La McDonaldización de Pumas o el Aburguesamiento del Proletariado
Los Pumas de la UNAM han sido tradicionalmente un equipo carismático. Por una parte, es una
escuadra exitosa y popular que, a diferencia de instituciones como Chivas o
América, Tigres o Rayados, no solía generar demasiada polémica debido a su
perfil bajo pero agradable. Ser de los Pumas era portar una camisa y una
bandera con orgullo y alegría, porque al final del día, ganar no era una
obsesión, sino el resultado de un fútbol innovador, juvenil, digno y hasta
divertido. La famosa “cantera” universitaria dotaba a los Pumas no sólo con buenos
jugadores, sino con atletas atrevidos y aventureros, con una mentalidad
diferente que los llevó a ser los pioneros de la emigración futbolística hacia
tierras europeas (Hugo Sánchez, Luis García, Luis Flores, todos Pumas “de
nacimiento”)
En lo relativo a los aficionados, ser de Pumas significaba algo más que “ser del pueblo”. Ya los
Atlantistas se autoproclamaban como el equipo del pueblo en la capital desde hace
un siglo, mientras que las Chivas eran los poderosos humildes a nivel nacional
en contraposición ante los “riquillos” del América; sin embargo, Pumas
representaba valores más profundos, ya que el dar la cara por una institución
financiada por el estado con los recursos del erario público no era cualquier
cosa. Además, al estar ligados a la Universidad Nacional, la percepción era
distinta, ya que no sólo se daba la cara por el Estado, sino por los jóvenes,
por el futuro del país, por la potencial clase trabajadora que movía a la
economía del México antes de que las escuelas privadas tomaran parte del
neoliberalismo académico al que nos enfrentamos hoy en día.
Desde el 68, los Universitarios se catalogaron como guerreros, como
mártires y como líderes a la vanguardia de la lucha de clases. Y ser de Pumas,
en muchos aspectos, representaba eso. Así como no cualquiera entraba a un
plantel de la UNAM para estudiar, no cualquiera podía jugar en Pumas. Y así
como el que entraba a la Universidad respondía a las expectativas y se
convertía en un potencial baluarte para el desarrollo político, económico, cultural y
social del país, cualquier jugador de Pumas era el fruto de un proceso en el
que sólo los verdaderos dotados de fuerza, técnica, habilidad y entrega podían
portar la playera auriazul para salir a morirse dentro del terreno de juego en
busca de un bien común. Los más altos, los más rápidos, los más fuertes. Los
mejores.
Ya en temas futbolísticos, sin ir tan lejos y apelando a las más recientes generaciones exitosas
de Pumas, no podemos olvidar que aquella selección de 1993-1994 que
tan buenos resultados y satisfacciones dio al fútbol mexicano contaba, al menos,
con 6 elementos fijos de extracción Puma, 5 de ellos titulares indiscutibles del
equipo que jugó el campeonato mundial de 1994 y con un suplente ya en sus últimos años pero que era el mejor
jugador en la historia del país, quien a pesar de no brillar con selecciones
nacionales, se convirtió en un histórico del equipo más ganador de la liga
española (franquismo aparte). Jorge
Campos, Claudio Suárez, “Capi” Ramírez Perales, García Aspe, Luis García y Hugo
Sánchez, sumados a las ocasionales apariciones de David Patiño, Miguel España y Luis Flores. Al menos cinco históricos del fútbol mexicano (sin hacer menos al
“Capi”, España, Flores y Patiño) que eran de extracción Puma. Al reflexionar sobre los Pumas del pasado
mundial 2014, no nos queda sino imaginarnos cuán sólo debió sentirse Héctor
Moreno en un equipo repleto de desconocidos apenas el mes pasado.
Sin embargo, para empezar el análisis de la actualidad de Pumas, es imperativo ir un poco más allá de lo
futbolístico: ¿Qué representa hoy el “ser de Pumas”?
Desde hace años se nos vendía la idea de que ser aficionado de los Pumas era lo
mismo que ser un porro de la UNAM. Ser de la Ultra, de la Rebel o de
la Orgullo Azul y Oro era
popularmente asociado con una patología agresiva. Los revoltosos, los salvajitos,
los violentos que no deberían
permitirse en ningún estadio y a los que la policía debería cercar en cada
juego para evitar desmanes. Así se veía y así se ve aún en muchos niveles a la
afición de Pumas, en especial cuando se presentan altercados en partidos donde
la “rivalidad” “deportiva” (comillas separadas, porque ni son rivalidades ni
son deportivas) se manifiesta en actos de violencia social. Sin embargo, la
realidad de la afición de Pumas en general ha cambiado en los últimos tiempos
de la mano de un giro en la oferta institucional y económica en relación con los valores que hoy en día representa el equipo,
así como en notorios manejos administrativos que intentan posicionar a la
empresa (sí, empresa) en sectores económicos específicos.
