Pura vida...
La mayoría de las notas sobre el partido entre uruguayos y ticos se centra en lo que dejó de hacer el equipo de Tabárez o en la desafortunada lesión de Luis Suárez que en definitiva pudo mermar el ánimo de los celestes al quedarse sin la mayor figura del equipo, el jugador más talentoso y “carismático” (a su forma de ser) del plantel para este mundial.
No creemos mitos. Costa Rica fue el mejor equipo de los dos que se plantaron la tarde del sábado en el estadio Castelao. A pesar de la anotación en la primera mitad de Cavani, quien ejecutó a la perfección un penal dudoso (como la mayoría en lo que llevamos de mundial), fue la escuadra Tica la que perseveró, la que se atrevió a soñar, a romper esquemas, maldiciones y pronósticos ante un Uruguay que ya se hacía campeón del mundo desde las eliminatorias, soñando con el Maracanazo parte 2.
Gran decepción y amargo sabor el que nos ha dejado una escuadra que tras su brillante mundial hace cuatro años, parecía encontrarse en su momento cúspide para aspirar a cosas grandes tan cerca de casa. Pero Costa Rica, sin nada que perder al habérsele colocado como presa fácil en el “Grupo de la Muerte”, se inventó otro guión, uno diseñado por Jorge Luis Pinto en el que el héroe, el clímax y el desenlace nada tenían que ver con aquél diseñado por cualesquier casa de apuestas a nivel mundial.
Presupuestado estaba que Uruguay se fuera con la ventaja al medio tiempo. Sin embargo, tras diez minutos de especulación en la segunda mitad, un tal Campbell, que nos cuentan que fue contratado por el Arsenal de Wegner, ese que descubre talentos en las rocas y los transforma en diamantes futbolísticos, remató con la violencia y el corazón que se requiere en un mundial un balón dentro del área charrúa para empezar a dar forma a una remontada histórica para el fútbol costarricense. Desde un país en el que parece que no pasa nada, once ticos en la cancha hicieron que pasara de todo.
Tras la igualdad, de inmediato Costa Rica aprovechó el momento psicológico ante un Uruguay desconcertado. El brillante vuelo de Oscar Duarte para consumar la voltereta fue el knock out que sentenció el juego. Uruguay jamás se pudo recuperar. Frío, apático, sin talento, sin ideas, sin chispa. Un equipo con muchos nombres pero sin picardía y sin corazón vio pasar los minutos hasta que en un pelotazo, Ureña marcó el tercer tanto tico cruzando en la salida a Muslera para decretar el 3-1 final.
Histórico resultado para Costa Rica, equipo para el cual el panorama sigue pintando gris al tener enfrente a ingleses e italianos en la agenda, pero que al menos ya podrán regresar a casa con un éxito qué contar. Aunque “en una de esas”, los ticos podrían seguir dando de qué hablar. Esperemos a ver si ante un rival más serio y con mayor trabajo, el corazón y su fútbol práctico les vuelve a alcanzar. De Uruguay, no vale la pena seguir hablando. Ojalá hablen en próximos días en la cancha para que nos infundan el deseo de volver a hablar de ellos en la tinta. Felicidades Costa Rica y gracias por retomar el cliché de la inexistencia de "Rivales pequeños". Hoy, los ticos se graduaron en el ambiente futbolístico. Que su crecimiento siga hacia el cielo.
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