo. Y no es coincidencia. Al final de cuentas, el desarrollo del fútbol de la región mucho le debió al crecimiento de los Estados Unidos como potencia futbolística y a la visión de mercado que tuvieron en el norte para desarrollar y dar oportunidad a jugadores de Centroamérica para que participaran a un alto nivel de competencia, ya sea por calidad deportiva o por estrategia comercial, pero al final se generó una espiral ascendente que ha desencadenado un incremento real en el nivel futbolístico de la Concacaf que se cristalizó con la clasificación de tres de sus cuatro representantes a la segunda ronda de Brasil 2014 dejando fuera a selecciones de la talla de Italia, Inglaterra o Portugal, así como la (no tan) sorpresiva llegada a cuartos de final de la selección tica y su brillante desempeño ante Holanda con un cuadro que, si bien limitado, funcionó y cumplió más allá de las expectativas. 

Landon Donovan nunca ocultó su enemistad contra la selección mexicana de fútbol. Su ferviente deseo de ganarle a México es comprensible una vez que durante su infancia vio a su nación ser derrotada una y otra vez en el deporte que le apasionaba de manera humillante ante el combinado azteca. No es un odio xenofóbico como muchos lo han querido hacer ver. Donovan siempre buscó derrotar al máximo rival que se le presentaba en el área y arropado con un proyecto serio, entrenadores talentosos y compañeros comprometidos, vio su sueño hacerse realidad. Donovan derrumbó a México de la cima de Concacaf durante toda su carrera, pero no de manera individual. Su ambición de triunfo basada en trabajo logró permear en los demás equipos del área, demostrando que a México se le podía derrotar en fútbol en torneos continentales y mundiales, no con un grito desesperado de “sí se puede” hacia el futuro y cómo última esperanza, sino mirando a sus espaldas, viendo a México humillado sobre el terreno de juego de Jeonju y diciéndole a los demás centroamericanos: ¿Ya ven que sí se puede?



Landon Donovan enseñó a los centroamericanos a perder el miedo ante el gigante. Más que David venciendo a Goliat, la sabia tortuga le ganó la carrera a la pretenciosa liebre, quien desde entonces no ha sabido retomar ni el paso, ni el camino y navega sin rumbo en un mar de confusión en que la plata se ha sobrepuesto a la calidad deportiva, mientras que los rivales del área han trabajado en lograr que ese “sí se puede” tan odioso se convierta en un acto consumado con dedicación y esfuerzo antes que quedarse en un verbo anhelante hacia el vacío. Así pues, Donovan y el programa de desarrollo futbolístico de los Estados Unidos el cual encabezó a nivel cancha durante catorce años ha demostrado que un círculo virtuoso puede crearse en donde los intereses deportivos y económicos sean capaces de convivir y generar no sólo ridículas ganancias empresariales, sino desarrollo social para ciertos sectores poblacionales que, otrora desatendidos, hoy en día gozan de mejoras económicas, culturales y hasta de esparcimiento. 

Migrantes centroamericanos y mexicanos que sienten y viven el fútbol, están contentos con sus equipos locales conformados por rubios de ojos azules, afroamericanos poderosos, latinos habilidosos y una legión de espectaculares europeos que a últimas fechas han venido a amenizar aún más el espectáculo futbolístico que les brinda la MLS. Que México siga ganado la Concachamipons para enviar equipos medianos a hacer el ridículo al mundial de clubes. Lo que se está generando en Estados Unidos y Centroamérica va más allá, con raíces más profundas que a la larga están demostrando más beneficios sociales de los que ofrecen clubes “Grandes” en México como América, Cruz Azul o Pumas. Chivas, se cuece aparte y de ello tratará la próxima entrada de este blog.



Por lo mientras, finalizar diciendo que hoy México pierde a un digno rival, uno que llevó a la selección nacional a jugar al extremo en la más reciente final de la Copa Oro, generando un partido espectacular en donde el Tri obtuvo un triunfo que se recuerda tanto por la calidad de las anotaciones como por lo sufrido que fue el encuentro y la dignidad que presentó el rival. En la era Donovan, vencer a los Estados Unidos a nivel selección y clubes recobró un sentido más profundo que el meterle de cuatro para arriba a Alexi Lalas, Toni Meola y compañía. Hoy ya no se ve a Estados Unidos en fútbol pensando en troncos rockeros y barbudos, sino que hoy en día, al ver la bandera de las barras y las estrellas enfrente, deben plantearse los partidos contra un fútbol dinámico, que trabaja en bloques, con velocidad por las bandas, bien organizado en defensa y listo para el contragolpe. Cuatro goles de diferencia serían una proeza. Ganar por una anotación basta. 



Donovan y el legado futbolístico que deja son la antítesis de la selección de Lalas. Estados Unidos en fútbol ha evolucionado de la mano de una revolución deportiva, económica y cultural que se ha dado como consecuencia de la diversificación social en múltiples sectores del país, a la cual se ha sabido atender con una pronta y eficiente respuesta generada por motivos económicos, pero que ha llegado a permear en niveles más profundos de la sociedad. A pesar de las carencias y el maltrato a los migrantes en la Unión Americana, a nivel espectáculo, la MLS les ha otorgado la posibilidad de conservar parte de su identidad mediante la glocalización de algo tan primario como el fútbol. Aún mucho hay que trabajar en pro de la integración social en los Estados Unidos. Sin embargo, con sus bemoles, la MLS se ha convertido en parte del reconocimiento que da el país a sus minorías. ¿Maquiavélico por buscar cubrir intereses neoliberales? Quizá. La realidad es que la MLS con sus jugadores centroamericanos y mexicanos está ahí. Gol del Cubo Torres ante Panamá. Con certeza, el gol se festejó más en California que en Querétaro. Think about it.

