“Si la pelota no hubiera ido a
donde estaba el portero, hubiera sido gol”
Raúl Orvañanos
“¡Suya, suya, suya, suya, la dejó
iiiiiiiiirrrr.......!”
Enrique Bermúdez de la Serna
Hace unos días escuché a
un locutor de radio apelando a la dignidad de su profesión para diferenciar entre
lo que significa ser un verdadero Locutor de Radio (con “L” mayúscula) y ser un
simple “presenta-canciones”. Mientras que un Locutor no sólo cimienta y
distribuye ideas sino que construye un ambiente sonoro con su voz, con su
personalidad, con su cultura y hasta con su sentido del humor, un presentador
de canciones sólo está para llenar el silencio entre melodía-comercial-melodía.
Lamentablemente, la radio
mexicana está llena de este último grupo de personajes, quienes más que generar
contenidos atractivos y dar un valor agregado a su labor, se sientan en la ignominiosa
palestra de los canales musicales para ganar dinero y fama mientras presentan
contenidos burdos, que de repetitivos se vuelven populares a falta de una
cartera más amplia de opciones, no por una carencia de creaciones musicales
innovadoras, sino por la falta de interés o de flujos económicos que respalden
a las mismas.
Este mismo principio puede
trasladarse a la arena del periodismo deportivo en nuestro país, y en
específico en el fútbol. No es lo mismo ser un simple “narrador de partidos”
que un Cronista Deportivo (con “C” mayúscula). Mientras que el medio está lleno
de narradores que siguen una escuela instaurada por merolicos de la narración quienes compiten por ver quien grita más
fuerte y con eslóganes más vacíos pero atractivos para capturar la atención de más
gente, son pocos los narradores que han buscado preservar la idea de que un partido
de fútbol, más que la narración de la ininterrumpida secuencia visual, es una
oportunidad para generar un contenido adicional que no sólo guíe al
telespectador, sino que instruya, concientice y genere crítica por parte del
aficionado, aparte de, en el mejor de los casos, entretener.
A quienes crecimos en los
noventa, aún podemos recordar las transmisiones de altos decibeles pero poco
profundas de Raúl Orvañanos y Enrique “el perro” Bermúdez, siendo éste último
un ícono que quiso dar continuidad a la ruidosa y cautivante escuela de Ángel
Fernández, narradores que siempre buscaron impactar a las audiencias con el
ruido alto y las bromas baratas, poniendo apodos a los futbolistas y tratando
de hacer cada vez más largos sus gritos de gol cual si fuera el concurso de
maullidos de del Gato GC.
Por su parte, la
alternativa a esta corriente siempre se encontró con narradores más mesurados
como Juan Dosal, Jorge “el Che” Ventura, José Ramón Fernández y Emilio Fernando
Alonso, quienes a pesar de su vasto conocimiento deportivo que en ocasiones cautivaba
a los más entendidos en materia deportiva por su análisis crítico y sus perlas
de conocimiento, siempre escatimó demasiado en el tema del entretenimiento, ya
que escucharlos era como asistir a una clase de periodismo en vivo en la que el
espectáculo pasaba a segundo término. Encontrar un momento cómico en sus
narraciones era lo mismo que encontrar una papa Curly en una orden de papas a
la francesa.
Quizá el primer narrador
del que tengo memoria que logró combinar un estilo desencajado con sabiduría,
filosofía, datos técnicos y que a la vez transmitía buena vibra fue el Cronista
de atletismo y fútbol americano José Roberto “Pepe” Espinoza (QEPD), quien daba
a cada una de sus intervenciones un toque de humor fino mezclado con crítica y
conocimiento de causa. Destacable en este sentido el trabajo de Antonio de
Valdés, Enrique Burak, Pepe Segarra (Sony Alarcón y Pedro “el Mago” Septién
para quienes los recuerden), quienes de igual forma daban (y algunos siguen
dando) un ambiente especial a sus transmisiones deportivas. Curiosamente, estas
joyas del periodismo deportivo no narraban ni narran fútbol a pesar de los
intentos de Televisa por incluir a Toño de Valdés en las previas de los
partidos moleros de la selección. Por
algo será.
