La Pasión de Chivas
El mexicano es alarmista por naturaleza, chismoso por
vocación.
El amarillismo es su bandera y la intriga, su pasión.
“Hoy Chivas está herido de muerte. Con la nómina más alta de
la era Vergara, llenos de jugadores de fuera que parecieran no sentir los
colores, que no se matan en el campo de juego, Chivas se ha metido en un
tobogán que los catapultará hacia el infierno de la Liga de Ascenso si no se
ponen a trabajar y a jugar a su más alto nivel, ¡pero ya! Aún cuando no
desciendan, Vergara debería considerar el vender el equipo a gente más capaz,
enfocarse en arreglar su divorcio y en vender juguitos para dejar a Chivas en
manos más capaces, mientras que los hermanos de la Torre deberían dejar el ego
a un lado, eliminar el discurso de “estoy tranquilo, se está trabajando y no
pasa nada”, afrontar la realidad y trabajar a marchas forzadas para sacar adelante
un barco que se hunde y así hacer de Chivas un equipo estable que saque puntos
cómo sea y de dónde sea para evitar la humillación de tener que jugar el
próximo año en una categoría inferior.”
No, el párrafo previo NO es parte de alguna editorial de André
Marín, Luis García, Raúl Orvañanos, Francisco Javier González ni Javier
Alarcón, aunque bien podría ser firmada por alguno de estos comunicadores
deportivos que junto con sus respectivos equipos se han pasado el último
semestre “alertando” a la audiencia sobre el posible descenso Chivas. El
párrafo anterior es más bien una síntesis de lo que se escucha/ve/lee
cotidianamente sobre la situación actual del Rebaño, un texto que podría
parecernos repetitivo, soso, con información que nada aporta, misma que hemos
escuchado cientos de veces, semana con semana en programas de noticias, de
análisis, de crítica, incluso en programas de revista que nada tienen que ver
con el fútbol. Sin embargo, estas líneas, por burdas que parezcan, tienen
demasiado contenido para analizar la forma en que los medios intentan amoldar de
manera subrepticia la psique contemporánea del mexicano Televisa-do.
Empecemos por el alarmismo. Desde hace dos años y medio, el
equipo de primera división de Chivas S.A. de C.V. ha tenido torneos en los que
las victorias no se han conseguido de la manera que se esperaría para un equipo
con recursos económicos vastos y con el arrastre comercial y popular más amplio
del fútbol mexicano. Chivas, uno de los equipos fundadores de la liga mexicana,
con una tradición que sobrepasa el plano deportivo y se convierte en muchas
instancias en estilo de vida para ciertos sectores sociales, ha tenido pocos
éxitos futbolístcos en fechas recientes, conjuntando semestre a semestre en el
torneo de primera división equipos perdedores que han dejado a la institución
no sólo fuera de la lucha por el máximo título del balompié mexicano, sino
incluso en los últimos lugares de la tabla general, lo que ha generado que,
debido al sistema de competencias de la Liga MX, hoy en día el Guadalajara
tenga una cantidad de puntos acumulados que lo dejan en la zona de los equipos
que podrían descender a la división inferior para el próximo año.
Sí, Chivas está es candidato a perder la categoría. Sin
embargo, esto ya ha dejado desde hace mucho tiempo de ser noticia. Las Chivas
de primera división han sido por dos años y medio un mal equipo al que, de no
ser por la expectación que genera alrededor de la república por los simples
colores, definitivamente nadie extrañaría futbolísticamente. Sus partidos son
malos, con pocos goles, demasiadas fallas tanto en ofensiva como en defensa, no
ofrecen espectáculo y, como dicen los versados en el tema, partido a partido
“se mueren de nada”. En este contexto, ¿qué es lo que se pierde? ¿Por qué tanto
interés en saber si al final del torneo Chivas se va o se queda en primera
división? Y más aún, ¿Por qué los medios cubren las derrotas del Guadalajara
como hechos extraordinarios, con focos rojos y señales de alarma más vehementes
que la Reforma Energética, las modificaciones a la Ley de Telecomunicaciones o
los 43 de Ayotzinapa?
