miércoles, 29 de noviembre de 2017

Everything now...

Después de escuchar tres veces el álbum de Arcade Fire, lo definiría como un álbum nostálgico, que con su crítica a la posmodernidad me generó cierta ansiedad, tanto por la lírica como por los ritmos.



Hace tiempo se me ocurrió una teoría social en que mi postulado era que las personas (inter)actúan con base en la desesperación que sienten por las precarias condiciones sociales a las que se enfrentan. “Estudia con miedo a reprobar para que al titularte consigas un trabajo y vivas con miedo de perderlo, con miedo de no tener cómo sostenerte a ti o a tu familia, vive con miedo de perder a tu pareja quien se puede ir con alguien más, con miedo de que secuestren a tus hijos, de no lograr lo que desees y que tu vida no tenga sentido”.

A las personas se les asignan tareas y se les suprime la libertad creativa, porque proponer es un gran “contra” al que los empleadores no quieren enfrentarse. Y al aplastar la creatividad, no dejan que los individuos piensen en “lo que quieren” sino en lo que “tienen que hacer” para sobrevivir. Estas condiciones generan estrés, y este estrés se va acumulando y escala hasta convertirse en determinados puntos en desesperación, tanto por motivos económicos como de pareja, culturales, espirituales… el individuo ya no sabe qué hacer y es ahí donde hace acto de presencia la industria, que va dictando y te va guiando para decirte cómo ir apaciguando este dolor espiritual que te deja la desesperación: toma cerveza y se te olvidan los problemas; cómprale juguetes a tus hijos y te van a querer; diamantes a tu esposa y no se va a ir con alguien más; come en restaurantes caros porque eso te da estatus (aunque a tú y tu novia babeen por los tacos de la esquina), al igual que una camioneta (que es complicado manejarla en la ciudad), trajes caros (aunque sean incómodos) y, en general, dedica tu vida a hacer todo lo que se te diga que te va a generar felicidad.

 Y el álbum de Arcade habla de eso. Mucho se ha hablado de la temática de “Everything now” (la canción), pero sigue muy cruda la crítica con Signs of Life y ni se diga con Creature Comfort, en donde precisamente se habla del dolor que se siente al no alcanzar un ideal, ya que la persona ni siquiera entiende ese “ideal” porque no es un ideal propio, sino uno que se va creando con estímulos exteriores, lo que lo hace un ideal fatuo. Lo grave es que ese conflicto hace que muchas personas, sobre todo los adolescentes, lo transfieran a una carencia de sentido total que los orilla al suicidio y de ahí se liga Creatur Comfort con Good god damn, la cual me causo escalofríos, porque la voz se torna hasta cierto punto espectral, como un fantasma, me imaginé a Ryuk acercándose a la persona que está por suicidarse mientras en el fondo va entrando a pasos un sonido agudo que no pude identificar bien…

Chemistry te habla de la banalidad de las relaciones en nuestros tiempos. La carencia de compromiso, que también tiene que ver con mi teoría, el sentido de “ten miedo de que tu pareja te abandone por irse a una noche de placer con alguien más quien le puede ofrecer algo que tú ya no le ofreces”. La contra a Chemistry es Peter Pan, que te habla de un amor idealizado, que suena tierno, pero que desde el título se torna irreal. Es como decir “abandonemos este dolor de la cotidianeidad y fundámonos en la irrealidad del amor”. Me remite a Inception, la pirinola que nunca deja de girar, dándote la posibilidad de vivir con soma en una irrealidad que es preferible a lo que te encuentras día a día.

Infinite content no tiene demasiado que analizar, habla precisamente del bombardeo visual de las redes sociales, de la televisión, de la vida misma en la sociedad neoliberal: gastar el dinero en la felicidad... pero aquí lo interesante es precisamente la dualidad de las dos versiones, el contrapunto entre quien vive a full y quien se lo toma con calma, pero a la vez, sin importar el espectro desde el que se vea, ambas personas viven bajo el mismo paradigma: gastar dinero para ser felices en un círculo en donde estarás bien mientras tengas dinero.

Electric blue me hizo sentir una especie de robotización, esta cuestión de que hombres y mujeres pierden su individualidad, no existen características que los hagan especiales y al encontrar una pareja, no es porque sea un hombre/mujer especial, sino porque todos-y-nadie son especiales. Sólo que esas dos personas coincidieron en espacio y tiempo y por eso están juntas, pero cualquiera es lo mismo, como si se tratase de una producción de humanos en serie, robotizados, que sólo existen por existir. En "Put your money on me", veo a una persona con mucha confianza que sabe que es imperfecto, pero que le dice a su pareja “apuesta por mí, tenemos todo en contra, somos imperfectos, todos saben que soy una basura, yo mismo sé que soy una basura, pero si apuestas por mí, siempre voy a estar a tu lado”. En cierto punto, creo que es la canción más “romántica” del álbum, porque te habla de personas reales, sin ensoñaciones. El tipo dice “esto es lo que soy, quizá no te convengo, hay mucha irrealidad en lo que decimos y lo que hacemos, pero al final, estoy junto a ti y no te quiero dejar”.

Y termina el album con "We don’t deserve love", una canción tristísima y deprimente que te habla del momento en que, a pesar de todas las “´posibilidades” que te da la vida para ser feliz, a pesar de que se te dice que el dinero puede darte la felicidad, “Mary espera en su solitaria torre”… Esto me remite a que Mary es una “princesa” que lo tiene todo, excepto el amor de quien es su pareja, incluso de sus padres. Te habla de cuando se acaba el “amor” (o lo que te hacen creer que es el amor: un matrimonio o la simple compañía para evitar la soledad).

Y el disco cierra con una genialidad con la continuación de Everything Now, en donde, después de destrozarte con todas estas temáticas, cuando el individuo queda reducido a nada y existencialmente te vapulean, viene un renacer. Y no sólo en la lírica, sino en la música, los violines son el elemento clave porque te regresa al sentido armónico del arte, de la creación, de tomar el control, de experimentar de nuevo tu humanidad. La música es tan ligera que me remite a un despertar, a un amanecer con un sol relumbrando de nuevo. Te transmite paz y esperanza. Y eso, por si no tenías la piel ya chinita por algún aspecto particular del disco, al terminar la secuencia completa, te hace casi llorar.

lunes, 5 de junio de 2017

Sobre Andrés Manuel y el Atlacomulco FC

AMLO declara la mañana posterior a las Elecciones en el Estado de México: 

"Los resultados dan como ganador al PRI en el Estado de México. Por las condiciones en que se dan los resultados, es difícil de digerir, pero lo reconocemos y lo aceptamos. 