Y es que, por ejemplo, no
cualquiera entiende el fútbol americano, por lo que en el afán de
simplificarlo, en la actualidad la gente de TV Azteca que transmite la NFL ha
decidido copiar el modelo decibélico del “perro” Bermúdez al presentar durante
tres horas sólo las anotaciones y los golpes más ¡Brutales! (así, con mayúscula y con signos de admiración) de la
jornada. Sin duda, una fórmula que gana adeptos y genera expectación entre los NO
aficionados, convirtiéndose en oro televisivo para las burdas masas que se
acercan y consumen al fútbol americano de la misma forma que verían un programa
de Laura en América.
Cuán triste estaría Pepe
Espinoza de ver en lo que su patiño Enrique Garay ha convertido el espacio de
fútbol americano del canal 7 en estos días. Una transmisión no secuencial de
tres horas en donde las palabras más utilizadas son “¡Bajan!” y “¡Tómala papá!”
mientras se llenan los espacios visuales con el cosificado cuerpo de Inés Sáinz
y otras modelos que los comentaristas no escatiman en exhibir libidinosamente.
El fútbol americano en TV Azteca ya no es digno de verse para alguien que
entiende y quiere al deporte.
Volviendo a la No. 5, el fútbol
es un deporte aparte y es que su afición es variada por la naturaleza
simplística de su esencia. “Qué flojera aprenderse eso del “holding”; además, me
hablan en inglés todo el tiempo, ni le entiendo, mejor vamos a ver la peli del
5”. “El básquetbol lo cortan a cada ratito, hay como mil comerciales, además de
que hay como trescientos cincuenta mil puntos en cada partido. ¡Así uno ni se
emociona!”. “¿Y esos panzones del beis qué? Aburre sentarse tres horas a ver
quién le pega a la pelotita... A ver a qué horas tira el pitcher luego de las
veinte señales que le mandan. Además, el mexicano sale una vez cada tres
entradas, ¿así que chiste?”. Y el Hockey... (Entra sonido de grillos). “Pásasela
al Cuau... ¡¡¡AL CUAUUUUU!!!” Qué mejor forma de entender al aficionado
mexicano promedio del fútbol.
En este contexto de la
historia del cronismo y la narración deportiva, entran un par de figuras que en
la actualidad se han convertido en líderes de opinión en temas de fútbol en
tanto que han logrado combinar de una forma casi caricaturesca un humor dirigido
a millenials con la sapiencia
periodística, analítica y crítica del deporte, haciendo que la voz autorizada
de alguien que entiende de estos temas llegue tanto a viejas como a nuevas
generaciones de aficionados ávidos de ser más partícipes que espectadores del
deporte.
Cristian Martinoli y Luis “El
Doctor” García han conseguido que su estilo se imponga en la percepción general
del público ante las planas y oficialistas narraciones de Televisa. Con un
estilo propio al que han denominado como el “Payasismo Deportivo” mediante el
cual utilizan un sentido del humor sarcástico y hasta negro, mezclado con crítica
tanto institucional como sociológica, los narradores insignia de TV Azteca
transgreden las normas de lo “políticamente correcto” para generar opiniones y
controversia en temas que van contra el estatus quo, que la gente conoce, pero
que pocos tienen poder de injerencia para expresar. En otras palabras, se han
convertido en la “voz del pueblo”, de un pueblo consciente al que no le gustan
los manejos que se hacen con determinados productos mediáticos, señalando
puntualmente y con vehemencia lo que es incorrecto, con conocimiento de causa
desde dentro, pero haciendo ver el sentimiento que se percibe desde fuera.