sábado, 16 de agosto de 2014

La McDonaldización de Pumas o el Aburguesamiento del Proletariado

La McDonaldización de Pumas o el Aburguesamiento del Proletariado


Los Pumas de la UNAM han sido tradicionalmente un  equipo carismático. Por una parte, es una escuadra exitosa y popular que, a diferencia de instituciones como Chivas o América, Tigres o Rayados, no solía generar demasiada polémica debido a su perfil bajo pero agradable. Ser de los Pumas era portar una camisa y una bandera con orgullo y alegría, porque al final del día, ganar no era una obsesión, sino el resultado de un fútbol innovador, juvenil, digno y hasta divertido. La famosa “cantera” universitaria dotaba a los Pumas no sólo con buenos jugadores, sino con atletas atrevidos y aventureros, con una mentalidad diferente que los llevó a ser los pioneros de la emigración futbolística hacia tierras europeas (Hugo Sánchez, Luis García, Luis Flores, todos Pumas “de nacimiento”)

En lo relativo a los aficionados, ser de Pumas significaba algo más que “ser del pueblo”. Ya los Atlantistas se autoproclamaban como el equipo del pueblo en la capital desde hace un siglo, mientras que las Chivas eran los poderosos humildes a nivel nacional en contraposición ante los “riquillos” del América; sin embargo, Pumas representaba valores más profundos, ya que el dar la cara por una institución financiada por el estado con los recursos del erario público no era cualquier cosa. Además, al estar ligados a la Universidad Nacional, la percepción era distinta, ya que no sólo se daba la cara por el Estado, sino por los jóvenes, por el futuro del país, por la potencial clase trabajadora que movía a la economía del México antes de que las escuelas privadas tomaran parte del neoliberalismo académico al que nos enfrentamos hoy en día.

Desde el 68, los Universitarios se catalogaron como guerreros, como mártires y como líderes a la vanguardia de la lucha de clases. Y ser de Pumas, en muchos aspectos, representaba eso. Así como no cualquiera entraba a un plantel de la UNAM para estudiar, no cualquiera podía jugar en Pumas. Y así como el que entraba a la Universidad respondía a las expectativas y se convertía en un potencial baluarte para el desarrollo político, económico, cultural y social del país, cualquier jugador de Pumas era el fruto de un proceso en el que sólo los verdaderos dotados de fuerza, técnica, habilidad y entrega podían portar la playera auriazul para salir a morirse dentro del terreno de juego en busca de un bien común. Los más altos, los más rápidos, los más fuertes. Los mejores.

Ya en temas futbolísticos, sin ir tan lejos y apelando a las más recientes generaciones exitosas de Pumas, no podemos olvidar que aquella selección de 1993-1994 que tan buenos resultados y satisfacciones dio al fútbol mexicano contaba, al menos, con 6 elementos fijos de extracción Puma, 5 de ellos titulares indiscutibles del equipo que jugó el campeonato mundial de 1994 y con un suplente ya en sus últimos años pero que era el mejor jugador en la historia del país, quien a pesar de no brillar con selecciones nacionales, se convirtió en un histórico del equipo más ganador de la liga española (franquismo aparte).  Jorge Campos, Claudio Suárez, “Capi” Ramírez Perales, García Aspe, Luis García y Hugo Sánchez, sumados a las ocasionales apariciones de David Patiño, Miguel España y Luis Flores. Al menos cinco históricos del fútbol mexicano (sin hacer menos al “Capi”, España, Flores y Patiño) que eran de extracción Puma. Al reflexionar sobre los Pumas del pasado mundial 2014, no nos queda sino imaginarnos cuán sólo debió sentirse Héctor Moreno en un equipo repleto de desconocidos apenas el mes pasado. 


Sin embargo, para empezar el análisis de la actualidad de Pumas, es imperativo ir un poco más allá de lo futbolístico: ¿Qué representa hoy el “ser de Pumas”? Desde hace años se nos vendía la idea de que ser aficionado de los Pumas era lo mismo que ser un porro de la UNAM. Ser de la Ultra, de la Rebel o de la Orgullo Azul y Oro era popularmente asociado con una patología agresiva. Los revoltosos, los salvajitos, los violentos que no deberían permitirse en ningún estadio y a los que la policía debería cercar en cada juego para evitar desmanes. Así se veía y así se ve aún en muchos niveles a la afición de Pumas, en especial cuando se presentan altercados en partidos donde la “rivalidad” “deportiva” (comillas separadas, porque ni son rivalidades ni son deportivas) se manifiesta en actos de violencia social. Sin embargo, la realidad de la afición de Pumas en general ha cambiado en los últimos tiempos de la mano de un giro en la oferta institucional y económica en relación con los valores que hoy en día representa el equipo, así como en notorios manejos administrativos que intentan posicionar a la empresa (sí, empresa) en sectores económicos específicos. 


¿Quién asiste hoy en día al Estadio Olímpico Universitario a ver un juego de los Pumas? A raíz del bicampeonato Puma que desató una euforia en la capital hace alrededor de 10 años, las autoridades empezaron a ver un mercado cambiante y entendieron la lógica que imperó a raíz de convertir a un equipo mediano en la sensación del torneo, tanto en un nivel futbolístico como cultural. Un boleto para ingresar a la final del campeonato contra las Chivas del Guadalajara no costó más de 150 pesos en aquél caos generado en las taquillas de la cantera apenas días antes del partido. Para ser una final, los boletos fueron accesibles y a un precio popular, lo que generó que el estadio se abarrotara y que se generara una atmósfera de comunión entre aficionados, equipo y autoridades. Al final, se dio prioridad a los estudiantes con credencial de la UNAM para que adquirieran los boletos. El tortuoso camino que recorrieron todos los involucrados generó una identificación tal que un simple equipo de fútbol se convirtió en leyenda y hasta la fecha se cantan las victorias de aquella tropa encabezada por Bernal, Verón, Israel Castro, Kikín Fonseca, Leandro, Jaime Lozano y hasta Íñiguez y Botero.