Agradezco a la maestra Delfina por su incansable lucha, su entusiasmo y su perseverancia durante la campaña... y a todos los que confiaron en nosotros, les tengo todo el respeto y agradecimiento por atreverse a luchar por la libertad, por buscar activamente un futuro mejor y quiero decirle a nuestros partidarios y a todos a quienes decepciona este resultado, que en la lectura general, la verdad es que no perdimos en el Estado de México. 

La democracia es un proceso largo y nuestro partido (MORENA) ha evolucionado a un grado tal que en el bastión del grupo de Atlacomulco, el único lugar donde el PRI se podía sentir seguro de ganar, han demostrado debilidad, han tenido que incurrir en prácticas que hacen dudar de la validez de los resultados para tener un margen de apenas dos puntos porcentuales. Toda la maquinaria se echó a andar: compra de votos, despensas, efectivo, registro de votos de más para su partido en las actas y las vueltas de antología en el PREP. Y aún así, con todo su esfuerzo y empeño, en su casa, apenas nos sacaron dos puntos porcentuales de "ventaja". No importa. 

Felicidades al candidato Del Mazo y nuestras condolencias para la gente del Estado de México, quienes tendrán que soportar seis años más la pobreza, la violencia, la inseguridad que ha traído la Mafia del Poder al Estado. Pero aún hay esperanza. Nuestro movimiento se ha posicionado muy por encima de otros en las preferencias y los resultados nos avalan. 

Hoy jugamos en su cancha y con muchos problemas, en tiempo de reposición y con ayuda del árbitro, apenas lograron la victoria. El próximo año, cuando llevemos la contienda a terreno neutral, a nivel Federal, con un juez imparcial y con la sociedad y la historia como testigos, nadie podrá detenernos. 

Lo que pasó en el Estado de México es parte de nuestro proceso de ascenso. Nos duele no haber logrado la gobernatura, pero el apoyo que hemos conseguido en un Estado tan importante, nos fortalece y nos da la confianza de que México ha despertado a tiempo. Nosotros somos la verdadera oposición y está demostrado que si queremos, podemos remover a la Mafia del Poder de su pedestal. 


Todos los que estamos en contra del gobierno actual, debemos cerrar filas en torno a nuestro movimiento, unirnos bajo una sola bandera en vez de seguirnos fragmentando, hacer del voto de oposición un voto útil sumándolo a nuestra causa para que, con miras a las elecciones federales de 2018, no sólo estemos ahí, sino que la voz de la esperanza y la libertad haga retumbar a nuestro país, que los cimientos de la corrupción y de la impunidad se resquebrajen con nuestra energía y que la victoria que logremos en el 2018 nos dé finalmente la posibilidad de transformar el futuro de México"

O, bueno... esa sería mi estrategia si yo le escribiera los discursos al Peje, en vez de impugnar y hacer manifestaciones y plantones que está demostrado que en nada ayudan salvo que vengan acompañados de violencia, pero como no estamos en tiempos de Villa, ni la sociedad está lo suficientemente jodida como para tomar las armas sin importarles lo que suceda, es mejor buscar otras formas para lograr cambios. 


No soy fan del Peje, pero me llama mucho la atención su poder de convocatoria y el hecho de que ha posicionado a un partido desde cero hasta convertirse en diez años en una fuerza política demasiado seria a nivel nacional y en el análisis político, es interesante analizar sus probabilidades y los mejores escenarios para darle continuidad a su crecimiento. 

Desafortunadamente el populismo en México atrae más con cacerolazos, victimizaciones y martirizaciones que apelando a la razón... Al final del día, cada pueblo tiene el gobierno que se merece. 

jueves, 2 de marzo de 2017

The Northern Wind

The Northern Wind

And then, one day the wind fell in love with the fisherman's daughter. From the first day he saw her playing on the beach, the wind couldn't resist her charm, so he swore to always protect her, spoil her, be there in good and bad times, in health and ill, till the end of times.

The wind saw the girl becoming a woman, and every day his worshiping grew with every smile, every look, every word, even with every tear... the wind was always there to comfort her with a warm breeze when she was sad, a gale when she defiantly wanted to play, he pushed the waves to bring fish to the shore when she was hungry, he joined her calmly standing in moments of reflective peace, and sometimes wishpered her his love during her last glimpse to the ocean before the sunset. The wind was happy, and she seemed to rejoice her moments spent with him as well. Those were happy times for both of them...

But then, one day, a storm came, and the wind was hit with rage, uncapable of stopping the strom's thirst for destruction. The wind was crushed, but with his last breath, sent the warning to the beach, so the fisherman's family knew that chaos was coming.

The girl, sitting on the porch, sensed the warning, ran to tell his father, the rumor was spread, and promotly everyone in the village packed and left. Safely on the road, the girl's family saw their house being savagely destroyed by the storm, every inch of the wooden house was torn apart, and with tears on their eyes, they decided it was time to move on, to find a new place to settle, and never look back.

After several days, the storm got bored and left; the wind finally stood up and reached the place where the fisherman's house used to be: only debris and ashes he found, no trace of people at all, only the remains of a life he was hoping to get back some day...

So, the wind waited. People returned and built again, because that's what people do: endure, keep fighting, trying again. But her beloved girl never came back.

The wind kept providing, helping the other fishermen to get established and continue their regular chores. But the wind was hurt. Snowflakes started growing from its core. The once warm and gentle breeze became an icy zephyr, which eventually froze the shore, leaving barely enough conditions for the fishermen to live. The village survived, but the wind didn't.

After some time, the girl came back to the village, a quick visit on holidays to tell her children the stories of her childhood, about the fishermen, the sea, the happy memories she had playing in the ocean, and how majestic the wind once was, before they had to runaway and change their lives because of the storm.

The wind saw again her beloved one, but it was too late, as he knew he meant nothing but a memory to her, and she would leave sooner than she arrived.

They played, the kids laugh, the girl seemed to enjoy every part of the day. But then, the sunset came, and everyone of the family jumped to the car for the long ride home... And the wind, with a last glimpse of hope, stayed and waited... waited for a goodbye, with a magnificent icy sunset at his back... but this time, the girl didn't look back.