Luis García siempre fue
tildado como inculto durante su época de futbolista. Recuerdo que en mi
infancia el “niño artillero” era el ejemplo que nos ponían ante la disyuntiva
de “¿quieres estudiar o quieres ser futbolista?”. “Creo que ese ni terminó la
secundaria, ¡y míralo!” solía escuchar comúnmente por la calle. Su clara
antítesis era Hugo Sánchez, universitario quien terminó la carrera de
odontología y que era el ejemplo con sus anuncios de Colgate de la posibilidad de
ser exitoso en los estudios y en el fútbol. Sin embargo, las medias vueltas fulminantes
del Doctor y sus dos goles contra Irlanda siempre le dieron bastante crédito en
la cancha.
Con el tiempo, tras su
etapa como futbolista, Luis García empezó a casarse y a divorciarse con la
misma frecuencia, a la vez que intentó ser directivo, fue acusado de violencia
doméstica tras su matrimonio con reconocida actriz de telenovelas y películas,
y luego de un corto andar fuera de las pantallas, regresó a formar parte del
grupo de analistas de TV Azteca con José Ramón Fernández, en donde comenzó a
hacer pareja con Cristian Martionli, iniciando así un estilo desenfadado y que
fue cambiando la percepción de Luis, de ser un tipo inculto y golpeador de
mujeres, a un personaje con un amplio vocabulario y conocimiento del juego que
además sabía utilizar un sarcasmo a la vez fino y contundente para señalar los
defectos y las virtudes de lo que pasaba en el terreno de juego.
Ante las limitantes propias
del lenguaje televisivo, la pareja García y Martinoli encontró en la radio la
forma de expandir las perlas de gracia que tiraban en la televisión. Junto con
una serie de especialistas en otros deportes que utilizaban el mismo lenguaje
sarcástico y desenfadado, se crearon los programas “En Pelotas” y “Tiro Libre”,
en los cuales Luis García narraba sus andanzas fuera de la cancha durante su
época como futbolista, incluyendo desde lo que se decían los jugadores dentro de
la cancha pero que nadie sabía, así como detalles íntimos del vestidor, hasta sus
borracheras y sus episodios sexuales en Madrid.
Por su parte, Martinoli
utilizaba el micrófono para narrar sus propias experiencias y las cosas de las
que se enteró desde su etapa como reportero hasta la actualidad, dándole mucha bola
a Luis para que el diálogo se volviera fluido, como una plática de amigos entre
coñac y tequila, abriendo incluso una sección llamada “El Diván” en donde el
doctor atendía llamadas de la audiencia para resolver sus problemas, pero sobre
todo, siempre hablando en algún momento de temas de actualidad donde ambos utilizaban
el medio para ahondar en las problemáticas actuales de equipos de fútbol,
jugadores, directivos y hasta la selección nacional.
Con el tiempo, Luis García
empezó a utilizar las redes sociales, especialmente Twitter para decir lo que
le viniera en gana y de inmediato su popularidad explotó exponencialmente.
Martinoli, reacio a entrar en el mundo de las redes sociales, encontró un
contrato con Innovasport con el que finalmente accedió a empezar en Twitter y
de igual forma, su acercamiento con las masas se hizo aún más profundo. El “Payasismo
Deportivo” encontró un modo más de replicarse y difundirse, pero la crítica
nunca se esfumó, sino al contrario, se hizo más aguda y mordaz.
Mientras Luis García se encargaba
de criticar ferozmente y con puntualidad los temas cancha, ahondando en la
crítica hacia el trabajo puntual de los directivos, Martinoli empezó a expandir
sus ya de por sí divertidas narraciones a una crítica más específica hacia las
actitudes de jugadores, cuerpo técnico y directivos. Sin querer, Cristian se
convirtió en el juez moral del fútbol en la era digital. Que si Vela es un
cínico porque se ríe cuando las falla, que si el Chicharito es un desvergonzado
que no juega bien con la selección de México y sólo con el (entonces)
Manchester United, que si el Piojo Herrera no debería festejar un triunfo
contra Costa Rica como si hubiera ganado el mundial, que si los federativos
tenían miedo de tomar las decisiones adecuadas por priorizar el ingreso
económico, etc. La crítica de Martinoli, ya no era sólo sobre el rendimiento futbolístico
de un determinado equipo, sino sobre las actitudes que tomaban los involucrados
en el juego. Y eso es lo que se ha vuelto, con el tiempo, incómodo para muchos.