La respuesta parece simple, aunque no a todas luces lo es.
En México nos gustan las emociones fuertes, la información
de alto impacto, las notas morbosas, escandalosas, ya sean escalofriantes por
su contenido o por su forma. Al mexicano le gusta sobremanera “espantarse” con
las películas de terror, ver vísceras, gritos, terror psicológico y espíritus
japoneses saltando de la pantalla. Los programas estadounidenses más exitosos
son las series policiacas en donde el miedo, el suspenso, la intriga y la
sangre nunca salen de la pantalla. Y en la vida real es lo mismo: Mientras más
intriga exista, más se habla de determinado hecho. Desde el cliché de las
lavanderas chismosas hasta el periodismo formal, lo que se comenta debe ser en
un tono fuerte para llamar la atención. La comadre más chismosa es la más
popular del barrio, no porque conozca más noticias que las otras, sino porque
las cuenta con los ojos más abiertos que las otras y en un tono de suspenso
desenfadado que cautiva a sus interlocutores. La credibilidad es lo de menos.
De igual forma, el diario que más vehementemente ataque al presidente es el que
más gente lee. El comunicador más argüendero y ruidoso (sea un payaso o un
simio) es el que más personas siguen. De La Prensa al Proceso, del Alarma a la
Jornada, el ejercicio periodístico en México ya se ha convertido, en su
mayoría, en puro sensacionalismo barato.
Tras este primer análisis, es justo decir que, cuando se le
presenta una pieza de información, sin importar de donde provenga, al mexicano
le interesan más las formas y la presentación que el contenido de fondo. El
análisis a profundidad no existe, la fachada es lo que cuenta: Antenas de SKY
en techos de lámina, quinceañeras en vocho-limosinas paseando en Reforma. Y en
este mar de caos sociológico, las Chivas aparecen hoy en día como el mejor
producto para hablar sin pensar, para intrigar sin analizar, para condenar sin
conocer. Es la película de terror que nos pasan los fines de semana, la cual da
motivo para chismosear de lunes a viernes. Sin embargo, lo que no terminamos de
entender es que esta práctica de no racionalizar los contenidos, quedándonos en
las primeras capas de la piel, nos lastima profundamente como sociedad, no
tanto porque nos quedemos desinformados, sino por la costumbre que se genera de
consumir sin analizar, en primera instancia, no es tanto antropológica como
sociológica, es decir, no es heredada, sino aprendida a través de la agenda
mediática que se nos impone a fuerza de una voluntad autoflagelatoria
internalizada gracias a las costumbres religioso-educativas que se nos inculcan
desde la infancia, siendo la alienada aceptación de este estándar psicológico como
dogma lo que se convierte a la larga en un problema sociológico.
Desarrollemos la última línea: México es un país católico
por excelencia, con una penetración de dicha religión que llega al 90% de la
población. A pesar de lo larga (e incluso interesante) que puede resultar la
Biblia, desde pequeños se nos enseña que el punto más sobresaliente del libro
sagrado se circunscribe a los últimos días de Cristo, con la pasión, la
crucifixión y la resurrección como el clímax de la historia del Rabí de
Galilea. Tanto en la misa como en las películas, no son las enseñanzas de Jesús
a lo que se da énfasis, sino a la brutal forma en que fue tratado tras su
condena y el sufrimiento que tuvo durante su camino a la ejecución. Hay un 10%
de creyentes que toman la Biblia y la palabra de las escrituras como guía de
vida. Perfecto. El otro 90% en realidad no lo hace y ven en Cristo sólo a la
imagen y semejanza de su propio Calvario, el sufrimiento cotidiano de vivir en
la miseria económica y espiritual. De ahí el éxito del catolicismo. No nos
confundamos. El Papa y su iglesia, en México, venden mucho, pero no por la fe
de sus creyentes, sino por la identificación de los humildes con una
representación glorificada del sufrimiento.