Además de los éxitos deportivos, culturalmente Pumas logró refrescar su imagen al retomar la bandera de la rebeldía de la mano de circunstancias como la tan afamada respuesta de Ailton a Jorge Vergara mostrando la leyenda “Gatito ni madres” tras anotar un gol en un partido ante Chivas que el dueño del Guadalajara hubiera calentado durante la semana con uno de sus exóticos desplegados, generando así una rivalidad comercialmente benéfica para ambas escuadras, ya que si bien anteriormente el Pumas-Chivas era un partido entre equipos populares, a raíz de ese 2003 el partido se convirtió en una rivalidad deportiva que a muchos se les ha vendido con tintes de clásico. 



Alrededor de 10 años han pasado de ese cambio, por lo que hoy en día, viendo la realidad Trejista de la que se intenta deslindar Pumas en estos momentos, vale la pena preguntarnos, ¿qué cambió de aquellas épocas a lo que se vive actualmente dentro y fuera de la institución?

De entrada, está el tema de los dirigentes: Hoy en día, Pumas no es cantera, Pumas no produce jugadores. Importa “talento” para que el primer equipo pueda ofrecer pan y circo sin calidad, porque la cantera está llena de juniors apadrinados por personas con cierto nivel de influencia dentro de la institución, desde trabajadores del sindicato hasta las altas esferas gerenciales, más no de verdadero talento proveniente del pueblo. Se perdió el trabajo en fuerzas básicas que tan bien se hizo durante décadas por priorizar la burocratización "a la mexicana" de una organización hasta hace unos años más limpia y productiva. El corazón del talento Puma fue corroído por el compadrazgo, el amiguismo y las cadenas de favores que desembocaron en una falta de compromiso de los jugadores, quienes, sin hambre, abandonaron muy pronto la disciplina y los deseos de sobresalir para convertirse en el futuro del fútbol mexicano. Pero más de ser culpa de los jugadores, el problema es de los dirigentes, quienes permitieron este tipo de prácticas para que muchachos sin ambición y sin talento formaran parte de las fuerzas básicas como un pasatiempo "genial" para presumir en su juventud, a sabiendas que su futuro no estaría en el fútbol profesional.

Vayamos a lo comercial: hacia afuera, el posicionamiento que se logró tras el bicampeonato se aunó a una nefasta tendencia de invitar a los aficionados a seguirlos “en las buenas y en las malas” para crear una vacuna comercial con éxito infalible en una sociedad como la mexicana. No importa lo malo que sea el espectáculo que te ofrezco, porque de manera irracional tú te verás cegado por un “amor” al equipo que irá más allá de cualquier dolor que te pueda causar.  Incluso el dolor habrás de disfrutarlo con una cerveza en el estadio y será un dolor compartido, por lo que incluso en las malas podrás sentirte bien. No puedes ser crítico, porque no es una cuestión racional. Es un dogma. Es “amor” lo que te mueve a seguir al equipo. Tienes que depositar tu fe (como buen católico) en que nuestra verdad es la que impera por sobre todas las otras religiones (Chivistas, Americanistas, Leonistas, etc.) Persignarte y cantar el Goya son alegorías equiparables. Por cierto, también el “show” se lleva a cabo los domingos al medio día, y si llevas a la familia, mejor. Sólo no olvides depositar el diezmo a la entrada, el cual, por cierto, tuvimos que fijar como cuota única bastante alta porque el líder de la congregación tiene que dar mantenimiento al estadio, pgarle caro a los acólitos y dar su parte al arzobispado. Quizá no pase mucho tiempo para que tengamos el cinismo de poner a la Guadalupana o al Nazareno crucificado en nuestras playeras. Al final del día, nos posicionamos y lucramos de la misma forma.Y por si fuera poco, les ofrecemos la doctrina del sufrimiento, al igual que vuestro pastor. Total, sabemos que eso es lo que les meueve.

En el fondo, Pumas, como muchos otros equipos de fútbol, es así, una “religión”, estatus que incluso muchos aseveran abiertamente. Y esto es producto de la forma en que nuestra sociedad mexicana se maneja, a través del “poner la otra mejilla” y “aguantar hasta que duela” (¡Aguante Pumas!). Como dirigente de una empresa comercial, copiar los esquemas económicos de penetración cultural de la organización más exitosa desde el advenimiento del mesías hace 2000 años no parece estar tan errado. Vender ilusiones, sembrar esperanzas divinas y posicionarse en el contexto de los indios conquistando su alma antes que su cuerpo. No les vendas sólo playeras, véndeles una identidad y la idea de comunidad (mediante una playera), que bien les hace falta porque en sus vidas son tan agachones, cobardes, incongruentes y faltos de compromiso que no pueden encontrarlas por ellos mismos. Y ya que pagarían lo que fuera, por qué no incrementar los precios a 1200 por playera y a 250 el boleto más barato para el partido de copa en donde jugarán los suplentes contra los suplentes de un equipo de segunda división. Convirtamos a Pumas en un artículo de lujo y aspiracional bajo cualquier esquema. No te preocupes, los fans, pobres o ricos, van a ir al estadio, porque no tienen otra opción. Nos aman ciegamente como amarían a un novio o a una novia abusadora, les gusta la flagelación, “l@s cabron@s” y creen que eso les da identidad, fuerza y un motivo para vivir. Y aunque no les ofrezcamos un buen espectáculo futbolístico, ellos van a seguirnos como borreguitos de la misma forma que irían a un mitin de Peña o del Peje por un refresco, una torta y una esperanza. El tema no es exclusivo de Pumas y podría aplicarse a muchos otros equipos nacionales. Sin embargo, en Pumas esto se magnifica por las siguientes razones.