¿Quién asiste hoy en día al Estadio Olímpico Universitario a ver un
juego de los Pumas? A raíz del bicampeonato Puma que desató una euforia en la
capital hace alrededor de 10 años, las autoridades empezaron a ver un mercado
cambiante y entendieron la lógica que imperó a raíz de convertir a un equipo
mediano en la sensación del torneo, tanto en un nivel futbolístico como
cultural. Un boleto para ingresar a la final del campeonato contra las Chivas
del Guadalajara no costó más de 150 pesos en aquél caos generado en las
taquillas de la cantera apenas días antes del partido. Para ser una final, los
boletos fueron accesibles y a un precio popular, lo que generó que el estadio
se abarrotara y que se generara una atmósfera de comunión entre aficionados,
equipo y autoridades. Al final, se dio prioridad a los estudiantes con credencial de la UNAM para que adquirieran los boletos. El tortuoso camino que recorrieron todos los involucrados
generó una identificación tal que un simple equipo de fútbol se convirtió en
leyenda y hasta la fecha se cantan las victorias de aquella tropa encabezada
por Bernal, Verón, Israel Castro, Kikín Fonseca, Leandro, Jaime Lozano y hasta
Íñiguez y Botero.
Además de los éxitos deportivos, culturalmente Pumas logró refrescar su
imagen al retomar la bandera de la rebeldía de la mano de circunstancias como
la tan afamada respuesta de Ailton a Jorge Vergara mostrando la leyenda “Gatito
ni madres” tras anotar un gol en un partido ante Chivas que el dueño del
Guadalajara hubiera calentado durante la semana con uno de sus exóticos
desplegados, generando así una rivalidad comercialmente benéfica para ambas
escuadras, ya que si bien anteriormente el Pumas-Chivas era un partido entre
equipos populares, a raíz de ese 2003 el partido se convirtió en una rivalidad
deportiva que a muchos se les ha vendido con tintes de clásico.
Alrededor de 10 años han pasado de ese cambio, por lo que hoy en día,
viendo la realidad Trejista de la que se intenta deslindar Pumas en estos
momentos, vale la pena preguntarnos, ¿qué cambió de aquellas épocas a lo que se
vive actualmente dentro y fuera de la institución?
De entrada, está el tema de los dirigentes: Hoy en día, Pumas no es
cantera, Pumas no produce jugadores. Importa “talento” para que el primer equipo
pueda ofrecer pan y circo sin calidad, porque la cantera está llena de juniors apadrinados por personas con cierto nivel de influencia dentro de la institución, desde trabajadores del sindicato hasta las altas esferas gerenciales, más no de verdadero talento proveniente del pueblo. Se perdió el trabajo en fuerzas básicas que tan bien se hizo durante décadas por priorizar la burocratización "a la mexicana" de una organización hasta hace unos años más limpia y productiva. El corazón del talento Puma fue corroído por el compadrazgo, el amiguismo y las cadenas de favores que desembocaron en una falta de compromiso de los jugadores, quienes, sin hambre, abandonaron muy pronto la disciplina y los deseos de sobresalir para convertirse en el futuro del fútbol mexicano. Pero más de ser culpa de los jugadores, el problema es de los dirigentes, quienes permitieron este tipo de prácticas para que muchachos sin ambición y sin talento formaran parte de las fuerzas básicas como un pasatiempo "genial" para presumir en su juventud, a sabiendas que su futuro no estaría en el fútbol profesional.