"I'm tired of memories", the wind said. "I only wished, for once, that someone decided to stay"... And so, he left the village, flew to the north, and it's icy breeze was never felt again...

jueves, 10 de marzo de 2016

Pumas y el Fascismo comercial



Pumas y el Fascismo comercial

Momentos antes de abordar el avión que lo trasladaría a Tuxtla Gutiérrez para jugar un partido de copa ante los Jaguares de Chiapas, Tomás Boy, actual técnico del Cruz Azul, realizó una severa crítica a la costumbre que tiene el equipo de los Pumas de la UNAM de entonar el himno DEPORTIVO universitario antes del inicio de cada partido durante una ceremonia protocolaria la cual, de acuerdo con el club Pumas, “intenta crear una atmósfera de unión antes de los eventos deportivos”. 
 
De acuerdo con Tomás Boy, “Es incorrecto que el equipo tenga que esperar 10 minutos para que ellos (los Pumas) hagan un himno que, desde mi punto de vista, es fascista”. Era de esperarse que los aficionados del equipo (que no así la comunidad universitaria) incendiaran las redes sociales tachando el comentario de iletrado, fuera de contexto, grosero, inculto y hasta fascista per se. 



Sin embargo, hay que tomar el concepto utilizado por Tomás Boy con cautela y analizar las implicaciones reales que tiene de forma más profunda. Si bien es cierto que el fascismo fue un sistema fallido por el curso de la segunda guerra mundial y posteriormente aislado y criticado desde fuera durante el régimen franquista en España, bien vale la pena hurgar y tratar de entender las connotaciones posmodernas que presenta el fascismo en nuestro sistema económico y social dentro de la realidad mexicana de hoy en día. 

Para quienes interese el tema, empecemos por definir el Fascismo utilizando conceptos muy básicos. Leamos con cuidado y atención: 

De acuerdo con Wikipedia, “el proyecto político del fascismo es instaurar un corporativismo estatal totalitario y una economía dirigista, mientras su base intelectual plantea la sumisión de la razón a la voluntad y la acción, aplicando un nacionalismo fuertemente identitario con componentes victimistas o revanchistas, lo que conduce a la violencia (ya sea por parte de las masas adoctrinadas o de las corporaciones de seguridad del régimen) contra aquellos que el Estado defina como enemigos mediante un eficaz aparato de propaganda; todo esto aunado a un componente social interclasista y una negación a ubicarse en el espectro político (izquierdas o derechas)”.

Desglosemos el párrafo anterior aplicando directamente cada segmento al club Pumas UNAM, utilizando un enfoque reduccionista con miras hacia la construcción del fenómeno en su amplitud, empezando el tema recordando la idea de que el equipo de fútbol de los Pumas de la UNAM no responde a los intereses de la Máxima Casa de Estudios del país, sino que es una asociación privada que por medio de un convenio de licencia tiene autorizado utilizar el nombre, el logo, los colores, el estadio y la base de seguidores de la UNAM para explotarlos comercialmente, generando contratos con patrocinadores (Banamex, Coca Cola, Nike, etc.) para obtener beneficios económicos que llegan a las arcas de la asociación privada, más no así para la propia universidad, quien recibe una cantidad mínima por el uso de los símbolos y las instalaciones universitarias. 



Una vez que entendemos que el equipo de Pumas NO REPRESENTA A LOS VALORES UNIVERSITARIOS, sino que es una EMPRESA PRIVADA que busca obtener beneficios económicos al explotar comercialmente una imagen, el camino hacia entender el uso de prácticas fascistas mercantiles por parte de los Pumas (así como lo hacen la mayoría de los equipos del fútbol mexicano) se va abriendo. En una economía de mercado donde la “competencia democrática” por la amplia oferta aparenta ser la vía, la búsqueda por la imposición de condiciones de una marca para ganar el mercado suele tomar tintes fascistas en diversas formas.

La definición antes propuesta sobre el Fascismo inicia con la idea de que “El proyecto político del fascismo es instaurar un corporativismo estatal totalitario y una economía dirigista”. Pensemos por un momento en Coca Cola, una bebida la cual siendo un producto comestible, se ha convertido no sólo en un ícono de la cultura popular, sino que ha generado tal identificación que divide ideologías. Uno puede ser bebedor de Pepsi o de Coca Cola. Más aún, no sólo de Coca Cola, sino de toda su gama de productos. Hablando de su gama de productos, Coca Cola, como empresa, se ha ido adueñando de sectores de la industria y hecho alianzas comerciales que al identificar el capital amasado, la empresa bien podría colocarse en términos económicos por encima de la captación y distribución de recursos de muchas naciones. No está lejos el día en que Coca Cola adquiera un pedazo de tierra, promulgue una constitución e instaure el país Coca Cola.  

La marca se materializa en algo más que un producto, se convierte en un emporio económico que por su esencia, es parasitario. No se conforma con una parte del mercado, busca adquirir más y más y cada decisión que se toma es para un solo fin, para servir a un solo jefe, es una estructura piramidal por completo en donde quien paga tiene el control y cada decisión que se toma en los altos niveles es para generar más riqueza, sacar más ventaja económica sobre los competidores y posicionarse por encima de todos los demás, incluso fuera de su ámbito de competencia directa. 

Bajo esta lógica de mercado, en donde las prácticas competitivas de una empresa se basan en principio en un corporativismo totalitario que tiene como fin la imposición (posicionamiento) de un producto, de una ideología, y siendo que estas prácticas competitivas se manejan bajo la lógica de una economía dirigista con fines específicos, el llamar a una empresa que compite en el mercado neoliberal como Fascista no parece tan alejado de la realidad. Y si transferimos estos conceptos al caso de los Pumas de la UNAM, una asociación a la que ya hemos establecido como una empresa comercial privada y no como un equipo representativo estudiantil, las ideas aquí expuestas no sólo aplican al mismo, sino que son parte coyuntural de su esencia y que se vuelven incluso más perversas que en el caso de Coca Cola por lo que ante el público “representa” la UNAM. 