Más allá de los dirigentes, hablemos de la afición, ya que, socialmente, Pumas ha sido tradicionalmente un equipo popular; sin embargo, en la actualidad, Pumas ha ido más allá de los antiguos cánones para convertirse en un símbolo de estatus. Ya que la fiesta brava es hoy en día un espectáculo moralmente cuestionable por la presión de los emergentes grupos defensores de los derechos de los animales, la gente de la vida pública ha encontrado en la asistencia al Estadio Olímpico Universitario y en la identificación con Pumas una salida para promocionarse personalmente y para vincular al equipo con una imagen prefabricada y bien planeada que se le vende como modelo aspiracional a la sociedad. Silogismo del pueblo: López Dóriga es de Pumas. Pumas es de la Universidad, la Universidad implica cultura, saber e inteligencia. Luego entonces, López Dóriga es culto, sabio e inteligente. Yo también quiero ser inteligente o salir en la tele como López Dóriga. Luego entonces, le voy a ir a Pumas.


¿Quién es aficionado de Pumas hoy en día? Pumas ya no es de los universitarios. El formar parte de algún plantel o facultad de la UNAM no es condición indispensable para que alguien decida ser de Pumas. Aquél que al estar dentro de la universidad cambia de bandera o se identifica con el equipo y los colores sin haber apoyado antes a algún otro, no lo hace por una cuestión de principios o por amor al deporte, ni siquiera por una verdadera identificación con los valores del equipo, sino por presión de grupo, aceptación social o simple moda. Los estudiantes universitarios no son el grupo primordial de los aficionados de Pumas. Más aún, el aficionado de Pumas es parte de un querer ser, fuera de la universidad. Quiero ser exitoso, educado, talentoso, contestatario, rebelde y formar parte de una comunidad. Sin embargo, no puedo ser exitoso porque no tengo estudios ni talentos. No me gusta leer, no sé de política ni de temas sociales (ni me interesan). No hago protestas y si las hago, es porque me invitaron y para echar relajo, no porque me sienta comprometido con cambiar las problemáticas del país. Quiero ser rebelde y contestatario, pero me da miedo perder mi trabajo, por lo que mejor me callo y desquito mis frustraciones gritando el fin de semana en el estadio, alentando a un equipo que, en teoría, representa todo eso que quiero ser, pero a lo que no me atrevo en la vida cotidiana. Lo curioso es que esta condición no es exclusiva de los sectores económicos vulnerables, sino al convertirse en un equipo de pose, Pumas ya no es sólo para los estratos sociales bajos (populares) sino que hoy en día, ese “querer ser” permea en las clases altas, en aquellos que de la manera más “fashion” van al estadio con lentes de sol, playera rosa en pro de la lucha contra el cáncer de mama a lucirse y sacar fotos “pal Feis”. “¡O sea, estuve en medio de la Rebel wey!” Las clases altas se sienten parte de la prole culta y contestataria, mientras que los humildes se sienten en un nivel arriba por estar al nivel de López Dóriga, Loret y Adela. Pumas representa ambas ilusiones y a la vez a ninguna de ellas. Pumas es lo que uno quiera que sea. Pumas es una moda hueca. Sin embargo, al convertirse en un producto personalizable, vacío y sin gracia, en el camino, Pumas se ha quedado sin identidad propia.


Al momento, hemos hablado mucho de lo que representa Pumas fuera de la cancha y es que dentro de la misma no hay mucho de qué hablar. Pumas ha ido ganado en los últimos diez años algunos campeonatos que sus mismos aficionados han considerado como mediocres y sin chiste. El ganar torneos cortos con las bondades que brinda la liga mexicana en realidad no "se sienten". Un campeonato se gana con esfuerzo y se goza cuando los rivales se convierten en parte de la gloria de la victoria. El ganarle a Chivas en 2003 fue un éxito épico por el equipo que se tuvo enfrente. Ganarle a Monterrey  en un partido sufrido y contra una afición aguerrida y hostil como la de los Rayados no fue un mérito menor. Además, el equipo se desenvolvía bien, con orden, agresividad y contundencia al frente. Hoy, no hay un sólo jugador de Pumas que muestre carácter, convicción o, dios nos libre, talento. Contratar al “Hachita” Ludueña luego de su famosa frase “Mi representante se encarga de eso” al preguntársele sobre los temas de su naturalización, se ve para los antiguos estándares de Pumas como algo incongruente. Pagarle a un entrenador externo como José Luis Trejo cuando en teoría Pumas debiera ser semillero no sólo de jugadores sino también de entrenadores, no corresponde con lo que Pumas era como institución. Sin embargo, en el estado actual de las cosas, Pumas es esto.

Trejo está fuera el día de hoy y se promueve a Patiño como interino en lo que se busca una solución a largo plazo. La línea de trabajo propuesta para el semestre se corta y se buscan parches para que no se hunda el barco más de lo que ya está hundido. La lógica del fútbol mexicano se vuelve a aplicar. No importa cómo juegues. No importa si eres bueno en lo que haces. Mientras te mantengas en primera división, la plata está asegurada. ¿Proyectos serios en busca de un estilo futbolístico y desarrollo deportivo? ¿Para qué? Si tus partidos van a seguir saliendo en la tele, tendrás patrocinadores, seguidores fijos y en una de esas te clasificas de octavo y terminas campeón. Sí, Pumas, hoy en día, puede ser campeón del presente torneo. La misma lógica del menor esfuerzo que se aplica en empresas, oficinas gubernamentales y en cualquier sector de nuestra sociedad, por qué no habría de ser parte también del entretenimiento del pueblo.

Hoy en día, natural es que Pumas recurra a casos como los de Ludueña y Trejo para seguir vendiendo ilusiones a su afición y no tanto porque se quieran vender espejos, sino porque desde su esencia, desde la cantera y hasta el primer equipo, Pumas está vacío. Se saqueó la cantera, la corrupción vació las arcas, no se invirtió en el futuro y el resultado está ahí. Un equipo desangelado que más a base de mercadotecnia y un arraigo eclesiástico bien desarrollado se ha mantenido rentable, pero que futbolísticamente, pasarán otros diez años antes de que el equipo encuentre una renovación. El mejor ejemplo de la decadencia de Pumas: los Pikolines. El mal temperamento del defensa central es la bandera de lo que Pumas es hoy. Ya que no hay talento, aunque sea el carácter debe de salir. Si no gano, arrebato. Cuando el Pikolín se enoja, la afición se enciende. No se corea la habilidad, sino la bronca. Es la mayor emoción que puede ofrecer Pumas al día de hoy. Pikolín portero bien podría pasar 20 años hasta que Bernal le aconseje que es tiempo de retirarse y nadie diría nada. Hablando del bicampeonato, ¿acaso en diez años no han surgido suficientes defensas centrales talentosos de la cantera para al menos hacerle un poquito de presión o sombra a Darío Verón? ¿Por qué? Porque no hay quien empuje, no hay quien presione y porque para Pumas, el éxito deportivo no es imperativo. 