Vayamos a lo comercial: hacia afuera, el posicionamiento que se logró tras el bicampeonato se aunó a una nefasta tendencia de invitar a los aficionados a seguirlos “en las buenas y en las malas” para crear una vacuna comercial con éxito infalible en una sociedad como la mexicana. No importa lo malo que sea el espectáculo que te ofrezco, porque de manera irracional tú te verás cegado por un “amor” al equipo que irá más allá de cualquier dolor que te pueda causar. Incluso el dolor habrás de disfrutarlo con una cerveza en el estadio y será un dolor compartido, por lo que incluso en las malas podrás sentirte bien. No puedes ser crítico, porque no es una cuestión racional. Es un dogma. Es “amor” lo que te mueve a seguir al equipo. Tienes que depositar tu fe (como buen católico) en que nuestra verdad es la que impera por sobre todas las otras religiones (Chivistas, Americanistas, Leonistas, etc.) Persignarte y cantar el Goya son alegorías equiparables. Por cierto, también el “show” se lleva a cabo los domingos al medio día, y si llevas a la familia, mejor. Sólo no olvides depositar el diezmo a la entrada, el cual, por cierto, tuvimos que fijar como cuota única bastante alta porque el líder de la congregación tiene que dar mantenimiento al estadio, pgarle caro a los acólitos y dar su parte al arzobispado. Quizá no pase mucho tiempo para que tengamos el cinismo de poner a la Guadalupana o al Nazareno crucificado en nuestras playeras. Al final del día, nos posicionamos y lucramos de la misma forma.Y por si fuera poco, les ofrecemos la doctrina del sufrimiento, al igual que vuestro pastor. Total, sabemos que eso es lo que les meueve.
Vayamos a lo comercial: hacia afuera, el posicionamiento que se logró tras el bicampeonato se aunó a una nefasta tendencia de invitar a los aficionados a seguirlos “en las buenas y en las malas” para crear una vacuna comercial con éxito infalible en una sociedad como la mexicana. No importa lo malo que sea el espectáculo que te ofrezco, porque de manera irracional tú te verás cegado por un “amor” al equipo que irá más allá de cualquier dolor que te pueda causar. Incluso el dolor habrás de disfrutarlo con una cerveza en el estadio y será un dolor compartido, por lo que incluso en las malas podrás sentirte bien. No puedes ser crítico, porque no es una cuestión racional. Es un dogma. Es “amor” lo que te mueve a seguir al equipo. Tienes que depositar tu fe (como buen católico) en que nuestra verdad es la que impera por sobre todas las otras religiones (Chivistas, Americanistas, Leonistas, etc.) Persignarte y cantar el Goya son alegorías equiparables. Por cierto, también el “show” se lleva a cabo los domingos al medio día, y si llevas a la familia, mejor. Sólo no olvides depositar el diezmo a la entrada, el cual, por cierto, tuvimos que fijar como cuota única bastante alta porque el líder de la congregación tiene que dar mantenimiento al estadio, pgarle caro a los acólitos y dar su parte al arzobispado. Quizá no pase mucho tiempo para que tengamos el cinismo de poner a la Guadalupana o al Nazareno crucificado en nuestras playeras. Al final del día, nos posicionamos y lucramos de la misma forma.Y por si fuera poco, les ofrecemos la doctrina del sufrimiento, al igual que vuestro pastor. Total, sabemos que eso es lo que les meueve.
En el fondo, Pumas, como muchos otros equipos de fútbol, es así, una “religión”,
estatus que incluso muchos aseveran abiertamente. Y esto es producto de la forma en
que nuestra sociedad mexicana se maneja, a través del “poner la otra mejilla” y
“aguantar hasta que duela” (¡Aguante Pumas!). Como dirigente de una empresa
comercial, copiar los esquemas económicos de penetración cultural de la
organización más exitosa desde el advenimiento del mesías hace 2000 años no
parece estar tan errado. Vender ilusiones, sembrar esperanzas divinas y
posicionarse en el contexto de los indios conquistando su alma antes que su
cuerpo. No les vendas sólo playeras, véndeles una identidad y la idea de comunidad (mediante una playera),
que bien les hace falta porque en sus vidas son tan agachones, cobardes,
incongruentes y faltos de compromiso que no pueden encontrarlas por ellos
mismos. Y ya que pagarían lo que fuera, por qué no incrementar los precios a
1200 por playera y a 250 el boleto más barato para el partido de copa en donde
jugarán los suplentes contra los suplentes de un equipo de segunda división. Convirtamos
a Pumas en un artículo de lujo y aspiracional bajo cualquier esquema. No te
preocupes, los fans, pobres o ricos, van a ir al estadio, porque no tienen otra opción.
Nos aman ciegamente como amarían a un novio o a una novia abusadora, les gusta
la flagelación, “l@s cabron@s” y creen que eso les da identidad, fuerza y un
motivo para vivir. Y aunque no les ofrezcamos un buen espectáculo futbolístico,
ellos van a seguirnos como borreguitos de la misma forma que irían a un mitin
de Peña o del Peje por un refresco, una torta y una esperanza. El tema no es
exclusivo de Pumas y podría aplicarse a muchos otros equipos nacionales. Sin
embargo, en Pumas esto se magnifica por las siguientes razones.
