miércoles, 21 de enero de 2015

La Pasión de Chivas


La Pasión de Chivas

El mexicano es alarmista por naturaleza, chismoso por vocación. 
El amarillismo es su bandera y la intriga, su pasión.



“Hoy Chivas está herido de muerte. Con la nómina más alta de la era Vergara, llenos de jugadores de fuera que parecieran no sentir los colores, que no se matan en el campo de juego, Chivas se ha metido en un tobogán que los catapultará hacia el infierno de la Liga de Ascenso si no se ponen a trabajar y a jugar a su más alto nivel, ¡pero ya! Aún cuando no desciendan, Vergara debería considerar el vender el equipo a gente más capaz, enfocarse en arreglar su divorcio y en vender juguitos para dejar a Chivas en manos más capaces, mientras que los hermanos de la Torre deberían dejar el ego a un lado, eliminar el discurso de “estoy tranquilo, se está trabajando y no pasa nada”, afrontar la realidad y trabajar a marchas forzadas para sacar adelante un barco que se hunde y así hacer de Chivas un equipo estable que saque puntos cómo sea y de dónde sea para evitar la humillación de tener que jugar el próximo año en una categoría inferior.”

No, el párrafo previo NO es parte de alguna editorial de André Marín, Luis García, Raúl Orvañanos, Francisco Javier González ni Javier Alarcón, aunque bien podría ser firmada por alguno de estos comunicadores deportivos que junto con sus respectivos equipos se han pasado el último semestre “alertando” a la audiencia sobre el posible descenso Chivas. El párrafo anterior es más bien una síntesis de lo que se escucha/ve/lee cotidianamente sobre la situación actual del Rebaño, un texto que podría parecernos repetitivo, soso, con información que nada aporta, misma que hemos escuchado cientos de veces, semana con semana en programas de noticias, de análisis, de crítica, incluso en programas de revista que nada tienen que ver con el fútbol. Sin embargo, estas líneas, por burdas que parezcan, tienen demasiado contenido para analizar la forma en que los medios intentan amoldar de manera subrepticia la psique contemporánea del mexicano Televisa-do. 



Empecemos por el alarmismo. Desde hace dos años y medio, el equipo de primera división de Chivas S.A. de C.V. ha tenido torneos en los que las victorias no se han conseguido de la manera que se esperaría para un equipo con recursos económicos vastos y con el arrastre comercial y popular más amplio del fútbol mexicano. Chivas, uno de los equipos fundadores de la liga mexicana, con una tradición que sobrepasa el plano deportivo y se convierte en muchas instancias en estilo de vida para ciertos sectores sociales, ha tenido pocos éxitos futbolístcos en fechas recientes, conjuntando semestre a semestre en el torneo de primera división equipos perdedores que han dejado a la institución no sólo fuera de la lucha por el máximo título del balompié mexicano, sino incluso en los últimos lugares de la tabla general, lo que ha generado que, debido al sistema de competencias de la Liga MX, hoy en día el Guadalajara tenga una cantidad de puntos acumulados que lo dejan en la zona de los equipos que podrían descender a la división inferior para el próximo año.



Sí, Chivas está es candidato a perder la categoría. Sin embargo, esto ya ha dejado desde hace mucho tiempo de ser noticia. Las Chivas de primera división han sido por dos años y medio un mal equipo al que, de no ser por la expectación que genera alrededor de la república por los simples colores, definitivamente nadie extrañaría futbolísticamente. Sus partidos son malos, con pocos goles, demasiadas fallas tanto en ofensiva como en defensa, no ofrecen espectáculo y, como dicen los versados en el tema, partido a partido “se mueren de nada”. En este contexto, ¿qué es lo que se pierde? ¿Por qué tanto interés en saber si al final del torneo Chivas se va o se queda en primera división? Y más aún, ¿Por qué los medios cubren las derrotas del Guadalajara como hechos extraordinarios, con focos rojos y señales de alarma más vehementes que la Reforma Energética, las modificaciones a la Ley de Telecomunicaciones o los 43 de Ayotzinapa?