Coca Cola es una empresa privada a la cual llamarla fascista no parecería mayor pecado. Pensemos en el caso del Club América, el cual, perteneciendo a una empresa como Televisa, si alguien le acusara de realizar prácticas fascistas, no se generaría mayor revuelo debido a que comercialmente, su forma de actuar, de vender y de manejarse responde a las necesidades comerciales de su matriz, por lo que competir con herramientas fascistas en el régimen actual, no sólo es una opción, sino un elemento vital para su supervivencia. Sin embargo, al tratarse de LOS Pumas, se genera escozor en la sociedad porque todavía en el ilusorio imaginario colectivo, los Pumas representan a LA Universidad y asocian a sus símbolos con los valores universitarios: el conocimiento, la sabiduría, el progreso, la juventud, el futuro… Y en ese sentido, llamar fascista a uno de los símbolos (el himno deportivo) de una institución educativa en pro de los valores más puros del espíritu humano, es una aberración y es entendible el descontento social generado entre el vulgo inculto por el “insulto” que profirió Tomás Boy al tachar el himno de fascista. 



Sin embargo, lo que tanto los medios como los doctos en el tema intentan obviar en respuesta a los intereses de los grupos de poder que están detrás de Pumas y del fútbol mexicano, es el hecho de que Pumas NO ES la Universidad, no representa a la universidad en términos reales, es decir, no fomenta los valores de la máxima casa de estudios, sino que responde puramente a una cadena mercadológica creada por la FEMEXFUT en donde la lógica de tener a un equipo que use la bandera de “Estudiantil” es bastante redituable debido a que abarca a un amplio nicho de mercado (jóvenes indecisos y desubicados o chavorrucos en búsqueda de una identidad rebelde y contestataria) que otros equipos no ofrecen por sus características y que se ha vuelto con el paso de los años en una cantera, ya no de talentos, sino de recursos económicos para todos los actores involucrados en el sistema organizativo del fútbol mexicano e internacional. 

Siguiendo con la disección del fascismo, se dice que “su base intelectual plantea la sumisión de la razón a la voluntad y la acción”. En el ámbito del fútbol, las estrategias comerciales ya no apelan a si un equipo juega bien o mal (el espectáculo es lo que menos importa) sino al apego hacia los colores y la bandera. No se busca que el aficionado compre un boleto o una camisa con base en lo bien o mal que juegue el equipo, sino en la identificación arraigada que se tenga con él. “Los verdaderos aficionados están en las buenas y en las malas”. “Cómo no te voy a querer, si mi corazón azul es, y mi piel dorada, siempre te amaré”. Como ya he comentado en un ensayo previo, la estrategia es lograr que los aficionados actúen, que vayan al estadio voluntariosos a cantar, a gritar, a comprar cervezas, tortas, camisas, gorritos, cornetas, etc. No importa que el equipo pierda, toma la coca cola que patrocina al equipo, rehidrátate con Gatorade, compra los boletos en Ticket Master con tu tarjeta exclusiva Pumas Banamex… Actúa, consume, sé parte de nosotros adquiriendo lo que te damos, pero no cuestiones si el equipo va bien o va mal, porque los mejores aficionados “se mueren con la camiseta puesta”. 



Siguiendo en este orden de ideas, se dice que el fascismo “(aplica) un nacionalismo fuertemente identitario”. Las marcas (como Pumas o cualquier otro equipo del fútbol mexicano, para no abarcar más allá del presente caso) ya no sólo aspiran en este sistema neoliberal a vender productos, sino a lograr identificación y una vinculación más profunda con sus compradores. Que el aficionado “se la crea”. Hacerlos que se comprometan con la marca, ya sea por identificación (me gusta la marca), por miedo a la exclusión (si no me gusta la marca, me rechazan/me sacan del grupo) o incluso por ciertos niveles de coerción (los químicos de la Coca Cola generan tal adicción que físicamente me hacen regresar a comprar el producto por una necesidad física, de la misma forma que “El que no brinque es Güila” y si me ven con una camisa del Ame en la Rebel me rompen la madre). 

En este sentido, siguiendo con nuestra definición inicial, la generación de identidad en el fascismo implica “componentes victimistas o revanchistas, lo que conduce a la violencia contra aquellos que el Estado defina como enemigos mediante un eficaz aparato de propaganda”. No sólo verbalmente la gente de Pumas es adoctrinada para insultar a los rivales (Chivas = Birrias/Perras con cuernos; Águilas = Güilas, zopilotas; Celestes = Albañiles/chemos), sino que las mismas porras/barras tradicionales utilizan la violencia física contra los que no pertenecen a su grupo, y de ahí los conflictos que se generan en mayor o menor escala en cada partido entre Pumas y América, por nombrar un ejemplo. Si bien las broncas en las tribunas y afuera del estadio se generan de la nada, habría que esperar a ver lo que pasa si Darío Verón arenga a la tribuna para ir a golpear a los americanistas. No se utiliza, pero el poder de coerción y violencia está latente en todo momento entre la masa. “Defiende a los tuyos”. 



Lo curioso es que a niveles directivos, maquiavélicamente, a pesar de que la violencia es “reprobada” por las autoridades y aún cuando se busca promover “estadios seguros” en el fútbol mexicano, el componente violento siempre trae un “atractivo especial” a la ecuación. Se exaltan rivalidades creadas de la nada, se promueven los Clásicos para que haya más revuelo y que en la semana previa crezca la derrama económica (¿Desde cuándo un Pumas vs. Cruz Azul se volvió un Clásico?) y en general, aunque no se diga, el conflicto y la animadversión creada entre rivales forma parte de la ecuación en un negocio que se vuelve redondo. En otras palabras, se crean poderosos “enemigos comunes” mediante un aparato propagandístico para justificar el victimismo y hasta la violencia. Algunos utilizaron a los judíos, otros a los gitanos, otros a los negros, otros a los homosexuales… Pumas utiliza a los “Ames”. El fin práctico del posicionamiento de una ideología sobre otra es el mismo. 



Tristemente, y ya para ir cerrando el círculo de las prácticas fascistas en la mercadotecnia de los Pumas, la identificación del aficionado con el equipo juega un papel crucial para el posicionamiento de marca y ésta se ha logrado a través de la prostitución de los símbolos universitarios con fines comerciales, desde los valores de la UNAM como institución educativa que se utilizan como representativos inherentes al equipo de fútbol (aberración total), hasta el uso de símbolos y cantos como el Goya o el Himno Deportivo Universitario. Y aquí llegamos al tema del himno fascista. 