A los directivos de Pumas les basta y les sobra con lo sembrado hace diez años para que dos generaciones sigan cantando sus éxitos pasados, rememorándolos con añoranza y lágrimas en los ojos. Pumas se ha neoliberalizado y se ha convertido en una empresa exitosa en tanto que vende mucho ofreciendo poco. Los aficionados hacen todo por el equipo, ellos son los que buscan el producto, los que tienen que hacer cientos de sacrificios para seguir formando parte de la identidad Puma, mientras que los directivos no tienen ni que moverse, salvo ocasionalmente, para justificar su existencia. En resumidas cuentas, Pumas es el McDonalds del fútbol nacional. Los aficionados están lobotomizados para repetir “Me Encanta” sin importar la calidad, buscando la felicidad en una cajita (idiota) viendo a un grupo de payasos sobre el terreno de juego mientras le regalan sus quincenas a los dirigentes y accionistas del equipo comprando caro productos con materia prima barata que llenan sus cerebros de una basura física y virtual que a la larga les generará algún tipo de enfermedad incurable. ¿Aguante Pumas? El primer paso en solucionar un problema es reconocer que existe. Los Pumas ya no representan (ni de lejos) los valores de la Universidad Nacional. Hoy en día, vivimos en un neoliberalismo Puma; una McDonaldización Puma. El equipo tradicionalmente más contestatario y popular del fútbol nacional se ha vuelto burgués, tanto dentro como fuera de su estructura. Gran éxito comercial. Moralmente, un asco.

lunes, 14 de julio de 2014

Un guerrero sin patria

Messi, la empatía perdida por un guerrero sin patria

Los seres humanos somos seres empáticos. Tenemos la capacidad de percibir cognitivamente lo que le ocurre a los otros, sentir sus emociones e incluso compartirlas en muchas instancias. Creamos una conexión simbiótica mediante la cual el dolor del otro nos afecta en lo personal debido a que ese “otro”, a su vez, es parte de mi sistema de pensamiento. Desde un familiar, un amigo y una pareja, este tipo de sentimientos se pueden trasladar a muchas otras instancias. Mi relación con “el otro” puede canalizarse a entes lejanos, idílicos, incluso platónicos en donde el yo se proyecta en alguien completamente ajeno, en una relación unilateral generada a través de esa empatía por otros seres humanos, la cual se crea a partir de un conocimiento del otro, aún a la distancia.


Los medios de comunicación y las redes sociales en la actualidad nos acercan más a ese tipo de relaciones, generando ya no ídolos inalcanzables, sino tratando de vender empatías creadas para que sea esa identificación con el otro (el sentimiento primario) lo que al final del día venda el producto y, más aún, que el cliente regrese por su cuenta una y otra vez para consumir cualquier bien o servicio que se nos ofrezca, pero siempre utilizando como base esa empatía generada por una persona fundamentada en sus atributos emocionales, pasionales, humanos a final de cuentas.



Este tipo de interacciones se están forjando cada día más y más en el ambiente del fútbol. Las empresas patrocinadoras de los clubes de fútbol se acercan en todo momento a los futbolistas que comienzan a destacar para comercializar su imagen con la finalidad de tener total control sobre la percepción masiva que en los medios de comunicación se tiene sobre los jugadores, no sólo decidiendo qué tipo de comerciales, a qué tipo de conferencias asisten, qué tipo de contactos tienen con el público y la prensa, sino incluso administrando cuentas de redes sociales “personales” en las que el jugador “habla” en primera persona con una clara línea mercadológica en la que a través de su “voz” se promueve lo que la industria quiere que se promueva. Esto genera empatía con el público en tanto es el jugador quien da la cara, a quien los aficionados buscan, aunque subrepticiamente son los intereses comerciales los cuales permean y se manifiestan de manera obvia en los mensajes enviados por los jugadores.



Cerrando por el momento la clase teórica de comunicación, este contexto está diseñado para explicar lo que ha sucedido antes, durante y después de la final del campeonato mundial de fútbol, en particular con el mejor jugador del torneo (según la FIFA), el “flamante” Balón de Oro del mundial, quien a regañadientes y con gran frustración recibió el más triste y nefasto premio al mejor futbolista jamás entregado en competencia internacional de fútbol alguna. Es momento de echar un vistazo al bagaje de Lionel Messi.




Durante las cuatro semanas que duró el torneo que vio coronarse a la escuadra alemana como campeona del mundo por cuarta ocasión en su historia, el futbolista argentino Lionel Messi fue el blanco de críticas de propios y extraños debido a su baja de rendimiento futbolístico en cada partido disputado por la selección de Argentina. Messi llegó a este torneo con la etiqueta de ser el mejor jugador del mundo, con una infinidad de trofeos, récords y reconocimientos futbolísticos a cuestas, por lo que alrededor del mundo se esperaba que fuera Messi quien liderara al equipo albiceleste a conseguir el campeonato a tan sólo unas cuantas millas de distancia de casa. Con un Brasil desfondado y sin grandes competidores en su camino hacia la final del torneo, Argentina se posicionó como un serio candidato al título a pesar de que nunca demostró una gran solidez como equipo, ya que sus individualidades, incluyendo al mismo Messi, siempre lograron sacarle adelante.



