Y apareció el fútbol...
El mundial Brasil 2014 empieza a tomar forma, con una
Holanda que impresiona, una Francia que empieza a dar miedo, una Alemania que
promete, una España que decepciona, una Inglaterra que deprime y un Portugal
que da tristeza. Sin embargo, más allá de los eternos candidatos, incluyendo a
un Brasil y una Argentina que a pesar de su buen paso matemático no terminan de
convencer, varios equipos empiezan a sobresalir por su gallardía y el
atrevimiento con que en esta copa han salido a jugar contra pronóstico para
encarar de tú a tú a las malentendidas potencias y dar exhibiciones dignas de ser
versadas.
Un mundial jugado en el cono sur debe tener por fuerza el
protagonismo de las selecciones que se sienten en casa. Arropados por un
público que se ha congregado por millares en las arenas amazónicas, los
sudamericanos empiezan a despuntar dando extraordinarias exhibiciones que
confirman en esta segunda ronda de juegos lo que ya empezaban a demostrar en
sus primeros pasos.
La selección Chilena, con orden y contundencia más que con
buen fútbol, ha logrado vencer a
australianos y españoles para clasificarse aún sin jugar el tercer partido a la
ronda de octavos. Impresionante sería la gesta si habláramos de una mejor
versión de la furia y de un equipo australiano mejor trabajado, pero la
realidad es que entre la decadencia y cierre de ciclo de ambos conjuntos que
llegan a Brasil en el ocaso de sus máximas figuras de los últimos años, el
potencial de Chile aún está por demostrarse. Caminarán a octavos sin exigirse al
máximo ante los holandeses, a espera de enfrentar un mayor reto en la fase a eliminación directa.
Colombia, en un grupo sin muchas complicaciones, venció en
la primera jornada con contundencia a una escuadra griega que sólo está en
Brasil porqué en la repesca europea le tocó contra Rumania, mientras que en su
segundo partido la mejora fue notable, venciendo a un equipo de Costa de Marfil
que se presentó como una dura prueba ante los cafetaleros, quienes lograron
sortearla a pesar de una genialidad de Gervinho y el empuje del capitán
elefante Drogba hacia el final del encuentro. Los marfileños, como muchos otros
equipos africanos, aún se muestran endebles en defensa y siguen pagando la
inexperiencia de sus zagueros, a pesar del poderío ofensivo de mitad para
adelante. Cerrando contra Japón, quien mostró más entusiasmo que fútbol en el 0-0
ante los estoicos griegos que con diez hombres conservaron el cero hasta el
final, la escuadra colombiana se enfila a posicionarse como primer lugar de
grupo con miras a la ronda de 16.
Uruguay no ha despertado. La victoria charrúa ante los
ingleses es un espejismo. A pesar de la tremenda exhibición que nos regalaron
ambos equipos, los de la isla confirmaron su carencia de ideas al frente y el
desorden colectivo que dejará desempleado a Roy Hodgson al terminar el torneo
tras el ridículo que está haciendo el equipo de los tres gatos. Ante un equipo
sin convicción, la victoria de Uruguay debería analizarse como deslucida si no
fuera por la proeza realizada por Luis Suárez, el verdadero capitán charrúa, el
temperamental, el controversial, el tramposo, el que con sus desplantes y
tropelías se ha ganado el rencor del sus colegas, pero que le ha valido ganarse
el corazón de los aficionados por ser uno de esos futbolistas de época que
verdaderamente se atreve a ser diferente. Suspendido por insultos racistas en
la liga inglesa, expulsado del último mundial por embustero, por robarle la
gloria a Ghana en los tiempos extras con una mano que al final le valió a los
uruguayos para llegar hasta semis, el mismo Lucho que juega tres partidos, lo
suspenden siete y aún así llevó al Liverpool del ridículo abismo de temporadas
anteriores al brillante subcampeonato del presente año. Ese mismo Luis Suárez
ha levantado hoy la mano de nuevo, aguantando una lesión que aún lo aqueja para
reventar el arco de Hart en dos ocasiones, desquitando contra el arquero del
Manchester City el rencor de haber perdido la Premier en los últimos dos partidos contra
los Citizens. Suárez no está bien. Su gesto denota la lesión que aún le sesga
de estar al 100%, pero el corazón y la sangre lo empujan a estar al 150 para
salvar las naves celestes. No hay que poner a Uruguay como candidato serio al
torneo. El equipo no está listo. Sin embargo, Suárez es suficiente para
alegrarnos y agradecer que Uruguay esté en el mundial. El partido contra
Inglaterra valió todo.