Alguna vez escuché una alegoría que narraba la historia de
un extraterrestre saliendo de su primera visita a una iglesia católica luego de
llegar por vez primera a la Tierra, en la que el alienígena, temblando,
preguntaba qué clase de persona podía considerar como un lugar de culto
espiritual un palacio churrigueresco en donde la decoración más sobresaliente
era la imagen de un humano clavado en un par de tablas perpendiculares y con
picos en la cabeza, desnudo y con sangre escurriendo por todo su cuerpo. Si
bien eso no es el fondo del catolicismo, como ya he mencionado, para el
mexicano lo de menos es el fondo, sino la forma. Nos conquista el exterior y de
ahí la crítica a la banalidad con que catolicismo atrae a sus fieles en nuestro
país. Los vulgares, más que por fe, acuden a la iglesia con la misma actitud
que van a comprar el Alarma o esperan por ver la novela de las 8 en donde
converge la doble moral del erotismo y la violencia, ergo, la satisfacción del
Tánatos, la pulsión de muerte tan desarrollada en nuestra sociedad. La castidad
y el vigor de Cristo, la pureza de la virgen, tomad y comed todos de mi cuerpo,
tomad y bebed todos de mi sangre, etc. A final de cuentas, en la iglesia se
encuentran siempre presentes simbolismos que evocan los deseos más primitivos
de la persona de forma apenas notoria, pero incisiva. Es la casa en donde la
transgresión al Tabú flota con cada palabra del cura. Pero antes de ponernos
demasiado freudianos saliéndonos del tema, volvamos al fútbol.
Chivas, el Rebaño Sagrado, está a un paso del infierno
del descenso, pagando por los pecados cometidos por la directiva
en torneos pasados, en donde hubo jugadores que no sentían la camiseta y que
sólo vinieron al equipo por treinta monedas de oro sin aportar
al esquema de juego, pero aún con la esperanza de resurgir en este último
torneo para alcanzar la salvación. ¿Entendemos el formato
del discurso?
Sin embargo, vale la pena hacer una precisión: lo que
comento previamente no se trata de un análisis de crítica religiosa, sino un
análisis mediático, discursivo y socio-psicológico del mexicano. La crítica es
hacia el morbo social que experimentan las personas en relación a determinados
contenidos institucionales que se les presentan y al círculo vicioso que se
genera a raíz de los mismos. Los medios (por ejemplo, llámese la iglesia o la
televisión) crean el contenido y, con él, se crea la necesidad de las personas
para consumirlo, misma necesidad que posteriormente se convierte en demanda,
con lo que los medios, ahora se ven obligados a seguirla satisfaciendo. Siguiendo
nuestro ejemplo, los medios crearon el mito de Chivas, del campeonísimo, del
equipo más poderoso del fútbol mexicano y con ello, la mitología se arraigó de
tal forma que ahora son las personas quienes demandan seguir viendo a las
Chivas y piden a gritos más y más información sobre el equipo, por lo que el
medio, ahora, se ve obligado a seguir presentando dicha información con el
tratamiento que se le solicita: el mártir y el ciervo que desea renacer.
Es así como las Chivas generan controversia. Igual que otros
equipos populares, tanto sus éxitos como sus fracasos atraen comentarios variados
desde todos los sectores sociales, desde halagos y apoyo hasta burlas y mentadas
de madre. Como ya he comentado en otros artículos, al mexicano lo que le
interesa del fútbol no es tanto ganar, sino que el otro pierda para poder así
sobajarlo, humillarlo, “feminizarlo”, “chingarlo” (Octavio Paz). Por ello, el
siguiente punto de análisis no se centrara en lo anterior, sino que abordaremos
el tema en relación con las críticas que se generan hacia el equipo, tanto desde
los medios como en la sociedad, en temas extra-cancha.
Jorge Vergara, actual propietario de Chivas y quien hiciera
el negocio de su vida al adquirir a una sociedad civil por unos cuantos
millones de pesos para convertirla en un negocio de muchos más, se ha
convertido en el enemigo público #1 tanto de la afición rojiblanca como del
periodismo futbolístico del país, quienes, tras los malos resultados deportivos
de los últimos años en primera división, aunados a los constantes cambios tanto
en cancha como en el esquema administrativo del equipo, han generado una serie
de comentarios negativos en relación a la capacidad del empresario para
entender los fundamentos y las necesidades prioritarias de un equipo de la liga
mexicana de fútbol. “Que renuncie”, “que venda al equipo”, “que saque las manos
de Chivas”... ¿Pero por qué?