En los medios, se llegó a un punto de saturación en que no se hablaba de Argentina como equipo ni de sus posibilidades estratégicas/técnicas/tácticas como tal, sino de la dependencia que el equipo tenía en relación con su número 10, con el virtuoso futbolista del Barcelona quien, para colmo, respondió a las expectativas durante la primera fase, anotando en los tres partidos del grupo los goles con los que el equipo se clasificó de manera invicta a la segunda ronda del campeonato. Con este inicio tan eficiente por parte de “La Pulga”, se esperaba que Messi se convirtiera finalmente en su madurez en ese líder que en los inicios de su carrera llevó a la albiceleste a coronarse como campeona del torneo de los Juegos Olímpicos de Beijing en 2008. Las condiciones estaban dadas y Argentina parecía navegar en aguas tranquilas hacia el éxito deportivo de la mano de su mejor futbolista desde la era de Maradona.




Sin embargo, durante el torneo se pudo notar que Messi nunca se encontró a gusto dentro del terreno de juego. Lio, en Barcelona, es un jugador eléctrico, que busca todas las pelotas, que se desgasta en el campo intentando mostrar sus condiciones y que en muchas ocasiones no sólo se crea sus propias opciones, sino que genera fútbol y hace jugar a los demás. Más aún, Messi es un jugador que transmite su alegría dentro del campo, un futbolista que se atreve a hacer no una, sino muchas “de más” con base en su talento, en su depurada técnica y en su imaginación para driblar a los defensores, quedar de frente a la portería y anotar magistralmente ante los porteros. Es un jugador que más allá de su buen juego, transmite una emoción particular, quien genera empatía con él como persona por su sonrisa, por su porte, por su mirada. Messi, generalmente, se ve feliz al jugar a la pelota. Es como un pequeñín de barrio con ropas y aditamentos para gente grande. Mientras más desarreglado se ve, mejor parece jugar. Cuán lejos quedó esa imagen del Lio que vimos en Brasil durante las últimas 4 semanas.




En el ambiente del fútbol, no sólo se genera empatía con individuos, sino también con equipos o con causas. A nivel mundial, la fiebre por lo que pudieran generar equipos como Colombia o Costa Rica durante el presente campeonato se hizo patente. Se apoya al débil, al que parece desprotegido, pero que con buenos argumentos se enfrenta y logra salir victorioso ante esquemas tradicionalmente mejor desarrollados. Con un sentido paternalista, el aficionado adopta a selecciones como éstas o a jugadores no tan renombrados como James Rodríguez o Bryan Ruiz y los convierten en símbolos personales. Se genera una empatía ante el menos favorecido, e incluso si dicho equipo o dicho futbolista no consiguen salir victoriosos, la derrota se interioriza en la audiencia. Se sufre con esos entes externos y lejanos, pero que a través del buen desempeño mostrado en el campo y apreciados por medio de la pantalla, se hacen propios. La simbiosis, generada con el talento y la esperanza, se maximiza con el factor humano, con el sufrimiento ante la derrota.



Messi es un jugador que, por sí mismo, genera empatía. Sin embargo, hoy, tras la frustrante derrota ante Alemania en la final del torneo, Messi, más que la selección albiceleste en su totalidad, es el objeto de críticas, de burlas, de enojo y de descarga emocional tanto de los aficionados como de la prensa en Argentina, e incluso alrededor del mundo, no hay quien no se refiera a Messi (que no al equipo argentino) como la mayor decepción del campeonato, al nivel o incluso por encima de la trágica caída de Brasil. En estas circunstancias, la lógica nos indicaría que un jugador que ha logrado conectar, crear ese vínculo con el público, sería arropado por los suyos, y que la empatía generada a través de varios años de éxito en el fútbol español e internacional le darían un poco más de margen de error ante un posible fallo sin que la audiencia se volcara con tal furia a destrozar su nombre y su amplio legado personal.




Gran parte esto se debe sin lugar a dudas al cambio de actitud que el futbolista mostró durante el campeonato. Frío, sin expresiones de alegría, sin correr a plenitud por cada balón dentro del campo de juego, negándose a saludar a los niños previo a la ceremonia protocolaria, mostrándose de cierta forma indiferente ante las críticas, con cierta arrogancia denotada en el rostro durante las entrevistas y las conferencias de prensa, Messi parecía más incómodo, frustrado, hastiado y desgastado que realmente contento de verse en medio de un mundial de fútbol. Como ya hemos mencionado previamente, Messi festejaba sus goles con una descarga de furia, más no con una sonrisa. El mundial es para que los jugadores lo disfruten. Messi, por el contrario, parecía odiar el tener que jugar un partido más cada día. Aquí vale la pena preguntarnos, ¿Qué es lo que en realidad le pasó a Messi? ¿A qué se debió el cambio tan drástico entre el artista que disfruta trazar su magia en el lienzo verde y esa figura parca y sin ambición que recogió el premio al mejor futbolista del torneo?



Messi ha tenido uno de los peores años de su vida. No futbolísticamente, ya que su equipo, si bien no fue campeón de torneo alguno, llegó al subcampeonato de la liga española, además de situarse como finalista en la Copa del Rey de España, siendo igualmente finalista del presente campeonato mundial de fútbol. Sin embargo, durante el año en curso, Messi se ha visto envuelto en diversos problemas más allá de la cancha que sin duda han afectado su ánimo más que sus condiciones futbolísticas, de los cuales poco o nada se ha hablado como factores de su desempeño actual.



