Ganar... ¿Como sea?
En México estamos
acostumbrados al autoengaño. Recuerdo en la preparatoria cuando mis compañeros
de grupo terminaban un examen, entregaban su prueba, salían del salón de clases
y a los pocos minutos comenzaban a gritar a los que aún se encontraban adentro “¡Ya,
no te engañes! ¡No sabes las respuestas, entrega tu examen en blanco y vámonos!”
Lamentablemente, en muchos casos los de afuera tenían razón. Aún cuando de
antemano alguien no sepa las respuestas o no se prepare debidamente para el
examen, nos sentimos obligados a utilizar cada segundo del tiempo tratando de
recordar alguna pista o esperando algún milagro que nos dé la puntería adecuada
para marcar la respuesta correcta. Incluso si llegamos por gracia divina a
pasar el examen, lo hacemos por suerte, no por conocimientos ni por
preparación.
Lo que le pasó a la
selección mexicana de fútbol en Recife contra Croacia y lo que ha generado en
el pueblo de México es exactamente lo mismo. Hoy los diarios de todo el mundo
hacen un gran espacio para hablar del partido de México, pero no por su
clasificación a octavos ni por su capacidad futbolística, sino por el meme que
se ha generado a raíz de los exacerbados (y si me permiten, ridículos) festejos
de su director técnico. Y esto tiene una explicación muy simple:
Seamos claros:
Futbolísticamente, a la selección mexicana de fútbol le faltan muchos argumentos:
Lo mejor del equipo es una sólida defensa encabezada por un portero que se
encuentra motivado y jugando a su máxima capacidad debido a que está buscando
contratarse en Europa, mientras que los defensores centrales son de calidad
probada en clubes del viejo continente. Los laterales son medianos y parece que
estar en una copa del mundo les ha restado en su convicción por ir al frente,
ya que ni Layún ni Aguilar han sido los baluartes generadores de peligro por
las bandas como lo hacen comúnmente en el América. En medio campo, Guardado,
Vázquez y Herrera han sido los más “peligrosos” del equipo a base de “llanerazos”
de larga distancia que en vez de emocionar atraen a la acechante sombra del “ya
merito”. Al frente, Oribe parece no estar en forma y Giovanni no se encuentra
aún después de haberse perdido en los fuera de juego que le marcaron ante
Camerún. El éxtasis del debut ha pasado y parece que lo volvimos a perder en el
camino. No hay tanta conexión entre líneas como se requiere para un equipo con
aspiraciones mayores. En particular, de medio campo hacia adelante la
estrategia es “el medio campo tira recio y los delanteros cachan el rebote
cuando el portero la escupa”. Estrategia de la cancha 8 de la Deportiva. Esto
es el mundial.
Breve repaso a los
partidos: si bien con dos goles robados, a Camerún se le ganó a duras penas por
un gol (de rebote). A Brasil se le sacó el empate, pero cuando tu portero se
convierte en la figura, significa que no fuiste el mejor equipo sobre la
cancha, sino muy por el contrario, te dominaron y tuviste que recurrir a la última
instancia para salvarte y rescatar el punto. Finalmente, ante Croacia, el primer
tiempo fue un desastre, aburrido; muchos dirán tenso, pero más bien fue mal jugado
por parte de ambos equipos. En el segundo tiempo, un gol a balón parado rompió
la estrategia, generando que los croatas se abrieran y de ahí la goleada. México,
definitivamente, no ha sido claramente superior a sus rivales. Se ha ganado bien,
y de ahí los festejos tan exaltantes a lo largo y ancho del país, pero este
resultadismo y la euforia exacerbada que se han generado a raíz de victorias
tan poco meritorias, dejan mucho que pensar.
Punto #1: Se
canoniza a Memo Ochoa por su actuación ante Brasil. Los memes más populares tienen
que ver con estandartes religiosos tomando la cara del guardameta de la
selección y editándola sobre el cuerpo de Jesucristo o de algún otro santo
católico. No se atribuye la victoria a sus capacidades, sino a intervención
divina, iluminatoria del ex-arquero americanista. Como sociedad, seguimos con
la mentalidad de buscar respuestas en entes mesiánicos, en héroes Prometéicos
antes que en trabajo y esfuerzo. Es el talento individual de una persona que
salió inspirada o con suerte a enfrentar determinada gesta lo que nos motiva,
otra Ana Gabriela Guevara, un garbanzo de a libra por encima de la coordinación
y el esfuerzo colectivo. Ojalá fuera un líder naciente con carácter para guiar
al equipo, pero no lo es; y mañana, cuando se equivoque de nuevo, se le
satanizará. Así es el pueblo y la afición mexicana.