La respuesta parece simple, aunque no a todas luces lo es.

En México nos gustan las emociones fuertes, la información de alto impacto, las notas morbosas, escandalosas, ya sean escalofriantes por su contenido o por su forma. Al mexicano le gusta sobremanera “espantarse” con las películas de terror, ver vísceras, gritos, terror psicológico y espíritus japoneses saltando de la pantalla. Los programas estadounidenses más exitosos son las series policiacas en donde el miedo, el suspenso, la intriga y la sangre nunca salen de la pantalla. Y en la vida real es lo mismo: Mientras más intriga exista, más se habla de determinado hecho. Desde el cliché de las lavanderas chismosas hasta el periodismo formal, lo que se comenta debe ser en un tono fuerte para llamar la atención. La comadre más chismosa es la más popular del barrio, no porque conozca más noticias que las otras, sino porque las cuenta con los ojos más abiertos que las otras y en un tono de suspenso desenfadado que cautiva a sus interlocutores. La credibilidad es lo de menos. De igual forma, el diario que más vehementemente ataque al presidente es el que más gente lee. El comunicador más argüendero y ruidoso (sea un payaso o un simio) es el que más personas siguen. De La Prensa al Proceso, del Alarma a la Jornada, el ejercicio periodístico en México ya se ha convertido, en su mayoría, en puro sensacionalismo barato. 


Tras este primer análisis, es justo decir que, cuando se le presenta una pieza de información, sin importar de donde provenga, al mexicano le interesan más las formas y la presentación que el contenido de fondo. El análisis a profundidad no existe, la fachada es lo que cuenta: Antenas de SKY en techos de lámina, quinceañeras en vocho-limosinas paseando en Reforma. Y en este mar de caos sociológico, las Chivas aparecen hoy en día como el mejor producto para hablar sin pensar, para intrigar sin analizar, para condenar sin conocer. Es la película de terror que nos pasan los fines de semana, la cual da motivo para chismosear de lunes a viernes. Sin embargo, lo que no terminamos de entender es que esta práctica de no racionalizar los contenidos, quedándonos en las primeras capas de la piel, nos lastima profundamente como sociedad, no tanto porque nos quedemos desinformados, sino por la costumbre que se genera de consumir sin analizar, en primera instancia, no es tanto antropológica como sociológica, es decir, no es heredada, sino aprendida a través de la agenda mediática que se nos impone a fuerza de una voluntad autoflagelatoria internalizada gracias a las costumbres religioso-educativas que se nos inculcan desde la infancia, siendo la alienada aceptación de este estándar psicológico como dogma lo que se convierte a la larga en un problema sociológico.

Desarrollemos la última línea: México es un país católico por excelencia, con una penetración de dicha religión que llega al 90% de la población. A pesar de lo larga (e incluso interesante) que puede resultar la Biblia, desde pequeños se nos enseña que el punto más sobresaliente del libro sagrado se circunscribe a los últimos días de Cristo, con la pasión, la crucifixión y la resurrección como el clímax de la historia del Rabí de Galilea. Tanto en la misa como en las películas, no son las enseñanzas de Jesús a lo que se da énfasis, sino a la brutal forma en que fue tratado tras su condena y el sufrimiento que tuvo durante su camino a la ejecución. Hay un 10% de creyentes que toman la Biblia y la palabra de las escrituras como guía de vida. Perfecto. El otro 90% en realidad no lo hace y ven en Cristo sólo a la imagen y semejanza de su propio Calvario, el sufrimiento cotidiano de vivir en la miseria económica y espiritual. De ahí el éxito del catolicismo. No nos confundamos. El Papa y su iglesia, en México, venden mucho, pero no por la fe de sus creyentes, sino por la identificación de los humildes con una representación glorificada del sufrimiento.