Por si no ha quedado aún claro, el himno como tal no es fascista y quizá la semántica no le ayudó en la declaración a Tomás Boy. Sin embargo, el uso del himno deportivo universitario en partidos de fútbol de un equipo que no representa a la UNAM y que prostituye a sus símbolos con fines de posicionamiento comerciales para ganar mercado y situarse como una empresa con preponderancia ante sus competidores, sí puede considerarse como una práctica inherentemente fascista en términos comerciales, ya que se utiliza un símbolo para adherir identidad a un producto, para que el aficionado, sin uso de razón y sólo apelando a la emoción y a la acción, se vuelva parte de algo que lo defina, rechazando a los demás, formando parte de la “Nación Puma” y dándole así beneficios económicos a una corporación cuyo objetivo es el posicionamiento totalitario en su expansivo nicho de mercado. 



La UNAM no es fascista. Las prácticas comerciales del equipo de fútbol que comercializa los símbolos de la UNAM tienden a serlo. Y el que se prostituyan mojigatamente los valores universitarios por unos pesos, como egresado de la UNAM, me molesta aún más que el comentario de Tomás Boy, a quien le agradezco poner en la palestra un tema del que no se comenta porque daña a los intereses comerciales de muchos, pero que al menos hoy, puede salir a la luz de este análisis.

lunes, 26 de octubre de 2015

La tumba de Clifford Jones


Clifford Jones… Sólo un nombre en una tumba que me atrajo sin motivo ni razón… Padre de nadie, hijo de nadie, amigo de nadie… Una lápida corroída sin epitafio, sin fechas, sin flores… Se parecía a mí en cierta forma.

Había adquirido la costumbre de visitar cada año el cementerio de St. Winston en la fecha en la que se cumplía un aniversario más de la formalización del término legal de mi matrimonio con mi antiguo esposo, Mike Hollins…

“Mike Hollins”… Qué nombre tan detestable… Pensar en ese nombre ya no me hacía recordar los momentos románticos de nuestros años en la Universidad de Oxford, ni la rosa color violeta en cuyos pétalos se encontraba el anillo de compromiso que me dio, ni nuestra luna de miel en Innsbruck, ni la forma tan apasionada con que en muchas ocasiones hicimos el amor…

No. Ahora ese nombre me recordaba únicamente su mirada colérica y sus manos ensangrentadas, arremetiendo una y otra vez en contra de mi cuello… mis gritos cada vez más elevados y la sombra de la lucha en que un par de vecinos sometían a Mike, misma imagen que apenas me fue imperceptible antes de perder el conocimiento en aquella fatídica tarde de diciembre.

Nadie en mi familia supo nunca sobre los abusos que Mike cometió conmigo durante los últimos dos años de nuestro matrimonio. Los golpes, los ultrajes, la tortura sicológica a la que me sometió ante mi imposibilidad de darle un hijo… Y de igual forma, nadie sabía de este ritual en que se habían convertido mis visitas anuales al cementerio en el aniversario de nuestra separación en busca de su tumba.

Sabía que los tres años de prisión a los que fue castigado y una orden de restricción bastante estricta nunca serían suficientes para calmar su odio ni para mantenerlo lejos de mi vida y obtener la tranquilidad de encontrarme finalmente libre de tan cruento demonio…De cierta forma, sentía la necesidad de asegurarme de su desaparición total antes de poder seguir con mi vida…

Era el sexto año después de haberme divorciado de Mike y luego de realizar mi recorrido tradicional de dos horas por todas las lápidas de un cementerio vacío, en una fecha en la que nadie visitaba a sus difuntos, finalmente acepté que sería un año más en que no tendría el placer de llorarle en su sepulcro, de golpear la tierra en que yacía y de dar vuelta a esa gris página de mi vida a la que invariablemente tenía que regresar de vez en vez para asegurarme de no cometer los mismos errores.


El reloj marcaba las once de la mañana, pero como en la mayoría de los días invernales en el condado de Queensland, las nubes cubrían el cielo sin dejar un sólo resquicio al asomo de un rayo de luz. Un cielo frío y gris previo a la fecha del Primer Adviento, a una celebración religiosa de mejores augurios, de un cambio positivo para el futuro… la analogía perfecta de mi vida.

La tumba de Clifford Jones era la última parada de mi visita antes de regresar a mi cotidianeidad; me incliné un poco a limpiar las hierbas secas que cubrían la lápida y alcancé a observar una leyenda casi imperceptible que estaba grabada en la base: “No llores por mí, regocíjate por mi muerte…”
-Vaya actitud ante la vida…- Pensé… –O ante la muerte…-

Un escalofrío recorrió mi cuerpo al pensar en que algún día sería la compañera, no sólo de cementerio, sino de la suerte de Clifford Jones… Lejos de mi familia, de mis amigos, del futuro que nunca fue y que nunca sería… Sin hijos, sin esposo, sin un trabajo que me llenara, sin una vida plena…

Todo se suscitó muy rápido… Al sentir el estrépito con que golpeaban mi alma esas palabras tan poderosas escritas en la tumba de un completo desconocido con el cual sentía más empatía que con cualquier otro ser vivo en el mundo, no pude evitar derramar una lágrima al mismo tiempo que el cielo retumbó ante la caída de un rayo, el cual anunciaba que la lluvia no tardaría en caer.

La primera lágrima que derramé cayó directamente en la manga de mi suéter, el cual se empezó a derretir, como si se tratase de algún tipo de ácido corrosivo y penetró mi ropa hasta llegar a mi piel, quemándola y perforándola hasta dejar expuesta mi carne viva.

Sentí como si un fierro ardiente hubiera penetrado cada tejido de mi piel, ante lo cual yo grité e involuntariamente las lágrimas siguieron brotando de mis ojos. Para mi desgracia, las lágrimas no cayeron directamente hacia el suelo, sino que resbalaban por mis mejillas, produciendo el mismo efecto corrosivo directamente sobre la piel.

Dolor, desesperación, no entendía lo que sucedía, pero para ese momento la razón se había nublado casi por completo ante la abundancia de dolor. Gritaba frenéticamente al sentir cómo mi cara se derretía en el camino que dibujaban las lágrimas… Caí de rodillas frente a la lápida de Clifford Jones…

Otro rayó volvió a cimbrar el cementerio.