Hace algunos años, incluso
el Cruz Azul llegó a culpar a los comentaristas de TV Azteca por el mal
rendimiento del equipo, de la misma forma que hoy en día el cuerpo técnico de
la selección nacional, en particular Miguel Herrera y su hija, han llegado a
tomar actos de violencia tanto física como verbal en contra de Cristian Martinoli.
Se han herido susceptibilidades a un grado que trasciende la cancha o incluso
la vida privada de las personas por puntualizar un asunto meramente deportivo. Y
ante esto, muchos se han volcado en redes sociales a culpar tanto a Miguel
Herrera (en su mayoría) como al propio Cristian Martinoli, culpándolo por “hocicón”
o por “pasarse de la raya” con sus comentarios ante el mal accionar del equipo.
Sin embargo, las críticas deben tomarse de quien vienen, y en este caso,
Cristina Martionli no es un improvisado que llama al entrenador un “Barra Brava”
sin conocimiento de causa.
Y es aquí donde retomo mi
argumento inicial para puntualizar que lo que diferencia a Cristian Martinoli
de otros narradores, comentaristas y gente que opina sobre fútbol en México: se
trata de lo que diferencia a un “narra-partidos” de un Cronista deportivo (con
C mayúscula). Alguien que toma un micrófono y sabe crear más que describir.
Martinoli genera un valor agregado con su humor, su sátira, su lírica, sus
tonalidades de voz y su amplio léxico congruentemente agrupado para dibujar
ideas que se convierten en crítica ante el sistema, ante lo que se sabe que está
mal. Sabe articular lo que piensa, lo cual muchas veces se transforma en lo que
la mayoría ya piensa pero no sabe expresar, transgrediendo a la autoridad y
priorizando el aspecto lúdico que rodea a la pelota; un verdadero Nihilista de
la crónica deportiva.
En México nos gusta ser
jueces morales (aunque en muchos casos, aún sin tener esa autoridad moral), pero
Cristian se ha convertido en un juez apropiado porque sabe del tema y es un
personaje congruente entre su personalidad, su vida pública, su vida privada y lo
que representa como líder de opinión. Antes de abrir la boca, Cristian es un
periodista completo, con amplia experiencia en el negocio, con cultura
futbolística (basta leer sus joyas semanales en Récord) y con un espíritu
emprendedor que ha convertido la experiencia del fútbol televisado en un
espectáculo humorístico, divertido, pero a la vez con agudeza y profundidad
crítica que refleja lo que la sociedad percibe sobre el tema del fútbol en
particular.
Hoy, como ya es sabido,
Miguel Herrera, aún técnico de la selección nacional (y futuro desempleado),
agredió físicamente a Cristian Martinoli al golpearlo en la nuca mientras
estaba en la fila del aeropuerto de Filadelfia. Es la barbarie agrediendo a la
sapiencia. Así de primitivo es el fútbol mexicano. Miguel Herrera podría mañana
irse a las Bahamas (esperando que Movistar tenga cobertura por allá), nunca
regresar al país y se le recordará como un personaje folclórico y mal educado
como el Púas Olivares. Ese es su legado. Martinoli, seguirá generando
consciencia social entre los aficionados al fútbol y si algún día el estatus
quo llega a cambiar en nuestro país, el tiempo le dará la razón de muchas cosas
y se le recordará como un prócer del cambio que tanto se anhela en temas de
periodismo y de la cultura misma de nuestro país.









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