Más allá de los dirigentes, hablemos de la afición, ya que, socialmente,
Pumas ha sido tradicionalmente un equipo popular; sin embargo, en la
actualidad, Pumas ha ido más allá de los antiguos cánones para convertirse en
un símbolo de estatus. Ya que la fiesta brava es hoy en día un espectáculo moralmente
cuestionable por la presión de los emergentes grupos defensores de los derechos
de los animales, la gente de la vida pública ha encontrado en la asistencia al Estadio Olímpico Universitario y en la
identificación con Pumas una salida para promocionarse personalmente y para vincular
al equipo con una imagen prefabricada y bien planeada que se le vende como
modelo aspiracional a la sociedad. Silogismo del pueblo: López Dóriga es de Pumas.
Pumas es de la Universidad, la Universidad implica cultura, saber e
inteligencia. Luego entonces, López Dóriga es culto, sabio e inteligente. Yo
también quiero ser inteligente o salir en la tele como López Dóriga. Luego entonces, le voy a ir a Pumas.
¿Quién es aficionado de Pumas hoy en día? Pumas ya no es de los
universitarios. El formar parte de algún plantel o facultad de la UNAM no es condición
indispensable para que alguien decida ser de Pumas. Aquél que al estar dentro
de la universidad cambia de bandera o se identifica con el equipo y los colores
sin haber apoyado antes a algún otro, no lo hace por una cuestión de principios
o por amor al deporte, ni siquiera por una verdadera identificación con los
valores del equipo, sino por presión de grupo, aceptación social o simple moda.
Los estudiantes universitarios no son el grupo primordial de los aficionados de
Pumas. Más aún, el aficionado de Pumas es parte de un querer ser, fuera de la
universidad. Quiero ser exitoso, educado, talentoso, contestatario, rebelde y formar
parte de una comunidad. Sin embargo, no
puedo ser exitoso porque no tengo estudios ni talentos. No me gusta leer, no sé
de política ni de temas sociales (ni me interesan). No hago protestas y si las
hago, es porque me invitaron y para echar relajo, no porque me sienta
comprometido con cambiar las problemáticas del país. Quiero ser rebelde y
contestatario, pero me da miedo perder mi trabajo, por lo que mejor me callo y
desquito mis frustraciones gritando el fin de semana en el estadio, alentando a
un equipo que, en teoría, representa todo eso que quiero ser, pero a lo que no me atrevo en
la vida cotidiana. Lo curioso es que esta condición no es exclusiva de los
sectores económicos vulnerables, sino al convertirse en un equipo de pose,
Pumas ya no es sólo para los estratos sociales bajos (populares) sino que hoy
en día, ese “querer ser” permea en las clases altas, en aquellos que de la
manera más “fashion” van al estadio con lentes de sol, playera rosa en pro de
la lucha contra el cáncer de mama a lucirse y sacar fotos “pal Feis”. “¡O sea,
estuve en medio de la Rebel wey!” Las clases altas se sienten parte de la prole
culta y contestataria, mientras que los humildes se sienten en un nivel arriba por
estar al nivel de López Dóriga, Loret y Adela. Pumas representa ambas ilusiones
y a la vez a ninguna de ellas. Pumas es lo que uno quiera que sea. Pumas es una moda hueca. Sin embargo,
al convertirse en un producto personalizable, vacío y sin gracia, en el camino,
Pumas se ha quedado sin identidad propia.
Al momento, hemos hablado mucho de lo que representa Pumas fuera de la
cancha y es que dentro de la misma no hay mucho de qué hablar. Pumas ha ido
ganado en los últimos diez años algunos campeonatos que sus mismos aficionados
han considerado como mediocres y sin chiste. El ganar torneos cortos con las
bondades que brinda la liga mexicana en realidad no "se sienten". Un campeonato
se gana con esfuerzo y se goza cuando los rivales se convierten en parte de la
gloria de la victoria. El ganarle a Chivas en 2003 fue un éxito épico por
el equipo que se tuvo enfrente. Ganarle a Monterrey en un partido sufrido y contra una afición aguerrida
y hostil como la de los Rayados no fue un mérito menor. Además, el equipo se
desenvolvía bien, con orden, agresividad y contundencia al frente. Hoy, no hay
un sólo jugador de Pumas que muestre carácter, convicción o, dios nos libre,
talento. Contratar al “Hachita” Ludueña luego de su famosa frase “Mi
representante se encarga de eso” al preguntársele sobre los temas de su
naturalización, se ve para los antiguos estándares de Pumas como algo incongruente.