Repentinamente comenzó a caer una leve brisa que, al tocarme, hizo el mismo efecto que mis lágrimas, carcomiendo mi cabello, mi ropa y posteriormente mi piel; no era una lluvia pesada que pudiera acabar de estrépito con mi sufrimiento, sino una simple brisa con gotas casi imperceptibles que actuaban como un fino polvo de cristal que penetraba en mi ser, causando el mismo efecto que cientos de cuchillas introduciéndose por cada poro de mi piel. 

La brisa terminó de corroer mi ropa, dejándome semidesnuda, apenas con jirones de lo que alguna vez fueran ropajes estilizados, con mi instinto de preservación dictándome que intentara cubrirme pero sin tener ya forma de hacerlo. Enconchaba mi cuerpo, mis brazos parecían flotar rígidos en un intento por detener el martirio, aunque este intento fuera estéril… La muerte estaba cerca, pero no tanto como para poder abrazarla y entregarme a ella… Aún no…

Sabía que no podía escapar, sería inútil correr o seguir gritando… Me comenzaba a hacer a la idea de que debía soportar en ese lugar hasta que todo acabara… A pesar del dolor, sentí un poco de paz al saber que mi sufrimiento acabaría… Hasta que oí su voz…

Giré mi cabeza un poco y al voltear, vi la silueta de un hombre se encontraba de pié, detrás de mí, asiendo un taladro entre sus manos; la lluvia corrosiva que me estaba matando poco a poco parecía no causar el menor impacto en él. Ante la sorpresa, grité profundamente a la vez que caía de espaldas sobre la tumba de Clifford Jones. Miré hacia arriba y pude ver brevemente el rostro de mi acompañante. Mike estaba ahí.

Lo curioso fue que al verme, no le causé repulsión, sino que él sonrió.

-Siempre odié tus gritos… odiaba tus gritos durante el sexo, odiaba tus gritos al verte enojada, pero sobre todo he odiado los gritos que no pude acallar hace siete años, porque al escucharlos, entendí que lo nuestro había terminado.-

Mi mente estaba nublada, mis sentimientos eran una tempestad incontenible y de alguna parte de mi ser surgieron las únicas palabras que en ese momento podían tener algún sentido… –Mike… Por favor…-

Él me hizo mucho daño en vida, pero sabía que me amaba, siempre lo supe y por ello no puedo juzgar su último como algo negativo; tampoco como piedad o misericordia; sólo puedo entenderlo como amor de verdad.

Con gran prontitud, Mike puso la punta de su taladro en mi garganta y lo accionó diciendo las dos palabras que en algún momento me hicieron sentir la mujer más feliz del mundo… Yo sólo pude corresponderle de una forma… No grité… Sentí cómo el taladro ingresaba en mi piel. Fue un poco desesperante al principio porque percibía mucho dolor por el rompimiento de mis tejidos e incluso cuando el fierro comenzó a hacer contacto con los huesos de mi garganta, la vibración de mi cabeza me provocó mucho estrés, pero la mirada de Mike y sus brazos sujetándome actuaron como un catalizador entre la agonía y la paz. Pronto mi alma escapó, dejando el cuerpo mortal de Joanne Summers para volver a formar parte del todo estelar.

Hoy entiendo las palabras escritas en la tumba de Clifford Jones y me siento feliz al verlas cada vez que regreso a ese cementerio y veo mi lápida junto a la de él, lugar donde encontraron mi cuerpo inerte, tendido, intacto, completamente ataviado, con el cabello brillante y la piel pálida que siempre me caracterizó, sin señal alguna de violencia física ni de causa alguna de muerte que no fuera el agujero de un taladro en mi garganta.

Mis padres honraron mi memoria con la misma escritura del lugar de mi última morada. Quizá significara algo para mí…

“Joanne Summers… 1973-2011… Amada Hija, Inmejorable Amiga…”
 “No llores por mí, regocíjate por mi muerte…”

Escrito por César Adair Tinoco López

lunes, 27 de julio de 2015

Cristian Martinoli, el Nihilista de la Crónica Deportiva



“Si la pelota no hubiera ido a donde estaba el portero, hubiera sido gol”
Raúl Orvañanos
“¡Suya, suya, suya, suya, la dejó iiiiiiiiirrrr.......!”
Enrique Bermúdez de la Serna

Hace unos días escuché a un locutor de radio apelando a la dignidad de su profesión para diferenciar entre lo que significa ser un verdadero Locutor de Radio (con “L” mayúscula) y ser un simple “presenta-canciones”. Mientras que un Locutor no sólo cimienta y distribuye ideas sino que construye un ambiente sonoro con su voz, con su personalidad, con su cultura y hasta con su sentido del humor, un presentador de canciones sólo está para llenar el silencio entre melodía-comercial-melodía.

Lamentablemente, la radio mexicana está llena de este último grupo de personajes, quienes más que generar contenidos atractivos y dar un valor agregado a su labor, se sientan en la ignominiosa palestra de los canales musicales para ganar dinero y fama mientras presentan contenidos burdos, que de repetitivos se vuelven populares a falta de una cartera más amplia de opciones, no por una carencia de creaciones musicales innovadoras, sino por la falta de interés o de flujos económicos que respalden a las mismas.

Este mismo principio puede trasladarse a la arena del periodismo deportivo en nuestro país, y en específico en el fútbol. No es lo mismo ser un simple “narrador de partidos” que un Cronista Deportivo (con “C” mayúscula). Mientras que el medio está lleno de narradores que siguen una escuela instaurada por merolicos de la narración quienes compiten por ver quien grita más fuerte y con eslóganes más vacíos pero atractivos para capturar la atención de más gente, son pocos los narradores que han buscado preservar la idea de que un partido de fútbol, más que la narración de la ininterrumpida secuencia visual, es una oportunidad para generar un contenido adicional que no sólo guíe al telespectador, sino que instruya, concientice y genere crítica por parte del aficionado, aparte de, en el mejor de los casos, entretener.

A quienes crecimos en los noventa, aún podemos recordar las transmisiones de altos decibeles pero poco profundas de Raúl Orvañanos y Enrique “el perro” Bermúdez, siendo éste último un ícono que quiso dar continuidad a la ruidosa y cautivante escuela de Ángel Fernández, narradores que siempre buscaron impactar a las audiencias con el ruido alto y las bromas baratas, poniendo apodos a los futbolistas y tratando de hacer cada vez más largos sus gritos de gol cual si fuera el concurso de maullidos de del Gato GC.