Punto #2: A falta
de generación de juego colectivo, de ataque organizado y de elaboración de oportunidades,
contra Croacia el partido se desbalanceó gracias a la táctica fija y a la
experiencia de colocación de un capitán que todos daban por extinto hace cuatro
años y que revivió de la mano de su regreso al fútbol mexicano y al ahora
flamante bicampeón equipo Leonés. Atlistas y barcelonistas desempolvan su
soberbia, mientras que a las mujeres hasta les vuelve a parecer guapo el patéticamente
bautizado “Marqués de Cataluña”. Un gol, diez horas de repeticiones de su cabezazo
y de un momento a otro, Rafita se convierte en el George Clooney mexicano. Otro
ídolo de barro que a la hora buena, en los partidos importantes, ha fallado.
Cobi Jones lo sabe bien.
Punto #3: Llegamos
al momento importante. ¿Qué esconden los festejos de Miguel Herrera y del
Chicharito Hernández? La prensa mundial se ha volcado a destacar la manera tan
folclórica y pasional con que el técnico nacional celebra cada anotación de su
equipo. Al final de cuentas, somos latinoamericanos y a veces nos gana la
pasión en un momento tan importante como este. Sin embargo, la euforia tan
desmesurada con que el Piojo y el Chicharito celebraron sus goles tiene un
trasfondo que incomoda, del que nadie quiere hablar. Herrera sabe que su equipo
no está funcionando. Sabe que su trabajo y su capacidad como entrenador
deportivo son limitados y aunque la selección mexicana se encuentra en su mejor
momento futbolístico, apenas le ha alcanzado para ganarle a equipos medianos.
Cada vez que van
Persie anota un gol, festeja con gusto. Los colombianos han inventado y
ensayado un baile que realizan cada vez que consiguen una anotación. Observen a
cualquier jugador con altas capacidades y la mayoría (si no todos) celebran con
euforia, pero con mucha dignidad. Y lo hacen porque para ellos anotar es común,
conocen de sus capacidades y el que caiga un gol, aunque extraordinario por las
circunstancias, es motivo de felicidad, no de alivio. Que se entienda el matiz.
No se trata de pedir que se contengan las emociones, sino de saber qué es lo
que las genera.
Javier Hernández ha
tenido un año fatal con el United: sin jugar, fuera de ritmo, perdiendo
oportunidades dentro del área que otrora fueran sencillas para él, condenado a
hundirse en la banca ante un Oribe ligeramente en mejor estado físico y
emocional, cuando el Chicharito anotó el tercer gol ante Croacia, su festejo
fue como si hubiera ganado la copa, cuando en realidad, era la tercer patada a
un hombre yaciendo en el suelo. Tanto Herrera como Hernández hicieron catarsis
con sus respectivas celebraciones, pero no nos confundamos. Para ambos, el
partido fue como aquél estudiante de preparatoria que saca un seis fortuito
tras usar todo el tiempo de la prueba jugando al “de tín marín”. Cuando la
preparación no les alcanza, sacar el resultado como sea es motivo de fiesta por
evitar el sufrimiento de la derrota, más no por gozar el premio al éxito. Y
ellos lo saben, y por ello se desbordó su júbilo al obtener el resultado.
Lo que hay que
reflexionar no es lo que pase con ellos en lo personal. Qué bueno que hagan
catarsis y que liberen la presión. Sin embargo, como espectadores y como
sociedad, tenemos que ser cuidadosos con el mensaje que consumimos. Tuve la
fortuna de ver el partido rodeado de un griego, un lituano, una estadounidense,
una turca y varios suecos. Ninguno vio que el equipo mexicano fuera superior.
Por el contrario, el partido les pareció aburrido y mal jugado, al grado de
incluso considerar el cambiar el canal al Brasil contra Camerún.