Alguna vez escuché una alegoría que narraba la historia de un extraterrestre saliendo de su primera visita a una iglesia católica luego de llegar por vez primera a la Tierra, en la que el alienígena, temblando, preguntaba qué clase de persona podía considerar como un lugar de culto espiritual un palacio churrigueresco en donde la decoración más sobresaliente era la imagen de un humano clavado en un par de tablas perpendiculares y con picos en la cabeza, desnudo y con sangre escurriendo por todo su cuerpo. Si bien eso no es el fondo del catolicismo, como ya he mencionado, para el mexicano lo de menos es el fondo, sino la forma. Nos conquista el exterior y de ahí la crítica a la banalidad con que catolicismo atrae a sus fieles en nuestro país. Los vulgares, más que por fe, acuden a la iglesia con la misma actitud que van a comprar el Alarma o esperan por ver la novela de las 8 en donde converge la doble moral del erotismo y la violencia, ergo, la satisfacción del Tánatos, la pulsión de muerte tan desarrollada en nuestra sociedad. La castidad y el vigor de Cristo, la pureza de la virgen, tomad y comed todos de mi cuerpo, tomad y bebed todos de mi sangre, etc. A final de cuentas, en la iglesia se encuentran siempre presentes simbolismos que evocan los deseos más primitivos de la persona de forma apenas notoria, pero incisiva. Es la casa en donde la transgresión al Tabú flota con cada palabra del cura. Pero antes de ponernos demasiado freudianos saliéndonos del tema, volvamos al fútbol.

Chivas, el Rebaño Sagrado, está a un paso del infierno del descenso, pagando por los pecados cometidos por la directiva en torneos pasados, en donde hubo jugadores que no sentían la camiseta y que sólo vinieron al equipo por treinta monedas de oro sin aportar al esquema de juego, pero aún con la esperanza de resurgir en este último torneo para alcanzar la salvación. ¿Entendemos el formato del discurso? 


Sin embargo, vale la pena hacer una precisión: lo que comento previamente no se trata de un análisis de crítica religiosa, sino un análisis mediático, discursivo y socio-psicológico del mexicano. La crítica es hacia el morbo social que experimentan las personas en relación a determinados contenidos institucionales que se les presentan y al círculo vicioso que se genera a raíz de los mismos. Los medios (por ejemplo, llámese la iglesia o la televisión) crean el contenido y, con él, se crea la necesidad de las personas para consumirlo, misma necesidad que posteriormente se convierte en demanda, con lo que los medios, ahora se ven obligados a seguirla satisfaciendo. Siguiendo nuestro ejemplo, los medios crearon el mito de Chivas, del campeonísimo, del equipo más poderoso del fútbol mexicano y con ello, la mitología se arraigó de tal forma que ahora son las personas quienes demandan seguir viendo a las Chivas y piden a gritos más y más información sobre el equipo, por lo que el medio, ahora, se ve obligado a seguir presentando dicha información con el tratamiento que se le solicita: el mártir y el ciervo que desea renacer.

Es así como las Chivas generan controversia. Igual que otros equipos populares, tanto sus éxitos como sus fracasos atraen comentarios variados desde todos los sectores sociales, desde halagos y apoyo hasta burlas y mentadas de madre. Como ya he comentado en otros artículos, al mexicano lo que le interesa del fútbol no es tanto ganar, sino que el otro pierda para poder así sobajarlo, humillarlo, “feminizarlo”, “chingarlo” (Octavio Paz). Por ello, el siguiente punto de análisis no se centrara en lo anterior, sino que abordaremos el tema en relación con las críticas que se generan hacia el equipo, tanto desde los medios como en la sociedad, en temas extra-cancha. 



Jorge Vergara, actual propietario de Chivas y quien hiciera el negocio de su vida al adquirir a una sociedad civil por unos cuantos millones de pesos para convertirla en un negocio de muchos más, se ha convertido en el enemigo público #1 tanto de la afición rojiblanca como del periodismo futbolístico del país, quienes, tras los malos resultados deportivos de los últimos años en primera división, aunados a los constantes cambios tanto en cancha como en el esquema administrativo del equipo, han generado una serie de comentarios negativos en relación a la capacidad del empresario para entender los fundamentos y las necesidades prioritarias de un equipo de la liga mexicana de fútbol. “Que renuncie”, “que venda al equipo”, “que saque las manos de Chivas”... ¿Pero por qué?