Por su parte, la alternativa a esta corriente siempre se encontró con narradores más mesurados como Juan Dosal, Jorge “el Che” Ventura, José Ramón Fernández y Emilio Fernando Alonso, quienes a pesar de su vasto conocimiento deportivo que en ocasiones cautivaba a los más entendidos en materia deportiva por su análisis crítico y sus perlas de conocimiento, siempre escatimó demasiado en el tema del entretenimiento, ya que escucharlos era como asistir a una clase de periodismo en vivo en la que el espectáculo pasaba a segundo término. Encontrar un momento cómico en sus narraciones era lo mismo que encontrar una papa Curly en una orden de papas a la francesa.

Quizá el primer narrador del que tengo memoria que logró combinar un estilo desencajado con sabiduría, filosofía, datos técnicos y que a la vez transmitía buena vibra fue el Cronista de atletismo y fútbol americano José Roberto “Pepe” Espinoza (QEPD), quien daba a cada una de sus intervenciones un toque de humor fino mezclado con crítica y conocimiento de causa. Destacable en este sentido el trabajo de Antonio de Valdés, Enrique Burak, Pepe Segarra (Sony Alarcón y Pedro “el Mago” Septién para quienes los recuerden), quienes de igual forma daban (y algunos siguen dando) un ambiente especial a sus transmisiones deportivas. Curiosamente, estas joyas del periodismo deportivo no narraban ni narran fútbol a pesar de los intentos de Televisa por incluir a Toño de Valdés en las previas de los partidos moleros de la selección. Por algo será. 



Y es que, por ejemplo, no cualquiera entiende el fútbol americano, por lo que en el afán de simplificarlo, en la actualidad la gente de TV Azteca que transmite la NFL ha decidido copiar el modelo decibélico del “perro” Bermúdez al presentar durante tres horas sólo las anotaciones y los golpes más ¡Brutales! (así, con mayúscula y con signos de admiración) de la jornada. Sin duda, una fórmula que gana adeptos y genera expectación entre los NO aficionados, convirtiéndose en oro televisivo para las burdas masas que se acercan y consumen al fútbol americano de la misma forma que verían un programa de Laura en América.

Cuán triste estaría Pepe Espinoza de ver en lo que su patiño Enrique Garay ha convertido el espacio de fútbol americano del canal 7 en estos días. Una transmisión no secuencial de tres horas en donde las palabras más utilizadas son “¡Bajan!” y “¡Tómala papá!” mientras se llenan los espacios visuales con el cosificado cuerpo de Inés Sáinz y otras modelos que los comentaristas no escatiman en exhibir libidinosamente. El fútbol americano en TV Azteca ya no es digno de verse para alguien que entiende y quiere al deporte. 



Volviendo a la No. 5, el fútbol es un deporte aparte y es que su afición es variada por la naturaleza simplística de su esencia. “Qué flojera aprenderse eso del “holding”; además, me hablan en inglés todo el tiempo, ni le entiendo, mejor vamos a ver la peli del 5”. “El básquetbol lo cortan a cada ratito, hay como mil comerciales, además de que hay como trescientos cincuenta mil puntos en cada partido. ¡Así uno ni se emociona!”. “¿Y esos panzones del beis qué? Aburre sentarse tres horas a ver quién le pega a la pelotita... A ver a qué horas tira el pitcher luego de las veinte señales que le mandan. Además, el mexicano sale una vez cada tres entradas, ¿así que chiste?”. Y el Hockey... (Entra sonido de grillos). “Pásasela al Cuau... ¡¡¡AL CUAUUUUU!!!” Qué mejor forma de entender al aficionado mexicano promedio del fútbol.

En este contexto de la historia del cronismo y la narración deportiva, entran un par de figuras que en la actualidad se han convertido en líderes de opinión en temas de fútbol en tanto que han logrado combinar de una forma casi caricaturesca un humor dirigido a millenials con la sapiencia periodística, analítica y crítica del deporte, haciendo que la voz autorizada de alguien que entiende de estos temas llegue tanto a viejas como a nuevas generaciones de aficionados ávidos de ser más partícipes que espectadores del deporte.

Cristian Martinoli y Luis “El Doctor” García han conseguido que su estilo se imponga en la percepción general del público ante las planas y oficialistas narraciones de Televisa. Con un estilo propio al que han denominado como el “Payasismo Deportivo” mediante el cual utilizan un sentido del humor sarcástico y hasta negro, mezclado con crítica tanto institucional como sociológica, los narradores insignia de TV Azteca transgreden las normas de lo “políticamente correcto” para generar opiniones y controversia en temas que van contra el estatus quo, que la gente conoce, pero que pocos tienen poder de injerencia para expresar. En otras palabras, se han convertido en la “voz del pueblo”, de un pueblo consciente al que no le gustan los manejos que se hacen con determinados productos mediáticos, señalando puntualmente y con vehemencia lo que es incorrecto, con conocimiento de causa desde dentro, pero haciendo ver el sentimiento que se percibe desde fuera.



Luis García siempre fue tildado como inculto durante su época de futbolista. Recuerdo que en mi infancia el “niño artillero” era el ejemplo que nos ponían ante la disyuntiva de “¿quieres estudiar o quieres ser futbolista?”. “Creo que ese ni terminó la secundaria, ¡y míralo!” solía escuchar comúnmente por la calle. Su clara antítesis era Hugo Sánchez, universitario quien terminó la carrera de odontología y que era el ejemplo con sus anuncios de Colgate de la posibilidad de ser exitoso en los estudios y en el fútbol. Sin embargo, las medias vueltas fulminantes del Doctor y sus dos goles contra Irlanda siempre le dieron bastante crédito en la cancha.

Con el tiempo, tras su etapa como futbolista, Luis García empezó a casarse y a divorciarse con la misma frecuencia, a la vez que intentó ser directivo, fue acusado de violencia doméstica tras su matrimonio con reconocida actriz de telenovelas y películas, y luego de un corto andar fuera de las pantallas, regresó a formar parte del grupo de analistas de TV Azteca con José Ramón Fernández, en donde comenzó a hacer pareja con Cristian Martionli, iniciando así un estilo desenfadado y que fue cambiando la percepción de Luis, de ser un tipo inculto y golpeador de mujeres, a un personaje con un amplio vocabulario y conocimiento del juego que además sabía utilizar un sarcasmo a la vez fino y contundente para señalar los defectos y las virtudes de lo que pasaba en el terreno de juego. 