Mexicano exitoso, mexicano que siempre será atacado por sus
compatriotas: “Seguro su fortuna es dinero chueco. Corrupto. Ha de tener
influencias. Se ve que es mala gente. Riquillo inculto. Suertudote. Vulgar.
Inútil. Prepotente. Es re-menso. Bruto. ¿A poco le alcanza para comprar esos
carros? ¿Neta que tiene avión privado? ¿Tan feo y con esa esposa? ¿En serio sí
venderá tanto de sus juguitos?” Pregunto: ¿En verdad todo eso importa? Volvemos
al punto de las apariencias. En México, vale más cómo te veas que el éxito que
tengas en lo que hagas. Es más fácil rasgar la superficie que entender lo que
hay adentro. Es más sencillo criticar al “rico nuevo” que entender la forma en
que éste generó un negocio exitoso, atendiendo a una demanda social poco explorada
y con un formato innovador con el que una empresa de jugos se tornó en una de
las industrias más importantes del país. Pero ¿a quién le importa eso? Lo que
quiere el mexicano es tener material para criticar, un punto en donde descargar
sus frustraciones semanales acumuladas, la figura de un jefe al que hay que echarle
la culpa de lo que pasa. Y eso es Vergara. Por más éxito que tenga, su legado entre
los mexicanos siempre será el de un caprichoso y malhumorado patrón que no sabe
administrar un equipo de fútbol de primera división.
Sin embargo, quedan a destacar algunos detalles: Desde que
inició la era de Jorge Vergara, Chivas ha reestructurado las fuerzas básicas
del equipo, eliminando de tajo las concesiones de la antigua Promotora para
unificar la cantera Chiva bajo un sólo techo. Su techo. Y el resultado ha sido
brillante: Campeonatos por montones en Segunda y Tercera división, así como en
las categorías Sub-20 y Sub-17. Chivas no sólo genera talento joven sino que nutre
a selecciones nacionales y da salida a los jóvenes hacia diversos equipos de
primera división, generando así oportunidades que en otros equipos están
sesgadas ya sea por políticas o por razones deportivas. Al ofrecer
posibilidades reales de desarrollo y éxito en el fútbol, Chivas no sólo crea
esparcimiento, sino que dota a jóvenes mexicanos con herramientas para que
construyan un futuro profesional. ¿Cuántas empresas (no instituciones
gubernamentales, sino empresas) hacen eso en México?
¿Se critica a Vergara por ser rico? Recordemos que el nuevo
estadio de Chivas, construido con capital privado de Vergara, no tiene un
nombre excéntrico o ajeno, sin simplemente “Omnilife”, su propia marca
registrada. Equipos de fútbol americano tienen que financiar su estadio con
nombres de empresas comerciales para sustentar los costos que implica un
estadio de primer mundo. Vergara, con sus asegunes, levantó un estadio de la
nada, con recursos sacados de su bolsa, generando tanto empleos como
infraestructura urbana, ganándose muchas críticas, pero demostrando que con
perseverancia, las cosas en México pueden hacerse bien. La reestructuración de
las instalaciones de Verde Valle y la inversión en las instalaciones del Club
Guadalajara no serán tan visibles, pero la inversión está ahí. Vergara remozó
la casa del Guadalajara, y en gran forma. Deportivamente, en primera división, a
pesar de sólo tener un título del fútbol mexicano, creó ligas con clubes
europeos y ya jugó en su estadio una final de Copa Libertadores. ¿Tiempos
pasados? Quizá, pero suyos fueron los éxitos, y de nadie más.