Mientras tanto, los comentarios a nivel doméstico hablan de un “¡¡¡PARTIDAZO!!!”
del equipo mexicano. Tanto en los medios nacionales como en las redes sociales
se habla de un equipo fuerte, con personalidad, contundente, bien trabajado y
que ataca y defiende en conjunto. Se nos vende prácticamente como el “Chile Mecánico”
que va a exprimir la naranja y llegar a la final para ganarle a Brasil en el
Maracanazo Parte 2. Cuando la realidad los tire, el sentón les va a doler. Y lo
que más duele es que la gente aún se crea la farsa de que el equipo mexicano es
futbolísticamente digno, cuando la realidad es que, con pies, pero sin cabeza,
la meta ya se ha cumplido, las aspiraciones máximas se han satisfecho y los
boletos de vuelta a México están listos para ser adquiridos tras el partido
contra Holanda. Y Herrera lo sabe. Y el Chicharito lo sabe. Y la Santanera lo
sabe.
Celebremos cuando
haya que celebrar, cuando entendamos por qué celebramos y cuando el motivo sea
digno. De otra forma, caemos en un error. Muchos dirán que lo importante es
ganar: Sin embargo, si no ponemos un poquito de atención al “cómo se gana”, enfrentamos
un peligro muy fuerte como sociedad. Analoguemos: Consigues un aburrido y
monótono trabajo Godínez de 8 am a 7 pm, Lunes a Sábado. Tu traje apesta más
que la horrenda oficina gris donde trabajas con personal sin capacidad y sin
aspiraciones que sólo esperan, como tú, sacar la quincena. Tras 10 años de
trabajo, consigues un aumento de sueldo de 8 a 9 mil pesos mensuales, aún
cuando la canasta básica te la subieron de 150 a 500 pesos (no hablemos de
gasolina/pasaje y rentas). Mantienes a una pareja que sin carrera ni futuro se
dedica únicamente a cuidar a los niños y chismosear en el vecindario con su
comadre sobre las mismas nimiedades de hace 5 años. ¿Eres feliz? Para quien “pierde”
de esa forma todos los días de su vida, ganar es indispensable, en lo que sea y
como sea. Aún cuando el triunfo no sea suyo y cuando la victoria se logre sin
merecimientos más que por la suerte. Por ello se genera empatía ante un
triunfo, aún sin analizar cómo éste se generó. Y traspolándolo a la vida, en la
mentalidad del “como sea”, el siguiente paso es salir de tu situación "como sea", ganar dinero “como sea”, robando,
amedrentando, incluso matando. ¿Cómo se habrá generado tal popularidad entre
los grupos criminales en México? ¿Sí nos vamos entendiendo? “Vivir como sea”. “Morir
como sea”. ¿Esa es la sociedad que queremos?
Te dicen que se
habla de Herrera a nivel mundial, pero no te dicen que es la burla y la comidilla
de los periodistas. El Profe Piojo es la anécdota curiosa de la copa, la nota
al margen de lo futbolístico, de lo que realmente importa. No nos curemos en
salud. El sueño termina en Fortaleza el próximo domingo. Como siempre, con el
dolor de millones de mexicanos que por sexta vez consecutiva verán al equipo
nacional regresar con la cola entre las patas sin el quinto partido. Robben y van
Persie en etapas definitorias son letales. Ganarle a Holanda me hará creer en
un equipo en el que no creo desde la eliminación con Estados Unidos en 2002. La
confirmación de su eliminación será una raya más a un tigre de circo Hermanos
Vázquez como lo es el equipo mexicano. Sin embargo, eso no importa. Soñando, ojalá que
se haga un buen partido y que el reflejo del júbilo sea justificado por buen fútbol, por personalidad, por
liderazgo, por carácter; y que el “sí se puede” se transforme no en un grito de
“última instancia” y de “rogarle a la virgencita”, sino en una declaración de
independencia que invoque nuestro espíritu de luchar por lo que deseamos, de
exigir nuestros derechos, de sentirnos con el poder de no tolerar los abusos de
nadie y de tomar el control de nuestras vidas. Que la catarsis no quede en una
borrachera, sino que se transforme en un nuevo día, en un renacer para la
sociedad mexicana. ¿Es demasiado pedir? Claro que lo es. Pero por un lado se
tiene que comenzar. Y un deporte que genera tanto en nuestra sociedad puede
convertirse en el motor de lo que ni la política ni la economía han logrado
desatar. El deporte, al final del día, es una manifestación cultural, que mueve
voluntades, que impulsa sociedades. Hagamos que se manifieste y se canalice en
la forma práctica, en la forma correcta y que el siguiente ¡Viva México! que se
escuche no sea un grito de desesperanza, sino de un mejor mañana para nuestra vida, nuestra sociedad, nuestro país.





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