Mexicano exitoso, mexicano que siempre será atacado por sus compatriotas: “Seguro su fortuna es dinero chueco. Corrupto. Ha de tener influencias. Se ve que es mala gente. Riquillo inculto. Suertudote. Vulgar. Inútil. Prepotente. Es re-menso. Bruto. ¿A poco le alcanza para comprar esos carros? ¿Neta que tiene avión privado? ¿Tan feo y con esa esposa? ¿En serio sí venderá tanto de sus juguitos?” Pregunto: ¿En verdad todo eso importa? Volvemos al punto de las apariencias. En México, vale más cómo te veas que el éxito que tengas en lo que hagas. Es más fácil rasgar la superficie que entender lo que hay adentro. Es más sencillo criticar al “rico nuevo” que entender la forma en que éste generó un negocio exitoso, atendiendo a una demanda social poco explorada y con un formato innovador con el que una empresa de jugos se tornó en una de las industrias más importantes del país. Pero ¿a quién le importa eso? Lo que quiere el mexicano es tener material para criticar, un punto en donde descargar sus frustraciones semanales acumuladas, la figura de un jefe al que hay que echarle la culpa de lo que pasa. Y eso es Vergara. Por más éxito que tenga, su legado entre los mexicanos siempre será el de un caprichoso y malhumorado patrón que no sabe administrar un equipo de fútbol de primera división.


Sin embargo, quedan a destacar algunos detalles: Desde que inició la era de Jorge Vergara, Chivas ha reestructurado las fuerzas básicas del equipo, eliminando de tajo las concesiones de la antigua Promotora para unificar la cantera Chiva bajo un sólo techo. Su techo. Y el resultado ha sido brillante: Campeonatos por montones en Segunda y Tercera división, así como en las categorías Sub-20 y Sub-17. Chivas no sólo genera talento joven sino que nutre a selecciones nacionales y da salida a los jóvenes hacia diversos equipos de primera división, generando así oportunidades que en otros equipos están sesgadas ya sea por políticas o por razones deportivas. Al ofrecer posibilidades reales de desarrollo y éxito en el fútbol, Chivas no sólo crea esparcimiento, sino que dota a jóvenes mexicanos con herramientas para que construyan un futuro profesional. ¿Cuántas empresas (no instituciones gubernamentales, sino empresas) hacen eso en México?


¿Se critica a Vergara por ser rico? Recordemos que el nuevo estadio de Chivas, construido con capital privado de Vergara, no tiene un nombre excéntrico o ajeno, sin simplemente “Omnilife”, su propia marca registrada. Equipos de fútbol americano tienen que financiar su estadio con nombres de empresas comerciales para sustentar los costos que implica un estadio de primer mundo. Vergara, con sus asegunes, levantó un estadio de la nada, con recursos sacados de su bolsa, generando tanto empleos como infraestructura urbana, ganándose muchas críticas, pero demostrando que con perseverancia, las cosas en México pueden hacerse bien. La reestructuración de las instalaciones de Verde Valle y la inversión en las instalaciones del Club Guadalajara no serán tan visibles, pero la inversión está ahí. Vergara remozó la casa del Guadalajara, y en gran forma. Deportivamente, en primera división, a pesar de sólo tener un título del fútbol mexicano, creó ligas con clubes europeos y ya jugó en su estadio una final de Copa Libertadores. ¿Tiempos pasados? Quizá, pero suyos fueron los éxitos, y de nadie más. 