Ante las limitantes propias del lenguaje televisivo, la pareja García y Martinoli encontró en la radio la forma de expandir las perlas de gracia que tiraban en la televisión. Junto con una serie de especialistas en otros deportes que utilizaban el mismo lenguaje sarcástico y desenfadado, se crearon los programas “En Pelotas” y “Tiro Libre”, en los cuales Luis García narraba sus andanzas fuera de la cancha durante su época como futbolista, incluyendo desde lo que se decían los jugadores dentro de la cancha pero que nadie sabía, así como detalles íntimos del vestidor, hasta sus borracheras y sus episodios sexuales en Madrid.

Por su parte, Martinoli utilizaba el micrófono para narrar sus propias experiencias y las cosas de las que se enteró desde su etapa como reportero hasta la actualidad, dándole mucha bola a Luis para que el diálogo se volviera fluido, como una plática de amigos entre coñac y tequila, abriendo incluso una sección llamada “El Diván” en donde el doctor atendía llamadas de la audiencia para resolver sus problemas, pero sobre todo, siempre hablando en algún momento de temas de actualidad donde ambos utilizaban el medio para ahondar en las problemáticas actuales de equipos de fútbol, jugadores, directivos y hasta la selección nacional.



Con el tiempo, Luis García empezó a utilizar las redes sociales, especialmente Twitter para decir lo que le viniera en gana y de inmediato su popularidad explotó exponencialmente. Martinoli, reacio a entrar en el mundo de las redes sociales, encontró un contrato con Innovasport con el que finalmente accedió a empezar en Twitter y de igual forma, su acercamiento con las masas se hizo aún más profundo. El “Payasismo Deportivo” encontró un modo más de replicarse y difundirse, pero la crítica nunca se esfumó, sino al contrario, se hizo más aguda y mordaz.

Mientras Luis García se encargaba de criticar ferozmente y con puntualidad los temas cancha, ahondando en la crítica hacia el trabajo puntual de los directivos, Martinoli empezó a expandir sus ya de por sí divertidas narraciones a una crítica más específica hacia las actitudes de jugadores, cuerpo técnico y directivos. Sin querer, Cristian se convirtió en el juez moral del fútbol en la era digital. Que si Vela es un cínico porque se ríe cuando las falla, que si el Chicharito es un desvergonzado que no juega bien con la selección de México y sólo con el (entonces) Manchester United, que si el Piojo Herrera no debería festejar un triunfo contra Costa Rica como si hubiera ganado el mundial, que si los federativos tenían miedo de tomar las decisiones adecuadas por priorizar el ingreso económico, etc. La crítica de Martinoli, ya no era sólo sobre el rendimiento futbolístico de un determinado equipo, sino sobre las actitudes que tomaban los involucrados en el juego. Y eso es lo que se ha vuelto, con el tiempo, incómodo para muchos. 



Hace algunos años, incluso el Cruz Azul llegó a culpar a los comentaristas de TV Azteca por el mal rendimiento del equipo, de la misma forma que hoy en día el cuerpo técnico de la selección nacional, en particular Miguel Herrera y su hija, han llegado a tomar actos de violencia tanto física como verbal en contra de Cristian Martinoli. Se han herido susceptibilidades a un grado que trasciende la cancha o incluso la vida privada de las personas por puntualizar un asunto meramente deportivo. Y ante esto, muchos se han volcado en redes sociales a culpar tanto a Miguel Herrera (en su mayoría) como al propio Cristian Martinoli, culpándolo por “hocicón” o por “pasarse de la raya” con sus comentarios ante el mal accionar del equipo. Sin embargo, las críticas deben tomarse de quien vienen, y en este caso, Cristina Martionli no es un improvisado que llama al entrenador un “Barra Brava” sin conocimiento de causa. 



Y es aquí donde retomo mi argumento inicial para puntualizar que lo que diferencia a Cristian Martinoli de otros narradores, comentaristas y gente que opina sobre fútbol en México: se trata de lo que diferencia a un “narra-partidos” de un Cronista deportivo (con C mayúscula). Alguien que toma un micrófono y sabe crear más que describir. Martinoli genera un valor agregado con su humor, su sátira, su lírica, sus tonalidades de voz y su amplio léxico congruentemente agrupado para dibujar ideas que se convierten en crítica ante el sistema, ante lo que se sabe que está mal. Sabe articular lo que piensa, lo cual muchas veces se transforma en lo que la mayoría ya piensa pero no sabe expresar, transgrediendo a la autoridad y priorizando el aspecto lúdico que rodea a la pelota; un verdadero Nihilista de la crónica deportiva.  

En México nos gusta ser jueces morales (aunque en muchos casos, aún sin tener esa autoridad moral), pero Cristian se ha convertido en un juez apropiado porque sabe del tema y es un personaje congruente entre su personalidad, su vida pública, su vida privada y lo que representa como líder de opinión. Antes de abrir la boca, Cristian es un periodista completo, con amplia experiencia en el negocio, con cultura futbolística (basta leer sus joyas semanales en Récord) y con un espíritu emprendedor que ha convertido la experiencia del fútbol televisado en un espectáculo humorístico, divertido, pero a la vez con agudeza y profundidad crítica que refleja lo que la sociedad percibe sobre el tema del fútbol en particular.



Hoy, como ya es sabido, Miguel Herrera, aún técnico de la selección nacional (y futuro desempleado), agredió físicamente a Cristian Martinoli al golpearlo en la nuca mientras estaba en la fila del aeropuerto de Filadelfia. Es la barbarie agrediendo a la sapiencia. Así de primitivo es el fútbol mexicano. Miguel Herrera podría mañana irse a las Bahamas (esperando que Movistar tenga cobertura por allá), nunca regresar al país y se le recordará como un personaje folclórico y mal educado como el Púas Olivares. Ese es su legado. Martinoli, seguirá generando consciencia social entre los aficionados al fútbol y si algún día el estatus quo llega a cambiar en nuestro país, el tiempo le dará la razón de muchas cosas y se le recordará como un prócer del cambio que tanto se anhela en temas de periodismo y de la cultura misma de nuestro país.