Pagarle a un entrenador externo como José Luis Trejo cuando en teoría Pumas
debiera ser semillero no sólo de jugadores sino también de entrenadores, no
corresponde con lo que Pumas era como institución. Sin embargo, en el estado
actual de las cosas, Pumas es esto.
Trejo está fuera el día de hoy y se promueve a Patiño como interino en
lo que se busca una solución a largo plazo. La línea de trabajo propuesta para
el semestre se corta y se buscan parches para que no se hunda el barco más de
lo que ya está hundido. La lógica del fútbol mexicano se vuelve a aplicar. No
importa cómo juegues. No importa si eres bueno en lo que haces. Mientras te
mantengas en primera división, la plata está asegurada. ¿Proyectos serios en
busca de un estilo futbolístico y desarrollo deportivo? ¿Para qué? Si tus
partidos van a seguir saliendo en la tele, tendrás patrocinadores, seguidores fijos
y en una de esas te clasificas de octavo y terminas campeón. Sí, Pumas, hoy en día, puede ser campeón del presente torneo. La misma lógica del menor
esfuerzo que se aplica en empresas, oficinas gubernamentales y en cualquier sector
de nuestra sociedad, por qué no habría de ser parte también del entretenimiento
del pueblo.
Hoy en día, natural es que Pumas recurra a casos como los de Ludueña y
Trejo para seguir vendiendo ilusiones a su afición y no tanto porque se quieran
vender espejos, sino porque desde su esencia, desde la cantera y hasta el
primer equipo, Pumas está vacío. Se saqueó la cantera, la corrupción vació las
arcas, no se invirtió en el futuro y el resultado está ahí. Un equipo
desangelado que más a base de mercadotecnia y un arraigo eclesiástico bien
desarrollado se ha mantenido rentable, pero que futbolísticamente, pasarán
otros diez años antes de que el equipo encuentre una renovación. El mejor
ejemplo de la decadencia de Pumas: los Pikolines. El mal temperamento del
defensa central es la bandera de lo que Pumas es hoy. Ya que no hay talento,
aunque sea el carácter debe de salir. Si no gano, arrebato. Cuando el Pikolín
se enoja, la afición se enciende. No se corea la habilidad, sino la bronca. Es
la mayor emoción que puede ofrecer Pumas al día de hoy. Pikolín portero bien
podría pasar 20 años hasta que Bernal le aconseje que es tiempo de retirarse y
nadie diría nada. Hablando del bicampeonato, ¿acaso en diez años no han surgido suficientes defensas centrales talentosos de la cantera para al menos hacerle un poquito de presión o sombra a Darío Verón? ¿Por qué? Porque no hay quien empuje, no hay quien presione y
porque para Pumas, el éxito deportivo no es imperativo.
A los directivos de Pumas les basta y les sobra con lo
sembrado hace diez años para que dos generaciones sigan cantando sus éxitos
pasados, rememorándolos con añoranza y lágrimas en los ojos. Pumas se ha
neoliberalizado y se ha convertido en una empresa exitosa en tanto que vende
mucho ofreciendo poco. Los aficionados hacen todo por el equipo, ellos son los que buscan el producto, los que tienen que hacer cientos de sacrificios para seguir formando parte de la identidad Puma, mientras que los directivos no tienen ni que moverse, salvo ocasionalmente, para justificar su existencia. En resumidas cuentas, Pumas es el McDonalds del fútbol
nacional. Los aficionados están lobotomizados para repetir “Me Encanta” sin importar la calidad, buscando la felicidad en
una cajita (idiota) viendo a un grupo de payasos sobre el terreno de juego mientras le regalan sus quincenas a los dirigentes y accionistas del equipo comprando
caro productos con materia prima barata que llenan sus cerebros de una basura física y virtual que a la larga les
generará algún tipo de enfermedad incurable. ¿Aguante Pumas? El primer paso en
solucionar un problema es reconocer que existe. Los Pumas ya no representan (ni
de lejos) los valores de la Universidad Nacional. Hoy en día, vivimos en un neoliberalismo Puma; una McDonaldización Puma. El equipo tradicionalmente más contestatario y popular del fútbol nacional se ha vuelto burgués, tanto dentro como fuera de su estructura. Gran éxito comercial. Moralmente, un asco.







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