Chivas, con Jorge Vergara, ha generado en Guadalajara un
desarrollo sustentable que trascendió fronteras al llevar al Saprissa de Costa
Rica bajo su mando al mundial de clubes, así como convertir a Chivas USA en una
realidad. Además, la comercialización de Chivas ha dado un vuelco inesperado,
creando líneas de productos que al verlos, dan ganas de comprarlos por el buen
diseño más que por la afición al equipo. Chivas está ofreciendo productos de
alta calidad, lo cual, mercadológicamente, se agradece. Chivas participa en
redes sociales y se mantiene en comunicación constante con la afición, creando
espacios mediáticos propios y tratando de imponer modas, tales como los
desplegados, las apuestas, las declaraciones subidas de tono, en fin. Chivas
entiende el mercado contemporáneo y sin duda se mantiene a la vanguardia de la información
y la mercadotecnia de la Liga MX.
¿La cereza del pastel? Javier Hernández se fue de Chivas
como el fichaje hacia el extranjero mejor manejado en la historia del fútbol
nacional, tanto mediática como económicamente. En el momento adecuado, inesperado,
sin precedentes, utilizando la tecnología adecuada, en tiempo y forma precisos,
la aparición a cuadro del Chicharito en Old Trafford es quizá uno de los
momentos icónicos del mercado del fútbol mexicano. Si esa visión se tuviera en
otros equipos del país, de otra liga hablaríamos. Anecdótico mencionar que tras
la salida de Javier Hernández en 2010, las Chivas no han podido levantar el
nivel de juego, mientras que la posición de centro delantero pareciera no tener
aún un sustituto de calidad. ¿Estará Chivas ante una “maldición” como la que
Baby Ruth dejó de legado a los Medias Rojas de Boston tras haber vendido a una
naciente estrella que podría haberse convertido en el símbolo histórico del
equipo? Tras lo aquí argumentado, aún no entiendo cómo ningún periódico
sensacionalista ha tomado esta alegoría para hablar de la actual situación de
Chivas, pero en fin.
Tras el inicio del torneo de Clausura 2015, Chivas parece
tener argumentos para no descender. Y aún si descendiera, no habría que
alarmarse de más, porque aún en el peor escenario, los partidos de Chivas se
mantendrían en las pantallas de televisión, mismas que le seguirían incluso a
tercera división si fuera necesario. Contratos de televisión asegurados,
patrocinios, inversiones y una estrategia de mercado que los llevaría al
ascenso en un año no faltarían. El fenómeno de Chivas no es ni casual ni finito
y en gran parte, el éxito asegurado que tendría Chivas incluso en la Liga de
Ascenso se debe a Jorge Vergara.
No hay alarmas ni focos rojos en Chivas, eso es una mentira.
Chivas es un Iceberg cuyo pico está abollado, pero que con los vientos
adecuados se volverá a formar aún con más solidez para erigirse majestuoso ante
los demás bloques de hielo dispersos en el mar.
Para terminar, un simple detalle en reconocimiento a la
afición chiva. Cuando el equipo de primera división ha tenido sus peores
momentos, el estadio queda vacío, lo cual no habla de desidia, sino de una
afición madura que entiende lo que se debe apoyar. Si el equipo se encuentra
aburguesado, si no se ofrece espectáculo y las derrotas vienen de la mano de la
indiferencia de jugadores y entrenadores, no hay motivo para asistir al estadio.
No se trata de “apoyar hasta que duela”, sino de apoyar con sentido. Que griten
y canten a quienes les paguen o quienes no tengan otro motivo de felicidad en
su existencia que su equipo local de fútbol. Quien sabe del deporte, quien
entiende lo que debe ser un espectáculo deportivo, no necesita una trompeta y
un tambor para animar demostraciones bochornosas. El aficionado de Chivas no es
un novio codependiente en una relación disfuncional, sino alguien con
determinación y dignidad que sabe decir “Hasta aquí”. Por razones como estas
Chivas es grande. Una grandeza que ni se compra, ni se inventa ni se impone. ¿Es
Chivas el mejor club del fútbol mexicano? Deportivamente, el primer equipo no
lo es. Sin embargo, en muchos, pero muchos otros aspectos, Chivas es un club
con desarrollo sustentable. Y eso, en México y en el mundo, se agradece.









