La Roja... ¿Andina o con Furia?
No es casualidad el ímpetu con el que Alexis Sánchez encara esta copa del mundo. Su salida de Barcelona a falta de opciones de juego por la presencia de dos monstruos como Messi y Neymar parece inminente, por lo que el atacante andino ha decidido jugársela exponiendo sus capacidades al 150% para que al momento de migrar, el destino sea satisfactorio.
Chile enfrenta esta copa con la dificultad máxima de estar en el mismo grupo que el campeón y el subcampeón de la última justa mundialista. Menudo dilema el que se le presenta a los dirigidos por Borghi, quienes entendieron la importancia de ganar el primer partido ante Australia a espera de que ibéricos y neerlandeses se lastimasen tanto como fuera posible para aprovechar cualquier resquicio y así poder colarse como caballo negro a la siguiente ronda. Y la situación se presentó.
La quinteta de anotaciones propinada por la versión 2014 de la Naranja Mecánica a la Furia Roja le abrió las puertas a andinos y australianos para competir y poder colarse a la ronda de 16. Un partido que en el papel se presentaba como un mero trámite cobró una relevancia adicional debido al escandaloso tropiezo del campeón. La moneda volvía a estar en el aire.
Y Borghi lo entendió así. Motivando a sus dirigidos y de la mano del ímpetu de un Alexis que a los diez minutos de juego reventó las redes oceánicas para poner a su equipo adelante en el marcador, La Roja andina empezó su ascenso. Dos minutos después de la anotación de Sánchez, Valdivia, jugador de Palmeiras y quien bien conoce los misterios de la Arena Pantanal, remató con colocación a la entrada del área para imponer condiciones con categoría antes de cumplirse el primer cuarto de hora. Chile exclama a los cuatro vientos que si bien una “Roja” ha de pasar a octavos, será la sudamericana.
Australia no encuentra el rumbo. Ni la brújula de James Cook parece poder ayudarles a descubrir la ruta a la meta de Bravo. Cual koalas semidormidos, los jugadores australianos parecían no haberse enterado aún que su debut en Brasil había comenzado. Aún cuando la copa se juega en el hemisferio austral, Chile está más cerca de casa que los socceroos, y se nota a leguas.
El partido podría haberse sentenciado desde mucho antes de no ser porque Tim Cahill, el máximo referente del fútbol australiano de los últimos diez años, se puso los guantes de box, y remedando a los kanguros saltarines de sus latitudes, se elevó por los aires para rematar un centro por la banda izquierda que terminó dentro de las redes, lo que despertó el espíritu y revivió las aspiraciones del único representante de Oceanía, aunque clasificada por la confederación asiática.
Segundo tiempo que transcurrió con vibrantes llegadas australianas que hicieron retumbar el área chilena una y otra vez. Tan cerca y tan lejos. La imbatibilidad del arco de Rojas persistió y ya hacia el final, apareció un chispazo de Jean Beausejour, el de la roja, no el que llegó al América a cobrar como figura y a jugar pura basura, sino el Jean que deja todo por la Roja, el Jean que emociona, el que cumple, el que hace vibrar con su poder en la pierna izquierda. 3-1 final para Chile.
Ahora se viene el partido definitivo. Los andinos apelarán al espíritu de San Martín, de O’Higgins, de Carrera, de las fuerzas de la Heras y los ejércitos de los Andes para la justa en que se volverán a enfrentar a las fuerzas realistas que parecen haberse quedado sin capitán, ni Rey, ni espíritu de lucha. Las tropas están formadas. Las armas, presentes. Alexis tratará de demostrar que Barcelona comete un error al dejarlo ir. No hay mejor marco para ello que el que se espera el próximo miércoles en Maracaná.
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