"Por favor Malala, no te olvides de México"
Durante la ceremonia de entrega del Premio Nobel de la Paz a Malala Yousafzai y Kailash Satyarthi, trascendió la manifestación espontánea del estudiante mexicano Adán Cortés, quien se acercó a la galardonada portando una bandera mexicana con manchas de sangre para pedirle que no se olvidara de México. Este acto se ha catalogado como una más de las manifestaciones que a nivel global se han realizado para pedir justicia por los 43 estudiantes desaparecidos en Ayotzinapa, Guerrero a finales del mes de septiembre de 2014. Sin embargo, la reflexión simbólica sobre este hecho debe ser más profunda.
No, Adán no pedía ayuda por los normalistas desaparecidos, tal y como los medios en México lo han querido enmarcar tanto en prensa como en medios electrónicos. En México, el tema de Ayotzinapa desencadenó una serie de protestas en pro de la justicia social que han dejado a los 43 desaparecidos como un símbolo de la lucha, más no como un fin. Sin embargo, los medios intentan centrar cualquier manifestación en el reclamo de Ayotzinapa para generar la idea de que las problemáticas del país no van más allá de los 43 desaparecidos y un alcalde corrupto, cuando la realidad es que el tema ha sido superado, aunque no en la forma ni en el contexto que Peña Nieto pretendía expresar.
Parafraseando la idea, Ayotzinapa ha sido rebasada, ya que el pueblo ha entendido que las injusticias y el resquebrajamiento político y social son más extensos y más profundos que Ayotzinapa y por ello sigue la protesta. Hace 200 años, Hidalgo sólo quería mejores condiciones económicas para los criollos y la lucha terminó en una independencia nacional. En el arroyo más pequeño puede comenzar el cauce de un inmenso río. A final de cuentas, los seres humanos somos entes simbólicos para quienes las formas pueden influir más que un trasfondo racional. Las manifestaciones no serían tan extensas y significativas si no existiera una casa blanca, un procurador cansado, un ejército de bots, militares infiltrados como anarquistas, una televisora soberbia y una familia presidencial con excesos, prepotencia, cinismo e ignorancia.
Retomando el caso particular de Adán, se minimiza su actuación, clasificándolo como un adolescente desubicado e inculto que sólo quería ganar fama para poder quedarse como refugiado en tierras nórdicas. Incluso se utiliza su afiliación a la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM para denigrar subrepticiamente tanto su imagen como su causa, para presentarlo como un "rojillo jodido, seguramente pejezombie" al que no le importa dejar en ridículo a su país en la escena internacional. Sin embargo, las formas cuentan para entender el mensaje, y cuentan mucho.
Lo que Adán y todo México pide al mundo mediante diversas manifestaciones tanto en línea como en las calles es que se voltee a ver hacia las atrocidades que se cometen cotidianamente en México, hacia las injusticias sociales desde instancias gubernamentales que tienen a más de la mitad de la población en la extrema pobreza, hacia la discriminación y hacia la franja de desigualdad que existe en el país, y como punta de lanza, que se ponga atención especial a la violencia por parte tanto de los criminales como del Estado, la cual ha dejado decenas de miles de muertos en el país durante los recientes 8 años.
La finalidad de una manifestación es que se tomen acciones para mejorar una situación, y ya que en México nos topamos con muros de zozobra ante los reclamos más justos, es imperativo recurrir a instancias postmodernas acordes con la dinámica de un mundo globalizado. Se hacen manifestaciones fuera del país porque en México esta libertad ya no existe, ni virtual (gracias a los cambios en la ley de telecomunicaciones que permite al gobierno espiar en las comunicaciones digitales) ni en las calles (en menos de una semana, con la mayor eficacia por parte de los legisladores se aprobaron reformas a la ley que penalizan las protestas sociales).
Por ello se pide a los oganismos internacionales que presten atención a la masacre y a las vejaciones que sufre el pueblo mexicano en términos de derechos humanos y que actúen tanto con presión internacional con sanciones hacia el gobierno de Enrique Peña Nieto como con recursos logísticos como no lo hicieron en Rwanda, como no lo hicieron en Somalia, en Burma, como no lo hacen en Siria y que en contraposición, sólo alzan la voz cuando existe un interés económico y geoestratégico tácito, como en el caso de Ucrania.
El abrumador silencio del gobierno norteamericano ante la crisis social de nuestro país sólo se entiende gracias a los acuerdos transnacionales alcanzados entre influyentes empresas norteamericanas y el gobierno mexicano para licitaciones en materia de hidrocarburos, por nombrar un ejemplo. Una palabra de Obama y Peña Nieto podría quitarles el regalo prometido, lo que desencadenaría serios problemas en la relación bilateral. Para la lógica del mercado neoliberal, una paz forzada parece mejor que una enemistad abierta, aún a costa del sufrimiento del pueblo.
Sin embargo, el mundo no se centra en los Estados Unidos. ¿Cuántas muertes más se necesitan para que la ONU, Human Rights Watch, UNICEF y otras asociaciones entiendan la gravedad de la crisis humanitaria que se vive en el país? Los 43 de #Ayotzinapa, el #YaMeCanse y el #RenunciaEPN son un símbolo del hartazgo de los mexicanos, un hasta aquí al mal gobierno, a la corrupción, a la prepotencia, al autoritarismo, a la soberbia, a la injusticia social.
Por eso lo que hizo Adán tiene mérito, porque es un grito desesperado ante una situación desesperada. Hace 200 años, la encomienda de ese grito desesperado ante un mal gobierno era salir a matar gachupines. Hoy, más civilizados, más globalizados, las formas de protesta son otras, aunque el sentimiento sea similar.
El ciudadano que llegó al extremo de realizar esta desesperada manifestación pública no fue un palestino, no fue un sirio, no fue un afgano, no fue un egipcio, no fue un ucraniano, no fue un turco... "Por favor #Malala, no te olvides de México"... Porque hoy eres embajadora mundial de la paz y de los derechos humanos. Algo que en México, hace mucha falta.
No hay comentarios:
Publicar un comentario