Finalmente nos toca hablar de la sensación del torneo. Jugar
ante la historia es difícil. Sin embargo, si bien Uruguay no fue lo que
esperábamos en el primer partido, lo que Costa Rica ha hecho ante Italia es simplemente
épico, glorioso, gozable. Ninguno de los 32 equipos que hoy juegan en Brasil
venía con peores augurios que los ticos, quienes cayeron en el sorteo en
el ya de por sí denominado “Grupo de la muerte” que reunía a la multicampeona y
siempre protagonista Italia, junto con los renacientes charrúas y los
consistentes ingleses cuya liga es quizá la más poderosa del orbe futbolístico. Ante estos
rivales, los costarricenses parecían destinados a regresar temprano a casa con
la alegría de haber participado en tierras amazónicas y la experiencia de haber enfrentado a tres escuadras mayores. Nada más lejano de la realidad. Hoy, Costa Rica borró a los italianos.
No fue un partido en que la casualidad le diera el triunfo a los pupilos de
Jorge Luis Pinto. Los ticos atacaron con convicción y defendieron con sapiencia.
Una vez más, los árbitros no marcaron un penal a favor de la escuadra “débil”,
pero eso no importó. Costa Rica nos demostró cómo se juegan estos partidos, dando
la estocada letal en el momento adecuado y durmiendo el partido de la manera y
en los momentos exactos. El agonizante gol de Bryan Ruiz fue un reflejo del
partido, en el que el triunfo se decidió por un suspiro, mismo que cayó en
favor de los centroamericanos. Hoy Costa Rica está clasificado como primero del
sector, dejando fuera a los ingleses aún sin haber jugado contra ellos, y
poniendo en aprietos a italianos y uruguayos, quienes deberán definir en el
último partido el segundo boleto del sector a la ronda de octavos. Costa Rica,
disfrutando la Pura Vida, los espera del otro lado.
Finalmente, más allá de hablar de la magistral exhibición de
Francia que a pesar del 5-2 se dio el lujo de fallar un penal, errar un tiro
a bocajarro con la portería abierta y dejar pasar un gol de último minuto que
no valió, o del apretado partido entre hondureños y ecuatorianos que pelearon
hasta el final, donde un Valencia inspirado se convirtió en el héroe
ecuatoriano al dar la voltereta ante los catrachos, las últimas líneas estarán
dedicadas a la decepcionante Argentina y a la heroica escuadra iraní, la cual
exigió al máximo a los albicelestes quienes nuevamente tuvieron que recurrir a un
acto de magia del ilusionista pampero.
Irán fue el mejor equipo de los dos que se presentaron en el Mineirao de Belo Horizonte. Durante 90 minutos, los
persas hicieron olvidar las diferencias culturales y salariales y nos demostraron el por qué
están en esta copa del mundo. Romero se vio exigido en todo momento por una
delantera iraní que intentó por todos lados horadar la cabaña albiceleste. Las
hordas de Xerxes y el espíritu de la dinastía aqueménida inculcaron la garra
que necesitaba el talento de los futbolistas iraníes para dar una batalla épica ante un
equipo argentino que aún es más de nombres que de hombres. En Argentina nadie
toma la responsabilidad. Ni Agüero, ni Di María, ni Higuaín, todos parecen
cansados y con más ganas de tomar un camión hacia La Plata que de seguir
explorando la amazonia veraniega. Los persas pusieron en jaque a los
argentinos; sin embargo, el líder de la batalla, el talentoso, el virtuoso, el
mágico y omnipresente Messi tuvo que aparecer, cual Alejandro Magno, sacando la
espada para dar el sablazo mortal a las tropas de Darío, así Lio, en solitario,
tomando la única pelota que le cayó a modo, pasando el minuto 90, dio el golpe
mortal a los persas, dejándolos sembrados en el terreno de juego, con el
lamento de no conseguir ni un punto, pero con el consuelo de haber demostrado
que su armada no desmerece y que Argentina es vulnerable. Sólo que hoy,
Argentina contó con su Alejandro. Habrá que ver si en el
desarrollo del torneo, las tropas alejandrinas siguen a su líder a conquistar
las indias o si, dejándole una vez más sólo, se olvidan de tomar la gloría
inmortal que les parecería pertenecer.
Más allá del folclore que representa el mundial como evento
cultural, parece que el fútbol ha aparecido en la amazonia. Las emociones emergieron
y prometen quedarse por el resto de la copa. Brasil 2014 parece ir más allá del
resultadismo y los equipos se muestran generosos, dispuestos a dar espectáculo
sin especular en extremo. Se van los que deben irse y que queden los que
quieran ganar, los que aún sueñen, los que aún deseen, los que con fuerza
invoquen a los dioses del fútbol para lograr la gloria eterna. Los grandes que
hoy se despiden, podrán ganar decenas de copas locales, pero nunca entenderán
lo que es la pasión de ser una leyenda mundialista. Gracias Suárez. Gracias
Messi. Gracias Benzema. Gracias Gervinho. Gracias Bryan. Gracias Ochoa. Que siga
el fútbol.
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