De entrada, apenas en noviembre pasado, Lio sufrió una rotura muscular el en bíceps femoral de la pierna izquierda, lo que lo mantuvo fuera de actividad durante varias semanas hasta febrero de 2014. Si bien se recuperó, Lio jugó todo el resto de la temporada con los rezagos de las cirugías a las que fue sometido, ya que su reaparición, planeada para principios enero, se tuvo que extender hasta el mes de febrero debido a complicaciones en la lesión. Mal empezó el año para Messi, quien desde este momento no tuvo descanso con detalles que ciertamente fueron minando su ánimo. En principio, se le imputó al futbolista el delito de evasión fiscal en España por 4.1 millones de Euros, caso que no se solucionó sino hasta mediados del mes de junio, recién empezada la copa del mundo, cuando la fiscalía decidió archivar el caso debido a que en apariencia Messi desconocía de buena fe los manejos que se hacían con los recursos generados por su manejo imagen. A pesar de esto, Messi tuvo que pagar una compensación de 33 millones de Euros al fisco español para evitar mayores problemas relacionados con su nombre.




Molesto por lo extra-cancha y tras perder la final de la Copa del Rey ante el Real Madrid, Messi se vio envuelto en un escándalo mediático luego de que, a su llegada a Barcelona, un aficionado le increpara por su bajo rendimiento futbolístico, a lo que Messi le contestó respondió “Andá a trabajar, boludo”, situación que fue captada en video por un celular y que se diseminó a través de medios establecidos y redes sociales, afectando la imagen y la credibilidad del jugador. La explosión de Messi, sin duda no fue espontánea, sino producto de los muchos reclamos que el público y la prensa de Barcelona le hicieran por el mal rendimiento de un equipo que si bien venía trabajando junto y ganando infinidad de campeonatos desde años atrás, durante la actual temporada se vieron afectados por los cambios en la dirección técnica, lesiones y la baja de ánimo causada por la enfermedad sufrida por el líder moral del equipo y sucesor de Pep Guardiola, Tito Vilanova, quien tuviera que dejar la dirección técnica del equipo días antes del inicio de la temporada debido al agravamiento del cáncer de garganta que finalmente acabó con su vida a finales de abril del presente año.



Con estos problemas a cuestas, se cuenta que seis días antes del fallecimiento de Vilanova, Messi acudió a su domicilio para anunciarle su decisión de partir al final de la temporada del club blaugrana. En la charla, Tito convenció a Messi de quedarse en Cataluña haciéndole entender que no encontraría un lugar mejor para desarrollarse como futbolista: “A dónde vas a ir? ¿Al PSG?” Al siguiente día de la plática, Messi anotó en la visita del Barcelona ante el Athletic de Bilbao, y con el consejo de su otrora técnico, Messi decidió firmar una actualización de su contrato que lo une al club hasta 2018 por alrededor de 22.5 millones de euros anuales más primas y que le permite tener injerencia sobre ciertas decisiones relacionadas con patrocinios. Si bien la partida de Messi no se dio, su inconformidad con el club, con la ciudad, con su entorno cotidiano aunado al deceso de su mentor, al retiro del capitán Puyol, la inminente salida de Xavi y la baja de juego de sus coequiperos españoles, han hecho que Messi, como ser humano, no se sienta a gusto, que esté distraído, frustrado, agobiado y, por ende, al no estar claras las cosas en su mente, que su desempeño en el terreno de juego no sea el más apropiado. Bajo estas circunstancias, ¿se podría esperar un buen desempeño del astro Argentino? Curiosamente, los aficionados creen que sí, que Messi, a final de cuentas, es un profesional, que al ser el mejor jugador del mundo, debería estar concentrado única y exclusivamente en sus labores en el terreno de juego, total “para eso le pagan”, “ya gana bastante bien como para que no juegue bien”, “es su obligación”. ¿Y la empatía?




Como sociedad, muchas veces perdemos de vista los factores realmente humanos que rodean a esos personajes míticos que se nos quieren vender. La comercialización a gran escala nos vende los factores empáticos que resultan efectivos en las estrategias comerciales. Se humaniza a Messi como embajador de la UNICEF, abrazando a niños africanos en pobreza extrema; se nos presenta siempre anunciando productos con estilo, con clase y con una sonrisa en los anuncios de Pepsi, Sabritas, Herbalife, Adidas, Gillette, el videojuego oficial de la FIFA, Dolce & Gabbana y Turkish Airlines. El carácter de Messi se refleja como el jugador alegre, como el pequeñín de barrio, inocente, al que todos quieren abrazar y felicitar por sus logros. Sin embargo, cuando futbolísticamente este deportista falla, se le ataca, se le señala, se le exige y (simbólicamente) se le crucifica por sus fallos, por no mostrar el carácter cuando hay que mostrarlo, dejando de lado cualquier empatía con él mediante la cual pudiéramos tratar de entender las circunstancias de Messi como lo haríamos con cualquier otra persona, desde un punto de vista humano y no hacia un ser que se nos presenta como alguien “superior”





Y entramos al segundo punto de análisis. Hoy nadie siente tristeza ni se solidariza con Messi porque se le considera un jugador falto de compromiso, alguien que no “siente los colores”, quien ha pasado tanto tiempo viviendo como rey en España que el jugar con el representativo argentino no le interesa, que se preocupa más por sus contratos con el club y con los patrocinadores que por traer una alegría a la tan maltratada nación argentina, cuyos compromisos son puramente comerciales, más no emocionales. La paradoja es: ¿Y dónde queda el apoyo de los aficionados? Los argentinos apoyan a muerte a su equipo en tanto este vaya bien. En temas futbolísticos, esto es aceptable debido a que el aficionado actual tiene que ser exigente, tiene que pedir, al menos, la mayor entrega y garra por parte de sus jugadores. Si el buen desempeño futbolístico y los resultados se logran o no, se analizará después, pero lo mínimo que se pide es que los jugadores muestren corazón y que suden la playera.