Chivas, con Jorge Vergara, ha generado en Guadalajara un desarrollo sustentable que trascendió fronteras al llevar al Saprissa de Costa Rica bajo su mando al mundial de clubes, así como convertir a Chivas USA en una realidad. Además, la comercialización de Chivas ha dado un vuelco inesperado, creando líneas de productos que al verlos, dan ganas de comprarlos por el buen diseño más que por la afición al equipo. Chivas está ofreciendo productos de alta calidad, lo cual, mercadológicamente, se agradece. Chivas participa en redes sociales y se mantiene en comunicación constante con la afición, creando espacios mediáticos propios y tratando de imponer modas, tales como los desplegados, las apuestas, las declaraciones subidas de tono, en fin. Chivas entiende el mercado contemporáneo y sin duda se mantiene a la vanguardia de la información y la mercadotecnia de la Liga MX. 


¿La cereza del pastel? Javier Hernández se fue de Chivas como el fichaje hacia el extranjero mejor manejado en la historia del fútbol nacional, tanto mediática como económicamente. En el momento adecuado, inesperado, sin precedentes, utilizando la tecnología adecuada, en tiempo y forma precisos, la aparición a cuadro del Chicharito en Old Trafford es quizá uno de los momentos icónicos del mercado del fútbol mexicano. Si esa visión se tuviera en otros equipos del país, de otra liga hablaríamos. Anecdótico mencionar que tras la salida de Javier Hernández en 2010, las Chivas no han podido levantar el nivel de juego, mientras que la posición de centro delantero pareciera no tener aún un sustituto de calidad. ¿Estará Chivas ante una “maldición” como la que Baby Ruth dejó de legado a los Medias Rojas de Boston tras haber vendido a una naciente estrella que podría haberse convertido en el símbolo histórico del equipo? Tras lo aquí argumentado, aún no entiendo cómo ningún periódico sensacionalista ha tomado esta alegoría para hablar de la actual situación de Chivas, pero en fin. 




Tras el inicio del torneo de Clausura 2015, Chivas parece tener argumentos para no descender. Y aún si descendiera, no habría que alarmarse de más, porque aún en el peor escenario, los partidos de Chivas se mantendrían en las pantallas de televisión, mismas que le seguirían incluso a tercera división si fuera necesario. Contratos de televisión asegurados, patrocinios, inversiones y una estrategia de mercado que los llevaría al ascenso en un año no faltarían. El fenómeno de Chivas no es ni casual ni finito y en gran parte, el éxito asegurado que tendría Chivas incluso en la Liga de Ascenso se debe a Jorge Vergara. 



No hay alarmas ni focos rojos en Chivas, eso es una mentira. Chivas es un Iceberg cuyo pico está abollado, pero que con los vientos adecuados se volverá a formar aún con más solidez para erigirse majestuoso ante los demás bloques de hielo dispersos en el mar.
Para terminar, un simple detalle en reconocimiento a la afición chiva. Cuando el equipo de primera división ha tenido sus peores momentos, el estadio queda vacío, lo cual no habla de desidia, sino de una afición madura que entiende lo que se debe apoyar. Si el equipo se encuentra aburguesado, si no se ofrece espectáculo y las derrotas vienen de la mano de la indiferencia de jugadores y entrenadores, no hay motivo para asistir al estadio. No se trata de “apoyar hasta que duela”, sino de apoyar con sentido. Que griten y canten a quienes les paguen o quienes no tengan otro motivo de felicidad en su existencia que su equipo local de fútbol. Quien sabe del deporte, quien entiende lo que debe ser un espectáculo deportivo, no necesita una trompeta y un tambor para animar demostraciones bochornosas. El aficionado de Chivas no es un novio codependiente en una relación disfuncional, sino alguien con determinación y dignidad que sabe decir “Hasta aquí”. Por razones como estas Chivas es grande. Una grandeza que ni se compra, ni se inventa ni se impone. ¿Es Chivas el mejor club del fútbol mexicano? Deportivamente, el primer equipo no lo es. Sin embargo, en muchos, pero muchos otros aspectos, Chivas es un club con desarrollo sustentable. Y eso, en México y en el mundo, se agradece.

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