En términos humanos, si no entendemos que Messi fue forzado a jugar el mundial por temas de comercialización bajo una circunstancia en la que él no estaba en su mejor forma ni quizá tenía la cabeza para jugar a la pelota en estos momentos, caemos en un error. Y si se le exige tal nivel de compromiso como a cualquier otro futbolista, aún bajo las condiciones expuestas en el presente texto, las consecuencias humanas terminan por reventar al ser humano que intenta hacer algo que quizá ni siquiera él entendía, porque sus circunstancias psicosociales le rebasaron. Ningún trabajador puede rendir lo mismo si el ambiente que le rodea no es el óptimo. Un contador que se está divorciando y que tiene problemas para llegar a la quincena, con toda seguridad tendrá muchos problemas para entregar los reportes ante un exigente jefe que le pide el trabajo de hoy para ayer, no por falta de capacidad, sino porque su cabeza está en otro lado. Es difícil concentrarse con las problemáticas laborales si alrededor no hay sino un panorama negro y complejo. Messi, siendo insultado por miles de personas día a día, frente a frente, en medios y en redes sociales, teniendo que pagar 35 millones de Euros para que su padre (quien maneja su situación fiscal) no vaya a dar a la cárcel, a disgusto con la ciudad y la afición que él consideraba su hogar, lideró a Argentina a pasar hasta los cuartos de final, donde después, desapareció. Al final del día, no podría haber hecho un mejor mundial bajo la sombra que estaba jugando. Argentina llegó a la final. Messi los puso ahí. 4 goles en tres partidos y una asistencia ante Suiza. Cumplió de más en relación con lo que, como ser humano, se podría esperar de él.




Messi, hoy, tiene que dejar de lado al fútbol, y por un largo tiempo. Alejarse de Argentina y de Barcelona. Sus dos hogares han dejado de serlo. No son seguros para él. Debe tomar un retiro en alguna isla, con alguien con quien pueda charlar, alguien de su entera confianza; más que una pareja, Messi necesita un mentor, un terapeuta que le ayude a rehabilitar su alma, su esencia como persona antes que sus condiciones como futbolista. Messi tiene mucho que dar y su revancha va a llegar. Pero no hoy, y quizá no el próximo año. La Pulga hoy necesita más que nunca un tiempo fuera de todo lo que implica la pelota para estabilizarse emocionalmente, reencontrar el amor por el juego, por el fútbol arte del que tan buen exponente es y comenzar desde cero a desarrollarse como ser humano, como persona, a disfrutar de la vida lejos de los intereses creados. Messi es un extraordinario artista del balón, un guerrero de élite en el campo de juego, pero tiene la desgracia de haber sido instruido desde pequeño a luchar como un mercenario: sin patria, sin sangre, sólo por su satisfacción propia y por ganar beneficios para él y los suyos. Sin embargo, a diferencia de representantes consolidados del fútbol mercenario que cambian de equipo cada semestre y al mejor postor, tales como Balotelli o Zlatan, con Messi, más que cambiar de bandera, él se ha dedicado a defender el ideal barcelonista desde el inicio de su carrera. Sin embargo, cuando ese ideal se alejó de las filas del barcelonismo, con la partida de Pep y el deceso de Tito, Messi se ha quedado sin guía, sin un líder que guíe sus capacidades y que las lleve a buen puerto.




Messi es un guerrero de élite, más no un capitán. Esto se vio claramente en la charla motivacional para los tiempos extra de la final. Fue Mascherano quien habló fuerte, quien infundió coraje en sus compatriotas, quien trató de liderarlos a la victoria en las circunstancias más adversas. Pero que no se malentienda. Messi aporta el talento. El no ser el líder del equipo no es necesariamente malo. En España, el capitán no es un virtuoso, sino Casillas y por saber dar ese rol de líder a alguien apropiado es que salieron campeones del mundo y dos veces de Europa. En contraparte, Portugal falló por darle la responsabilidad de líder a un egocéntrico como Cristiano Ronaldo. Messi explota si está rodeado de líderes talentosos y con carácter que sepan liderar, motivar, conjuntarse y jugar en equipo. Argentina no los tiene y los pocos que tenía, o los perdió (Di María y Agüero por gran parte del torneo) o se quedaron fuera por la necedad del técnico (Zanetti y Tévez, por nombrar un par). ¿Cómo se acoplaría Messi en España bajo la dirección de Del Bosque y arropado en el campo con Xabi Alonso, Casillas, Sergio Ramos e incluso los barcelonistas que le han ayudado a ganar todo? Pongamos a Messi por un momento bajo las órdenes de Löw haciendo equipo con Müller, Schweinsteiger, Kroos, Neuer y Howdes, ya sea con una camisa blanca o con la roja de Munich bajo las órdenes de Pep. Existen jugadores que ante tales escenarios vendrían a menos y se verían opacados. Messi, por sus características, se convertiría en el mejor jugador del mundo, tal y como lo logró durante varios años con el Barcelona. Hoy, ante el envejecimiento y la circunstancial decadencia blaugrana, Messi no tiene más cabida ahí, a menos que el club sepa reinventarse y encontrar en Luis Enrique al mentor que amalgame al equipo y haga volver a brillar a un virtuoso mercenario que, de batallas, sabe un rato largo.




Como corolario, una analogía: En la adaptación que se hizo hace algunos años de ciertos pasajes de la Ilíada en la película Troya, Aquiles, personificado por Brad Pitt, mantiene un diálogo breve con su primo Patroclo, quien le reclama por su decisión de no marchar junto a los Mirmidones para unirse al ejército de Agamenón y atacar la ciudad de Troya. Aquiles, molesto por el ferviente deseo de Patroclo de involucrarse en la batalla, le reconviene diciendo: “Te enseñé a pelear, más nunca te enseñé por qué pelear (...) ¿Por quién pelearás cuando yo muera? Los soldados pelean por reyes que ni siquiera conocen. Pelean cuando se les ordena pelar. Mueren cuando se les ordena morir. No desperdicies tu vida siguiendo las órdenes de un tonto”. Esperemos que Messi sepa a futuro deslindarse del gran tonto que le otorgó el Balón de Oro en Brasil 2014, que se recupere física y mentalmente de las lesiones del cuerpo y del espíritu que le aquejan y que se olvide por un instante del fútbol para recordar lo que en verdad es el fútbol. Diviértete Lio. La vida es corta y tu talento es grande. El fútbol arte está en tus pies.